Gracias por su sintonía, amiga, amigo oyente. Bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy en el libro de Apocalipsis. Lo último que estudiamos en el libro de Apocalipsis tuvo que ver con el juicio del gran trono blanco. ¿Qué acontecerá después?

Antes de estudiar la primera parte del capítulo 21 de Apocalipsis, es necesario hacer un reconocimiento del terreno donde estamos. Al final del reino milenial de Cristo, Satanás será suelto de su prisión por un poco de tiempo. Tan pronto se vea en libertad, se embarcara en una revuelta contra Jesucristo y sus seguidores. Utilizando el engaño, Satanás arrastrará a mucha gente en esta loca empresa. De Dios descenderá fuego del cielo y consumirá a todos los rebeldes. Acto seguido, Satanás será lanzado al lago de fuego donde estaba el Anticristo y el falso profeta. Inmediatamente después, Juan verá un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, delante del cual huirán la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontrará para ellos. Luego Juan verá resucitar a todos los que han muerto en incredulidad durante toda la historia de la humanidad. Todos ellos se presentarán ante el que se sentaba en el gran trono blanco, para oír el fatídico veredicto: Al lago de fuego. Es en estas circunstancias que entra el capítulo 21 de Apocalipsis. Vamos a estudiar los primeros ocho versículos. Lo que tenemos aquí es lo que Juan vio, está en los versículos 1 y 2, luego lo que Juan oyó, está en los versículos 3 y 4 y finalmente lo que Juan escribió, está en los versículos 5 a 8. Vayamos a lo primero, lo que Juan vio. Apocalipsis 21:1-2 dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.” Recuerde amigo oyente que los cielos y la tierra que existen ahora han sido guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Esto es lo que dice 2 Pedro 3:7. Esto se cumplirá cuando venga el día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán. Así es como lo registra 2 Pedro 3:12. Por eso Juan dice que el primer cielo y la primera tierra pasaron. Ese será el fin de todo lo que por ahora llamamos cielos y tierra. ¿Qué sucederá después? Bueno, Juan vio un cielo nuevo y una tierra nueva. Habrá una nueva obra creativa de Dios. En el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento, existen dos palabras para decir que algo es nuevo. Kainós que significa algo nuevo en carácter y Neos que significa algo nuevo en tiempo. La palabra que el Nuevo Testamento utiliza al hablar de cielo nuevo y tierra nueva, es la palabra kainos, algo nuevo en carácter. Dios va a crear algo totalmente diferente a lo que conocemos. Juan dice que en esa nueva creación, el mar ya no existía más. Esto no significa que en la nueva creación no habrá agua. En la presente creación, casi las tres cuartas partes de la superficie del planeta están cubiertas por los océanos. En la nueva creación no será así. No se sabe con certeza, pero será algo totalmente diferente. Luego de mirar el cielo nuevo y la tierra nueva, Juan levanta la mirada y sus ojos contemplan un espectáculo maravilloso. Juan ve descender del cielo de Dios a la santa ciudad, la nueva Jerusalén. Es una ciudad esplendorosa. Juan la ve tan hermosa como una esposa ataviada para su marido. La nueva Jerusalén existía en algún lugar del firmamento, durante el reino milenial de Cristo, durante la destrucción de los impíos al final del milenio, durante la destrucción con fuego de la presente creación. Muchos piensan y yo me incluyo entre ellos, que la nueva Jerusalén será como un satélite geoestacionario suspendido sobre el planeta tierra. La nueva Jerusalén es la morada de Dios con los suyos. Note lo que dice Hebreos 12:22-24 sobre los moradores de la nueva Jerusalén: “sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” En esencia, amable oyente, la nueva Jerusalén es el cielo mismo, allí están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con los ángeles y con todos y cada uno de los salvos, no importa si son creyentes del Antiguo Testamento, o creyentes de la iglesia o creyentes de la tribulación o creyentes del mienio. Lo que Juan está viendo es la fusión de la nueva Jerusalén con el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios va a crear. Ya hemos considerado lo que Juan vio. En segundo lugar, consideremos lo que Juan oyó. Apocalipsis 21: 3-4 dice: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” La voz desde el cielo está dando a Juan una explicación de la nueva Jerusalén. Dice: Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Luego, la voz del cielo muestra las características de la nueva Jerusalén. Será un lugar de eterna felicidad. Dios mismo se encargará que no haya motivo alguno para derramar lágrimas. La muerte será desconocida. Los moradores vivirán por la eternidad. Se cumplirán las palabras de Pablo cuando en 1 Corintios 15:54-57 dijo: “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Todo será perfecto en la nueva Jerusalén, de modo que no habrá motivo para el llanto, el lamento y el dolor. Todo lo que antes existía ha dejado de existir. Hemos considerado ya lo que Juan vio y lo que Juan oyó. En tercer lugar consideremos lo que Juan escribió. Apocalipsis 21:5-8 dice: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” Dios mismo, quien se sienta en el trono en el cielo, toma la palabra para indicar que es Él quien hace nuevas todas las cosas. Es Él quien ha cumplido con su palabra de algún día restaurar todas las cosas. Satanás ha sido vencido y arrojado al lago de fuego. Igual el Anticristo y el falso profeta. También los demonios y todos los que han rechazado la oferta de salvación en Cristo. Los presentes cielo y tierra fueron destruidos con fuego y Dios creó nuevos cielos y nueva tierra. Todo será obra de Dios en cumplimiento de su infalible palabra. Acto seguido, Dios ordena a Juan escribir lo que Dios está por decir porque son palabras fieles y verdaderas. No puede ser de otra manera. La palabra de Dios es fiel, esto significa que es digna de confiar porque todo lo que dice se cumple. La palabra de Dios es verdadera, esto significa que comunica verdad. Juan se habrá dispuesto a escribir. La primera frase que debía escribir es: Hecho está. Es un grito de victoria de Dios. Es un grito de satisfacción de Dios. Es un grito de cumplimiento de Dios. Dios es el Alfa y la Omega. La primera y última letra del alfabeto griego. Él es todo. Él es el principio y el fin. Inmediatamente después, Dios hace una invitación a los que leen el libro de Apocalipsis. Juan registra esta invitación: Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. Esto significa que el que quiera ser salvo, porque reconoce su necesidad de salvación, y clama a Dios por ello, Dios le dará gratuitamente la vida eterna. Quien así lo haga será un vencedor y heredará todo lo que Dios tiene preparado para los suyos. Mas aun, la persona que acuda a Dios pidiendo salvación, confiando en Cristo como Salvador, Dios le hará su hijo. Más no se puede pedir, porque no hay más que pedir. En cambio, los que no reconocen su necesidad de salvación, los que están contentos en su pecado, los cobardes, los incrédulos, los despreciables, los asesinos, los que cometen inmoralidad sexual, los que practican brujería, los que adoran ídolos, los mentirosos, todos estos, están condenados al castigo eterno, lo cual es la muerte segunda. Significa pasar la eternidad en el lago que arde con fuego y azufre. Quiera Dios amable oyente, que Usted no milite en las filas de los que terminarán en el lago de fuego, sino que milite en las filas de los que hemos reconocido la necesidad de salvación y hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador.