Hola mi amiga, mi amigo. Soy David Araya para saludarle y darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Seguimos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para explicarnos uno de los pasajes bíblicos que trata un asunto muy controversial en el mundo en el cual vivimos. Me refiero al divorcio.

Qué gozo es estar junto a usted amiga, amigo oyente. Según algo que estaba leyendo, el imperio romano fue en su tiempo un imperio rico y poderoso. La gente pensaba que duraría para siempre. Pero la triste realidad es que cayó estrepitosamente. En 1787, Gibbon dio fin a su obra maestra titulada: Ocaso y Caída del Imperio Romano, con las siguientes palabras: Entre las causas del declive de aquel gran imperio se destacan: El incremento rápido del divorcio, con la correspondiente desintegración del hogar, los impuestos cada vez más altos, y un derroche del dinero estatal en espectáculos circenses para complacer a las masas; la búsqueda insaciable y loca del placer y los deportes, los cuales eran cada vez más brutales; la construcción de armamentos gigantescos y la decadencia de la fe religiosa, la cual pasó a ser una mera imitación de los cultos paganos. Hasta aquí lo que leí. ¿Se puede dejar pasar desapercibidas las causas que originaron el ocaso y la desintegración de un imperio tan poderoso como el romano? ¿Qué diremos de nuestras respectivas naciones? ¿No están transitando por el mismo camino? Cuanta razón tiene la palabra de Dios cuando en 2 Crónicas 7:14 dice: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Lo que más me llamó la atención de este artículo es el hecho que el divorcio y la consecuente desintegración de la familia fue uno de los factores para la caída del imperio romano. Bien se ha dicho que: tal la familia, tal la sociedad o la nación. Estoy haciendo alusión al divorcio, por cuanto este es el asunto que nos corresponde tratar en nuestro estudio bíblico del Evangelio según Mateo. Antes de considerar lo que Jesús dijo acerca del divorcio, echemos un vistazo a la situación en cuanto al matrimonio y divorcio en el tiempo de Jesús. Los judíos en la época de Jesús tenían un concepto bien bajo de la mujer. Para ellos, las mujeres eran como esclavas. El divorcio era un asunto muy común en la cultura judía. En Deuteronomio 24:1 Moisés describe a un hombre que se casó con una mujer, y ella perdió el favor de él porque él encontró algo indecente en ella. Entonces este hombre le escribió una carta de divorcio y simplemente la dejó. Aparentemente, si había alguna cosa indecente por parte de la esposa, comúnmente se buscaba el divorcio. Por supuesto, todo dependía de lo que se entiende por algo indecente. Había rabíes que declaraban que solamente el adulterio era el único fundamento para el divorcio. Para ellos la cosa indecente era el adulterio. Pero había otros rabíes quienes decían que lo indecente podría significar cualquier cosa. Uno de los rabíes, que se llamaba Hillel enseñaba que una esposa había hecho algo indecente si echaba a perder la cena de su esposo, o si le ponía demasiada sal a la comida, si se le quemaba el pan, si hablaba con hombres en la calle, si decía algo en contra de su suegra. El rabí Akiba insistía en que si un hombre encontraba a una mujer que fuera más bonita que su esposa, ésta se volvía automáticamente impura y podía darle carta de divorcio, abandonarla y casarse con la bonita. Así que al pueblo de Israel se le ofreció dos opciones para aceptar terminar con un matrimonio: Por adulterio solamente, o por cualquier otra causa. ¿Cuál opción cree que aceptaron los judíos? Exactamente. La segunda. Por eso es que los judíos estaban divorciándose de sus esposas por cualquier motivo y volviéndose a casar tantas veces como querían, con tal de cumplir con el requisito de escribir la famosa carta de divorcio. Este es el triste panorama en cuanto a matrimonio y divorcio que encontró Jesús. Veamos pues lo que Jesús dijo al respecto. Se encuentra dentro del Sermón del Monte en Mateo 5:31-32 donde dice: También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio. Los escribas y fariseos de la época de Jesús, entendieron mal un pasaje del Antiguo Testamento, que se encuentra en Deuteronomio 24:1-4, y en consecuencia estaban enseñando que si un esposo encontraba lo que a él le parecía indecente en su esposa, simplemente tenía que escribir una carta de divorcio, ponerla en la mano de su esposa, divorciarse de ella, y si deseaba, podía volver a casarse con otra mujer. Pero Deuteronomio 24:1-4 está muy lejos de la aplicación que le estaban dando los judíos del tiempo de Jesús. Note lo que dice Deuteronomio 24:1-4 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad. En este pasaje bíblico, Moisés no está ordenando o recomendando el divorcio de ninguna manera. Lamentablemente en el momento que Moisés escribió estas palabras, el divorcio ya existía, por la dureza del corazón del hombre. Lo único que está haciendo Moisés es estableciendo que si un hombre se ha divorciado de su esposa y una vez divorciada, esta esposa se casa con otro hombre, y después se divorcia nuevamente de este hombre con quien se casó, o tal vez este hombre con quien se casó, se muere, entonces el primer marido no debía tomar a esta mujer otra vez como esposa. Esto es lo que enseña este pasaje bíblico, no que si a un esposo ya no le gusta su esposa, simplemente debe escribir la carta de divorcio, divorciarse de ella, y casarse con otra mujer, como lo estaban entendiendo y enseñando los escribas y fariseos del tiempo de Jesús. A decir verdad, Dios jamás puede estar de acuerdo con el divorcio por la causa que sea, por cuanto el divorcio destruye la obra que Él ha hecho al hacer uno de dos personas, un hombre y una mujer que se casan. Observe lo que Dios piensa sobre el divorcio. Leo en Malaquías 2:16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales. Además de corregir el error de los escribas y fariseos, Jesús procede a mostrar el espíritu de la ley. Pero yo os digo… Jesús no está anulando o modificando algo de la ley, sino mostrando lo que está detrás de la letra de la ley. Lo que Jesús dice es que si un hombre repudia, o se divorcia que es lo mismo, de su mujer, a no ser por causa de fornicación, en el fondo lo que está haciendo es que su esposa divorciada adultere. ¿Cuándo se produce el adulterio? Pues cuando sucede lo inevitable. Me refiero a que la esposa divorciada se case o simplemente se una con otro hombre. Más aún, existe otro adulterio. Es por parte del hombre con quien se casa la mujer repudiada o divorciada. Jesús dijo claramente: Y el que se casa con la repudiada o divorciada, comete adulterio. Fíjese lo trágico del asunto: un divorcio por cualquier causa, excepto por causa de fornicación, resulta en una multiplicación de adulterio, porque inclusive el hombre que originalmente se divorció de su mujer por cualquier motivo, excepto por causa de fornicación, al volver a casarse con otra mujer, está también en adulterio. De seguro habrá notado amable oyente, que al hablar de causas de divorcio, Jesús dijo: A no ser por causa de fornicación. Esta declaración de Jesús, parece establecer que la fornicación es la única causal válida para el divorcio. Fornicación es la traducción de la palabra griega “porneia” de donde proviene la palabra “pornografía” y describe todo tipo de desorden en el área sexual. Siendo así, es de concluirse, que la única causal válida para el divorcio, es la persistencia por parte de uno de los cónyuges en la fornicación o en una vida de desorden en el área sexual. Pero inclusive en casos así, la voluntad de Dios no es el divorcio. Por decirlo así, el divorcio sería el menor de los males en el caso de una pareja en la cual el hombre o la mujer pretende persistir en una vida de inmoralidad sexual. En otra ocasión, Jesús ratificó el modelo divino para el matrimonio, el cual en esencia consiste en la unión entre un hombre y una mujer hasta que la muerte los separe, no hasta que el divorcio lo separe. En conclusión amable oyente, el divorcio, aún por la causal válida de fornicación, es contrario a la voluntad de Dios. El divorcio no resuelve los conflictos en la pareja, más bien los acentúa. El divorcio contempla el bienestar egoísta de la pareja que está en conflicto e ignora el daño irreparable que se produce en los hijos de la pareja que se divorcia. Si usted está en conflicto con su pareja y está considerando la posibilidad de un divorcio, por amor de Dios deténgase y medite bien en lo que está pensando hacer. No olvide que Dios es más que suficiente para restaurar una relación que a los ojos humanos no tiene ninguna posibilidad de restauración. Dele una oportunidad al Señor.