Nuevamente llegamos hasta usted para compartir algo mas del interesante tema que estamos desarrollando “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo” en contados instantes David Logacho estará frente a este micrófono para seguir compartiendo con nosotros este estudio.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio del libro de Hechos en la serie: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. Dios movió las cosas de tal manera que el Apóstol Pablo tuvo la oportunidad de predicar el evangelio en el más distinguido foro de Atenas en su tiempo, en el famoso Areópago. En nuestro último estudio bíblico, dejamos a Pablo hablando acerca del Dios no conocido por los Atenienses, a quien adoraban a pesar de no conocerle. En nuestro último estudio bíblico, vimos que Pablo dejó en claro que ese Dios es grandioso pues es el Creador de todo lo que existe en el universo, y es el Amo o Señor de todo lo que ha creado, refutando la creencia de los epicúreos quienes aunque no negaban que Dios existe, sin embargo pensaban que Dios no tiene ingerencia en los asuntos de los hombres. También refutaba a los estoicos quienes eran panteístas, pensando que Dios es todo y todo es Dios. Pablo muestra que existe una marcada diferencia entre el Creador y lo creado. Pablo también dejó en claro que Dios es sustentador. Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. No es como pensaban los estoicos que el hombre es auto suficiente y no necesita de nada ni de nadie. Un Dios así no puede habitar en templos hechos por manos humanas ni ser honrado o servido por manos de hombres, como si necesitase de algo. En el estudio bíblico de hoy vamos a continuar examinando este grandioso mensaje de Pablo en el Areópago.
II. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 17 a partir del versículo 26. Permítame leer el pasaje bíblico entre los versículos 26 a 29. La Biblia dice: Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.
De una manera general, los dioses de los griegos eran seres distantes que no manifestaban ningún interés en los problemas y necesidades de los hombres. Pero el Dios de la creación también es el Dios de la historia y de la geografía. Fue Él quien hizo todo el linaje de los hombres, es decir a la humanidad entera, partiendo de un hombre, o de una sangre. Por eso todas las naciones están hechas de lo mismo y tienen la misma sangre. Los griegos pensaban que ellos eran una raza especial, diferente de todas las demás naciones, pero Pablo está refutando esta forma de pensar. Aún la preciosa tierra donde ellos vivían y la reverenciaban tanto, vino como un regalo de Dios. Era obra del gobierno de Dios, no del poder humano. Es Dios quien hace levantar y caer a las naciones a lo largo de la historia. Pero Dios no es una deidad distante. Ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros, dijo Pablo. Esta es la razón por la cual los hombres deberían buscarle, de cualquier manera, como tratando de palpar en la oscuridad para encontrar algo. En este punto, Pablo manifiesta su conocimiento de las letras griegas al citar textos del poeta griego de Creta Epiménides, un poeta estoico, quien dijo: Porque en él vivimos y nos movemos y somos. Luego añadió una cita de otro poeta estoico griego Erato de Cilicia, quien escribió: Porque linaje suyo somos. Pablo no está afirmando que toda la gente en el mundo son hijos espirituales de Dios, porque la única manera para que pecadores puedan llegar a ser hijos de Dios, es por medio de la fe en Jesucristo. En lugar de eso, Pablo está afirmando la paternidad de Dios, en un sentido natural, porque toda persona fue creada a imagen y semejanza de Él. Fue en este sentido que Adán fue hijo de Dios, tal cual como consta en Lucas 3:38. Todo esto que Pablo ha dicho le conduce a una conclusión lógica: Dios nos hizo a su imagen y semejanza, así que es absurdo que nosotros nos hagamos dioses a nuestra propia imagen. La religión griega no era otra cosa sino la fabricación y adoración de dioses que tenían la forma que les daban sus creadores y actuaban según como querían sus creadores. Es decir que Pablo ha desenmascarado lo absurdo de los templos y sus rituales y de la idolatría en general. Prosiguiendo con su mensaje, Pablo llega a la cúspide de su mensaje mostrando quien es ese Dios que los griegos adoraban sin conocerle. Es un Dios de gracia, nuestro Salvador. Permítame leer el texto en Hechos 17:30-31. La Biblia dice: Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.
Se nota que Pablo hace un resumen de las claras evidencias de la gracia de Dios. Por siglos, Dios fue paciente con el pecado y la ignorancia del hombre. Esto no implica que el hombre no sea culpable, sino que simplemente, por pura gracia, por ese favor no merecido hacia el hombre, Dios retardó la manifestación de su castigo divino. Más aún, en su debido tiempo, Dios envió al Salvador, y por eso ahora manda a todos los hombres, en todo lugar que se arrepientan de sus torcidos caminos. El Salvador, quien no es otro que el Señor Jesucristo, murió, pero fue levantado de entre los muertos, y algún día va a venir otra vez, esta vez como Juez, para juzgar al mundo con justicia. La prueba de que Jesucristo vendrá para juzgar al mundo con justicia es que él fue levantado de entre los muertos. Este es el clímax, la cima del mensaje de Pablo. Todo lo que edificó fue para sostener la verdad ineludible de que el hombre va a ser juzgado algún día por aquel varón, Jesucristo, quien murió y resucitó. Toca al hombre por tanto, arrepentirse de haberle ignorado a Dios, viviendo en el pecado, en la idolatría. A continuación veamos cuál fue la reacción del concilio en el Areópago. Hechos 17:32-34 dice: Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos. Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
La gota que colmó el vaso de los filósofos incrédulos fue la resurrección de los muertos. Para los griegos, el cuerpo no era sino una prisión pasajera. Mientras más pronto podían salir de esa prisión mejor para ellos, porque así disfrutarían de la inmortalidad. ¿Por qué pensar en la resurrección de un cuerpo muerto para volver allí? Además, ¿por qué Dios se va a molestar juzgando los asuntos de los hombres? Estas cosas eran definitivamente incompatibles con la filosofía griega. Ellos creían en la inmortalidad, no en la resurrección. Los oyentes del mensaje de Pablo manifestaron tres distintas reacciones a lo que acababan de oír. Hubo algunos que se reían y se mofaban y de ninguna manera tomaron en serio el mensaje de Pablo. Seguramente salieron de este mundo habiendo perdido su oportunidad de hallar salvación en Cristo. Otros manifestaron algún interés, y con amabilidad dijeron a Pablo: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. A lo mejor algunos eran sinceros y realmente querían saber más antes de tomar una decisión de recibir a Cristo, pero me temo mucho que la mayoría de estas personas, no estaban dispuestas a dejar atrás el estilo de vida al que tanto se habían acostumbrado y dejaron para ocuparse más tarde en los asuntos del espíritu. Tal vez algunos volvieron a oír más de la salvación por boca de Pablo o algún otro mensajero, pero la triste realidad es que un buen número de ellos deben haber sido sorprendidos por la muerte antes de tomar la decisión más importante de la vida, la decisión que significa la diferencia entre la vida eterna y la muerte eterna. Pero había un tercer grupo, no muchos, sino algunos. Ellos deben haber alegrado el corazón de Pablo. Cuando Pablo salió del Areópago, estos le siguieron y le informaron que habían recibido al Señor Jesucristo como su personal Salvador. En este grupo estaba un hombre llamado Dionisio un miembro del concilio, uno que participaba en el Areópago, una mujer llamada Dámaris y otros con ellos. Parece un resultado escaso, cuando se lo compara con lo que pasó en Filipos, Tesalónica y Berea, pero no debemos olvidar que una sola alma vale mucho para el Señor. Si Usted todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, ¿con qué grupo de los miembros del Areópago se identifica? ¿Con los que se burlan y se mofan? ¿Con los que dejan las cosas para más tarde? Recuerde que de todas maneras está en peligro de perder su alma. Por qué mejor no hace como Dionisio, Dámaris y algunos otros y de una vez por todas recibe a Cristo como Salvador y sella su destino eterno para siempre.