Qué grato es estar nuevamente junto a Usted, amiga, amigo oyente. Damos gracias a Dios por la oportunidad de compartir con Usted las preciosas verdades de la palabra de Dios. Estamos en la serie titulada: Gálatas, la carta de emancipación de la iglesia. En esta ocasión, David Logacho compartirá con nosotros lo que la Biblia enseña acerca del fruto del Espíritu.

El pasaje bíblico para nuestro estudio de hoy, se encuentra en Gálatas 5:22-23. Dice así: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” El apóstol Pablo ha exhortado a los creyentes de Galacia y a todo creyente en general, a andar en el Espíritu, o a vivir controlados por el Espíritu Santo, como la única garantía para no satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa que todo creyente posee. Luego, el apóstol Pablo hace un contraste entre lo que resulta cuando un creyente se deja controlar de su naturaleza pecaminosa y lo que resulta cuando un creyente se deja controlar del Espíritu Santo. En nuestros estudios bíblicos últimos hemos estudiado que cuando un creyente se deja controlar de su naturaleza pecaminosa se pone en peligro de producir adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas. Ahora, por contraste, Pablo va a mostrar lo que resulta cuando un creyente se deja controlar, no por su naturaleza pecaminosa, sino por el Espíritu Santo. En el pasaje bíblico que ya hemos leído tenemos básicamente la descripción del fruto del Espíritu, y el beneficio del fruto del Espíritu. En cuanto a la descripción del fruto del Espíritu, el apóstol Pablo comienza diciendo: Mas el fruto del Espíritu es… Detengamos aquí por un momento. La conjunción adversativa, mas, sirve para hacer el contraste entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu. Lo uno es lo opuesto de lo otro. Son como la noche y el día. Además, cuando hablamos de obras, pensamos en esfuerzo, trabajo, cansancio, pero cuando hablamos de fruto pensamos en frescura, en algo apetecible, en algo que crece, en algo que trae satisfacción. Todo esto es lo que resulta del Espíritu Santo controlando la vida de un creyente. Interesante observar que al referirse al fruto del Espíritu, Pablo habla en número singular. No dice los frutos del Espíritu son… Esto significa que cuando el Espíritu Santo controla la vida de un creyente, en ese creyente se van a manifestar todas las características del fruto del Espíritu, no primero la una y después la otra, hasta el fin de la lista. Es como cuando alguien compra un auto. No le dan primero el motor, más tarde la batería, después los neumáticos, etc. Le dan todo de una vez. Igual es cuando un creyente se deja controlar del Espíritu Santo, recibe de una vez todo lo que es el fruto del Espíritu. Dicho esto, consideremos rápidamente cada una de las características del fruto del Espíritu. Primero está el amor. Varias palabras griegas se pueden traducir como amor. En este caso, la palabra significa el amor de Dios. Ese tipo de amor que se sacrifica por la persona amada, sin esperar nada a cambio. Este amor no es natural en el ser humano. Solo lo pueden manifestar aquellas personas que han nacido de nuevo al recibir a Cristo como Salvador. Este es el amor que motivó a Cristo Jesús a morir por Usted y por mí, a pesar de que éramos sus enemigos. Bien se ha dicho que lo que sostuvo a Cristo en aquella cruz no fueron los clavos que horadaron sus manos y sus pies sino el amor que tuvo para Usted y para mí. Si Cristo no hubiera hecho ese sacrificio por nosotros, jamás hubiéramos tenido la oportunidad de ser salvos. Cuando el Espíritu Santo controla la vida de un creyente, ese creyente manifestará este tipo de amor en su diario vivir. Será una capacidad de sacrificarse para beneficiar al prójimo aún a sabiendas que el prójimo no merece ser amado. Seguimos describiendo las características del fruto del Espíritu. En segundo lugar, el gozo. Se trata de contentamiento fundamentado en las inmutables promesas de Dios y en la confianza de que todo está bajo el control de Dios y que él sabe lo que está haciendo. Es un sentir de satisfacción con los tratos de Dios, sin importar cuales sean. El gozo es independiente de las circunstancias por las cuales atraviesa el creyente. En esto se diferencia el gozo de la felicidad. El gozo dice: estoy contento con cualquier forma que Dios me trate. La felicidad dice: estoy contento solamente cuando las cosas me salen bien, o cuando consigo lo que quiero. De otra manera estoy triste, desalentado y en ansiedad. Uno de los mejores ejemplos de un hombre que manifestó esta característica del fruto del Espíritu Santo es el mismo apóstol Pablo. Ponga atención a su testimonio en Filipenses 4:10-13 “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pero he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Otra característica del fruto del Espíritu Santo es la paz. La paz amable oyente es la tranquilidad que se anida en el alma cuando sabe que está segura en la mano de Dios. Al igual que el gozo, la paz es independiente de las circunstancias. El creyente controlado por el Espíritu Santo puede experimentar paz en medio de las situaciones más conflictivas. Esta característica se percibe en las palabras que escribió David en el Salmo 27:3 “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado.” Las circunstancias en las que se hallaba David no eran de las mejores. Pero en David había esa tranquilidad del alma que se llama paz. ¿Qué es lo que produjo? Note lo que dice Salmo 27:1 “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Esta es la paz que puede producir el Espíritu Santo en la vida de un creyente. La cuarta característica del fruto del Espíritu Santo es la paciencia. Esta palabra es la traducción de una palabra griega que literalmente significa largura de ánimo o longanimidad. Es la capacidad para soportar las ofensas de otros y la disposición a sobrellevar situaciones difíciles sin desmayar. El creyente que manifiesta esta característica del fruto del Espíritu no explota ni ante la más mínima ni ante la más severa provocación. Esta característica del fruto del Espíritu, se manifestó en Cristo Jesús. Hablando de él, el apóstol Pedro dice lo siguiente en 1 Pedro 2:23 “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.” Así se manifiesta en la práctica la paciencia o mejor la largura de ánimo o longanimidad. Siguiendo con el fruto del Espíritu Santo, en quinto lugar tenemos la benignidad. Esta palabra, en su sentido original, significa una disposición a preocuparse por el bien de los demás, y se manifiesta en un trato considerado y amable a otros. Colosenses 4:6 dice: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” Un trato amable y respetuoso es muy efectivo para apagar el fuego que está iniciando una discusión. Proverbios 15:1 dice al respecto: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.”  El gran escritor Ruso Tolstoi estaba cierto día caminando por una calle cuando se encontró con un mendigo quien extendiendo su mano le solicitó una limosna. El gran escritor Ruso se detuvo, buscó afanosamente alguna moneda en daca uno de sus bolsillos pero no encontró nada. Apesadumbrado dijo entonces al mendigo: Por favor no te enojes mi hermano, no tengo nada que darte. Si tuviera algo con mucho gusto te lo hubiera dado. La cara del mendigo se iluminó y respondió. Me has dado más de lo que yo esperaba, por cuanto me has llamado “hermano”. La sexta característica del fruto del Espíritu Santo es la bondad. Esta palabra es la traducción de una palabra griega que literalmente significa un deseo de ser bueno y de hacer lo bueno. Esta cualidad está íntimamente ligada a la benignidad. El autor Lightfoot explica la relación entre benignidad y bondad. Dice que benignidad es la disposición bondadosa hacia otros, mientras que bondad es una actividad bondadosa a favor de ellos. (A). Diríamos entonces que benignidad tiene que ver con la actitud de hacer el bien, mientras que bondad tiene que ver con la acción de hacer el bien. Jesucristo fue benigno y bondadoso. Hablando de él, Pedro dijo lo siguiente según Hechos 10:38: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Por lo pronto hemos visto que un creyente controlado por el Espíritu Santo produce amor, gozo, paz, paciencia, benignidad y bondad. En nuestro próximo estudio bíblico estudiaremos las características que nos faltan. Mientras tanto, permítame preguntarle lo siguiente: Si Usted es ya un creyente, ¿se están manifestando estas cualidades en su carácter? Gracias a Dios si están presentes, pero si no, seguramente Usted no está siendo controlado por el Espíritu Santo. De ser así, yo le desafío a conversar seriamente con Dios y a hacer con él un compromiso de una entrega total de su vida. Si Usted es sincero en su decisión, Dios mismo le dará el poder para dominar a su naturaleza pecaminosa y poco a poco se irá manifestando en Usted el fruto del Espíritu.