Gracias por estar nuevamente con nosotros, es un privilegio contar con su sintonía, hoy continuaremos con el interesante tema que está desarrollando nuestro hermano David Logacho, “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”, tenga su Biblia a mano y acompáñenos a conocer que es lo que dios nos quiere decir acerca de esto.

Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada por medio del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico vimos como los 276 pasajeros de una embarcación alejandrina que estaba a la deriva por más de catorce días, en medio de una horrenda tormenta, lograron salvar milagrosamente la vida, gracias a la intervención divina. Entre los pasajeros estaba el apóstol Pablo, quien, en calidad de prisionero, estaba siendo llevado a Roma para comparecer ante Cesar. Lucas y Aristarco viajaban con él como acompañantes. Pablo y otros presos estaban custodiados por algunos soldados romanos al mando de un centurión llamado Julio. En el estudio bíblico de hoy, veremos los detalles de lo que sucedió una vez que llegaron a tierra. Si tiene una Biblia a la mano, le ruego que la abra en Hechos 28 del 1 al 10. Lo primero que notamos es el lugar del naufragio. Hechos 28:1 dice: Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.

Me imagino que una vez que recuperaron fuerzas se dieron modos para investigar el lugar geográfico donde estaban después del naufragio. Hechas las averiguaciones del caso, supieron que estaban en una isla y que esta isla se llamaba Malta. Inclusive en esto se aprecia la mano sobrenatural de Dios, por cuanto de antemano Pablo había dicho que era necesario que la nave alejandrina encalle en alguna isla, según Hechos 27:26. Se trataba de la isla de Malta, una pequeña isla de unos 27 Km. de largo por 15 Km. de ancho, a unos 96 Km. al sur de la gran isla de Sicilia. El nombre Malta significa “Refugio” Hoy en día existe una bahía en esta isla que tiene por nombre Bahía de San Pablo, donde se cree que Pablo tocó tierra después del naufragio. En segundo lugar tenemos el trato que los náufragos recibieron de los habitantes de la isla de Malta. Hechos 28:2 dice: Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío.

Cuando Lucas habla de los naturales, está usando la palabra griega “barbarós” palabra que en aquel tiempo se usaba para toda persona que hablaba un idioma extranjero. Se trataba entonces de la gente que habitaba originalmente en la isla de Malta. Estas personas fueron muy amables con los náufragos. Viendo que llovía y hacía frío, los habitantes de Malta prendieron fuego para calentarse y seguramente para preparar algún alimento caliente. La buena mano de Dios se había encargado de preparar de antemano a estas personas que no sabían nada de Dios para que traten bien a los siervos de Dios y ciertamente también a los demás náufragos. En tercer lugar tenemos el milagro que se operó en Pablo cuando fue mordido por una serpiente venenosa. Hechos 28:3-6 dice: Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.

Ante el fracaso de los llamados a mantener el orden en el barco a la deriva, Pablo se erigió como un efectivo líder en medio de la crisis. Gracias a él, y a Dios principalmente, ninguno de los 276 pasajeros perdió la vida. Pero esto no impidió que Pablo meta su mano en las tareas más sencillas como esto de buscar ramas secas para alimentar el fuego. Los líderes auténticos, en el sentido bíblico, son aquellos que sirven a los que están bajo su liderazgo. Fue justamente mientras recogía ramas secas, que una víbora venenosa, huyendo del calor, clavó sus colmillos en la mano de Pablo y quedó prendida a él. Cuando los habitantes de Malta vieron a la serpiente venenosa colgada de la mano de Pablo, descargando todo su mortífero veneno, llegaron a una conclusión muy lógica según ellos. Simplemente dijeron: Este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. Su sencillo modo de pensar les condujo a la conclusión que Pablo debe haber cometido algún crimen horrendo y como se salvó de morir ahogado, la justicia había entrado en acción para que muera mordido por la serpiente. Pablo simplemente acercó al fuego su mano con la víbora colgando de ella, la sacudió y la víbora se alejó de él. Tan sencillo como cuando uno ahuyenta a un mosquito que le está picando. Con los ojos bien abiertos, los habitantes de Malta estaban esperando que Pablo se hinche o que súbitamente caiga muerto. Así es como morían todos los que eran mordidos por esa clase de víbora. Pero por más que esperaron, nada malo ocurrió.

Asombrados por lo que jamás habían antes visto, los habitantes de Malta cambiaron su manera de pensar y llegaron a la conclusión que Pablo debe ser un dios. ¡Interesante! De villano pasó a dios, de un momento a otro. La ignorancia de las cosas espirituales puede llevar a errores de esta naturaleza. En cuarto lugar, tenemos el ministerio de Pablo en Malta. Hechos 28:7-10 dice: En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias.

Pablo y el resto de pasajeros tenían que permanecer forzosamente en la isla de Malta hasta que haya condiciones favorables para la navegación. Mientras tanto, no había embarcaciones ni llegando ni saliendo de Malta. Fue durante este tiempo de paciente espera cuando aconteció lo que nos relata Lucas. El hombre principal de la isla se llamaba Publio. Seguramente se trataba de la autoridad romana en la isla de Malta. Este hombre era propietario de algunos bienes raíces en la isla de malta, seguramente casas y terrenos. Además de tener autoridad y ser muy acaudalado, este hombre tenía un buen corazón, porque según el relato, hospedó solícitamente en su casa por tres días al menos a Pablo, Lucas, Aristarco y al centurión romano Julio. Publio se ocupó de vivienda, y comida para Pablo y la gente que estaba con él. Hasta donde se puede discernir, Publio ofreció hospedaje sin ningún interés de por medio, pero cuando alguien ofrece ayuda desinteresada es muy común que reciba algún tipo de recompensa, a veces inmediatamente, como fue el caso de Publio, o a veces tiempo más tarde, o si no en la eternidad. Sucede que en el caso de Publio, su padre estaba muy enfermo con fiebre y disentería. Esta enfermedad está muy relacionada con la poca salubridad de aquellos tiempos. Cuando Pablo supo de esta situación, no solamente quiso recompensar de alguna manera a Publio, sino que quiso que el nombre del Señor Jesucristo sea glorificado. Lucas registra que Pablo entró a la habitación donde el padre de Publio yacía en cama, oró por él, y después de haber orado, le impuso las manos e inmediatamente desapareció la fiebre y esa enfermedad infecciosa llamada disentería. En este hecho vemos en acción el genuino don de sanidad. El padre de Publio no tenía fe para ser sanado, tal vez ni remotamente esperó ser sanado, lo que obró fue el don de sanidad en Pablo, independientemente de la fe del padre de Publio. El padre de Publio era incrédulo. El resultado fue una sanidad total, instantánea y permanente. Esto es totalmente diferente de la manera que actúan los modernos supuestos sanadores, quienes hacen depender sus sanidades de la fe de la persona enferma y cuando fallan en otorgar la sanidad que con tanto alarde prometen, se auto justifican diciendo que la sanidad no ocurrió porque el enfermo no tenía fe para ser sanado. La noticia sobre el milagro de sanidad realizado por Pablo en el padre de Publio, se debe haber esparcido como hojas al viento en la pequeña isla de Malta.

Solo así se explica que la gente de la isla traía a sus enfermos a Pablo y todos eran sanados. Al menos por un breve tiempo, los médicos de la isla de Malta se quedaron sin pacientes. Así es como obra el genuino don de sanidad. Imagine si esto fuera así en tantos auto proclamados sanadores de hoy en día. Los gremios de médicos elevarían formal protesta contra la Iglesia por quedarse sin trabajo. En fin, el pasaje bíblico termina mostrando la generosidad de los habitantes de la isla de Malta. Lucas dice que Pablo y los suyos fueron honrados con muchas atenciones. Cuando llegó el momento de partir de la isla, Pablo y sus colaboradores tenían suficiente provisión de las cosas necesarias. En esto vemos en acción el principio de devolver con bendiciones materiales las bendiciones espirituales recibidas. Pablo dijo, según 1 Corintios 9:11 “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? En nuestro estudio bíblico próximo veremos como fue la partida de Pablo desde la isla de Malta. Espero su compañía.

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