Cordiales saludos, amiga, amigo oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Juan. En esta oportunidad vamos a considerar el mandamiento de amarnos los unos a los otros, de la misma manera que el Señor Jesús nos ama a nosotros, al punto de considerarnos como sus amigos.

Abramos nuestras Biblias en Juan 15:12-17. Luego de la maravillosa enseñanza a partir de la parábola de la vid y los pámpanos, el Señor Jesús va a mostrar que una parte del fruto que producen los creyentes como resultado de permanecer en Cristo, es amarse los unos a los otros. Lo primero que vamos a notar es el mandamiento a amarse los unos a los otros. Juan 15:12 dice: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros,(A) como yo os he amado.
Hablando a los once apóstoles, y luego de manifestarles la necesidad de que permanezcan en él para manifestar fruto, así como los pámpanos que permanecen en la vida manifiestan fruto, el Señor Jesús les entrega un mandamiento. Que os améis unos a otros, como el Señor Jesús les ha amado. Mucho se puede decir sobre este mandamiento. Por un lado, cuando el Señor Jesús habla de amar, no se está refiriendo a una emoción sino a una acción. El amor del que habla el Señor Jesús es acción de sacrificio en beneficio de la persona amada, con el ingrediente que la persona amada no merece ser amada y además no está en capacidad de retribuir de alguna manera por ser amada. En otras palabras, no es amor por interés. Este es el tipo de amor el cual está hablando el Señor Jesús. Observe por otro lado que se trata de un mandamiento, esto no es una opción para el creyente. Si no lo está haciendo el creyente está en desobediencia. Este mandamiento apela a la voluntad del creyente, lo cual denota que el creyente decide si va a amar o no va a amar. No es cuestión de emociones sino de voluntad. Además es importante reconocer que este mandamiento no es sólo para algunos creyentes sino para todos. A este respecto, no hay los que aman y los que son amados, porque cada creyente tiene que amar y ser amado. En esto consiste la expresión: Unos a otros. Por último en este mandato, la calidad de amor es como el Señor nos ha amado. El Señor nos amó a pesar de que éramos enemigos de él. El Señor nos amó a pesar de nuestro pecado. El Señor nos amó sin esperar nada a cambio. El Señor Jesús nos amó al punto de ofrecer su vida por nosotros. Todo esto en cuanto al mandato de amarnos unos a otros. En segundo lugar tenemos el modelo de amarnos unos a otros. Juan 15:13 dice: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Las normas de Dios son siempre las más altas. El amor de los unos a los otros que el Señor ordena a sus discípulos es de tal magnitud que está dispuesto a poner la vida por sus amigos. La vida es el bien más preciado de todo ser humano. Esto es lo que los creyentes debemos poner por nuestros amigos. Poner la vida por los amigos no necesariamente significa morir por los amigos, aunque esto podría ocurrir. Poner la vida por nuestros amigos significa poner lo más precioso que tenemos, la vida, por debajo de los intereses de los amigos. En otras palabras, privilegiar los intereses de los amigos por encima de nuestros propios intereses. Esto es lo que motiva a los misioneros a dejar la comodidad de vivir en su propio país para establecerse en lugares, a veces remotos, con la finalidad de servir al Señor por medio de servir a personas a quienes no conocen y quines no pueden retribuir por el servicio que se les presta. Son personas que no escatiman nada, inclusive su propia vida con tal de manifestar el amor de Dios al pecador. En tercer lugar tenemos el resultado de amarnos los unos a los otros. Juan 15:14 dice: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
El Señor Jesús habló del tipo de amor que está dispuesto a poner su vida por sus amigos. ¿Quiénes son los amigos? Este versículo contesta esta pregunta. Los amigos del Señor Jesús eran sus discípulos. ¿Cómo llegaron a ser amigos del Señor Jesús? Pues por medio de cumplir con que él mandaba, en otras palabras por medio de amarse los unos a los otros, al punto de poner la vida por sus amigos. Esto no está hablando de cómo una persona llega a ser creyente. La persona llega a ser creyente por medio de recibir a Cristo como Salvador, pero para ser amiga del Señor Jesús, esta persona necesita obedecer lo que el Señor Jesús manda. Esto concuerda con lo que dice Juan 15:15 donde leemos: Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
El Señor Jesús está mostrando la diferencia entre los siervos y los amigos. Los siervos están simplemente para llevar a cabo lo que ordena su amo, pero los amigos son las personas de confianza del amo. La mayoría de nosotros tenemos muchos conocidos, pero pocos amigos. La palabra que se ha traducido como amigo, significa uno que está dentro del círculo de personas de confianza de un rey o de un emperador. Los amigos del rey están cerca de él y conocen sus secretos, pero al mismo tiempo se someten a él y tienen que obedecer sus mandamientos. De manera que no existe conflicto entre ser un amigo y un siervo del rey. Una perfecta ilustración de este hecho es el caso de Abraham, el amigo de Dios. Note lo que dice 2 Crónicas 20:7 Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu amigo(A) para siempre?
Aquí tenemos a Abraham como el amigo de Dios. Pero ahora note lo que dice Génesis 26:24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.
Aquí en cambio tenemos a Abraham como el siervo de Dios. Abraham fue tanto siervo de Dios como amigo de Dios. Como amigo de Dios, Dios compartió algunos de sus secretos con Abraham. Algo similar sucede entre los creyentes y el Señor Jesús. Todos los creyentes somos siervos del Señor Jesús, pero no todos los creyentes somos amigos del Señor Jesús. ¿Por qué? Pues porque no todos los creyentes están dispuestos a obedecer los mandatos del Señor Jesús. Por eso el Señor Jesús dijo: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. El Señor Jesús consideraba a sus discípulos como sus amigos y en consecuencia les hizo saber todas las cosas que había oído de su Padre. No había secreto entre el Señor Jesús y sus discípulos. Esto es genial amable oyente. Como resultado de obedecer lo que el Señor Jesús nos manda, llegamos a ser amigos del Señor Jesús y en consecuencia el Señor Jesús nos revela sus secretos, porque somos sus personas de confianza. Son tantos los creyentes que añoran tener una comunión más íntima con el Señor Jesús, pero jamás lo lograrán, a menos que obedezcan lo que manda el Señor Jesús, porque sólo de esta manera podemos llegar a ser sus amigos, o sus personas de confianza, con quienes el Señor Jesús comparte sus secretos. ¿Quiere ser amigo del Señor Jesús, amable oyente? Entonces tiene que obedecer sus mandatos. No existe otra manera. El Señor Jesús dijo a sus discípulos: Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. Tomar conciencia de cosas como estas que dice el Señor Jesús, nos pone en riesgo de que nuestro ego se hinche y nos volvamos jactanciosos. Por eso el Señor Jesús va a mostrar que nada de esto es por nuestro propio mérito. Note lo que dice Juan 15:16. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
Todo lo que Dios ha hecho con nosotros creyentes no es por algún mérito que pueda haber en nosotros. Todo fue por gracia. Nosotros no elegimos al Señor Jesús sino que el Señor Jesús nos eligió a nosotros. Ningún creyente es merecedor de esto. Los creyentes fuimos elegidos por el Señor Jesús para que vayamos y llevemos fruto. Esto de ir, significa que como parte de haber sido elegidos por el Señor Jesús tenemos el privilegio de ser los representantes o embajadores del Señor Jesús en este mundo. Lo único que el mundo puede llegar a conocer del Señor Jesús, es lo que los creyentes manifestamos del Señor Jesús mediante nuestra vida en este mundo. El fruto entonces en este caso tiene que ver con manifestar al Señor Jesús en el mundo. Aquí cabe por tanto una pregunta para la reflexión, amable oyente. Usted dice que es creyente. Mi pregunta sería: ¿Está manifestando el fruto de mostrar a Cristo en este mundo? La gente de este mundo ¿puede ver a Cristo en su vida? Gran responsabilidad para nosotros creyentes. El fruto de manifestar a Cristo en nuestra vida, es un fruto que permanece. La consecuencia de todo esto es que todo lo que pidamos al Padre en el nombre de Cristo, el Padre lo hará. Esto funciona de la siguiente manera. Cuando permanecemos en Cristo, podemos amar los unos a los otros, al punto de poner nuestra vida por nuestros amigos. De esta manera manifestaremos a Cristo en nuestra vida. Nuestra mente estará totalmente sintonizada con la mente de Cristo, de modo que todo lo que pidamos al Padre, será lo que Cristo también pediría, y esto garantiza que el Padre hará lo que le pidamos. El Señor Jesús termina esta parte de su enseñanza insistiendo sobre el mandamiento de amarnos unos a otros. Juan 15:17 dice: Esto os mando: Que os améis unos a otros.
El pasaje bíblico que estudiamos comenzó con este mismo mandamiento y termina con este mismo mandamiento. Esto da la medida de la importancia de este mandamiento.