Es un gozo saludarle amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Proseguimos con el estudio del libro de Efesios, en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia. En nuestro último estudio bíblico, quedamos admirados ante la maravilla de la obra de Dios al impartir vida espiritual a personas que estábamos muertos espiritualmente hablando. En el estudio bíblico de hoy vamos a introducirnos en el corazón mismo de la salvación para conocer algunos reveladores detalles.

Qué bendición es abrir la palabra de Dios amable oyente. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Efesios capítulo 2 versículos 8 a 10. En este pasaje bíblico el apóstol Pablo va a exponer cuatro detalles importantes de la salvación. En cada uno de estos detalles se revela la maravilla de la gracia de Dios salvando al pecador. El primer detalle es la forma de ser salvos. Efesios 2:8 en su primera parte dice: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;
El apóstol Pablo está mostrando la manera como un pecador condenado llega a ser salvo. Un poco atrás en la carta, en el versículo 7 del mismo capítulo, Pablo señaló que todo lo que Dios ha hecho para la salvación del hombre pecador es para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. De modo que, somos salvos por la pura gracia de Dios. Recordemos que gracia significa un favor no merecido. Es el amor de Dios puesto en acción a favor del hombre pecador. Además de la gracia se manifiesta la fe. Por medio de la fe, declara el texto leído. La fe es el instrumento o el canal por el cual el hombre pecador recibe el favor inmerecido de la salvación. Permítame ilustrarlo de esta manera: Para que exista luz eléctrica, es necesario que haya energía eléctrica disponible, una lámpara incandescente y cables que conecten la lámpara incandescente con la fuente de energía eléctrica. Sin estos elementos no puede haber luz eléctrica. Pues, la fe viene a ser como los cables eléctricos del ejemplo, los cuales hacen posible que la energía eléctrica, que vendría a ser la gracia, llegue hasta la lámpara incandescente, y arroje luz eléctrica, lo cual vendría a ser comparable a la salvación. La fe es el medio o el instrumento por el cual la abundante riqueza de la gracia de Dios llega al pecador para impartir vida espiritual. Notemos que en todo este proceso el hombre pecador no tiene parte alguna y esto tiene que ser así, porque el hombre pecador está incapacitado de acercarse a Dios por cuanto está muerto espiritualmente. El segundo detalle es la fuente de la salvación. Efesios 2:8 en su segunda parte dice: y esto no de vosotros,  pues es don de Dios;
¿A qué se refiere el “esto”de esta frase? Algunos piensan que se refiere a la fe, lo cual indicaría que aun la fe que es indispensable para ser salvos no proviene del hombre, lo cual es ciertamente así. Pero para hacer justicia al texto en su idioma original, sería más apropiado atribuir el “esto” a toda la obra de salvación del hombre pecador. Por lo cual, tanto la gracia como el medio de recibir esa gracia, que es la fe, no provienen del hombre. Entonces, ¿de quién provienen? El texto responde: Pues es don de Dios. Es un regalo inmerecido de Dios. La salvación no es algo que el hombre lo logra, sino un regalo de Dios dado al pecador por gracia o favor no merecido. El tercer detalle es la finalidad de la salvación. Efesios 2:9 dice: no por obras,  para que nadie se gloríe.
¿Con qué finalidad fuimos salvos? Efesios 1:6 declara que fue para alabanza de la gloria de la gracia de Dios. Así es amable oyente, Dios nos salvó no solamente para darnos entrada libre al cielo. No. El propósito de Dios va más allá de eso. Dios nos ha salvado para que seamos el motivo para que su gloria sea alabada por la eternidad. Isaías 42:8 dice: Yo Jehová;  este es mi nombre;  y a otro no daré mi gloria,  ni mi alabanza a esculturas.
Dios es celoso de su gloria y por eso no ha permitido que el hombre tenga el mérito, o parte del mérito en la obra de la salvación. No por obras, dice el texto en Efesios 2:9, para que nadie se gloríe. Cuando el Señor Jesús entregó su espíritu al Padre, el relato bíblico dice que el pesado velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo, indicando que se había abierto el camino hacia Dios. Todo lo hizo Dios. Ya no hay más necesidad de hacer sacrificios, o de hacer buenas obras para obtener la salvación como recompensa. El Señor Jesús, el Cordero de Dios que fue inmolado, se ofreció a sí mismo en la cruz como sacrificio por el pecado del hombre. Su obra fue perfecta y es absolutamente suficiente para salvar a todo pecador que se acerca a Él con fe. Dios lo hizo todo, lo hizo por su gracia, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. El hombre no puede atribuirse nada del crédito por haber sido salvado. El cuarto y último detalle es el fruto de la salvación. Efesios 2:10 dice: Porque somos hechura suya,  creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Los creyentes somos hechura de Dios. La palabra hechura es la traducción de la palabra griega “poiema”, de la cual proviene nuestra palabra “poema”. Los creyentes somos poema de Dios. Un poema es una obra de arte que comunica pensamientos hermosos. Así como un poeta tiene la capacidad para escribir un poema que deleita el alma por su hermosura, Dios tiene la capacidad de hacer que hombres pecadores como nosotros seamos una obra de arte para deleite de su gracia y todo esto por el hecho de estar en Cristo Jesús. Nuestra salvación, amable oyente, no es el epílogo de un poema, sino la primera línea del poema. El poema se va desenvolviendo a medida que pasamos en este mundo y continuará por la eternidad en la presencia de Dios. Jamás olvide amable oyente que si usted ha recibido a Cristo como su Salvador, usted es un poema y el poeta es Dios. ¿Habrá mejor poeta que él? Esto es realmente para atesorar en el corazón. Hay ocasiones cuando los creyentes nos sentimos descorazonados porque estamos en pruebas o porque el mundo que nos rodea es hostil hacia nosotros, y esto nos tira el ánimo al suelo. Pero no debería ser así, porque somos el poema de Dios, somos hechura suya, somos la obra de arte de Dios. Pensando en esto debemos levantar el ánimo y a pesar de todo lo que pase a nuestro derredor, seguimos siendo el poema de Dios. Una vez una maestra de escuela dominical estaba enseñando esta verdad a un grupo de niños entre los 10 a 12 años. Entre el grupo había un niño que era notoriamente rebelde. Por su mala conducta era constantemente regañado por sus padres, por el pastor y hasta por la maestra de la escuela dominical. La maestra dijo a la clase: Según la Biblia, los creyentes somos el poema de Dios… y haciendo una pausa miró con desdén a este niño rebelde y añadió… Pero tus versos no riman tan bien que digamos… Al oír esto el niño rebelde interrumpió a la maestra y dijo: Si señorita, pero Dios todavía no ha terminado con mi poema… Así es amable oyente. Somos el poema de Dios, un poema que comunica pensamientos hermosos. Cada día que pasa, ese poema se va completando. ¿Cómo están rimando los versos de vida, amable oyente? Estos versos son nuestras buenas obras. Estas buenas obras han sido preparadas de antemano por Dios. Los creyentes no debemos hacer lo que se nos ocurra conforme a nuestra buena voluntad, sino que debemos hacer las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que las hagamos. El Espíritu Santo está más que dispuesto para guiarnos hacia las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que las hagamos. Dios tiene un plan para cada creyente y su plan siempre es el mejor plan. Es interesante pensar que los creyentes no somos salvos por buenas obras sino para buenas obras. Las buenas obras de los creyentes son la manifestación externa de la verdad interna de que somos salvos. El famoso teólogo Juan Calvino solía decir: Es la fe sola la que justifica, pero la fe que justifica nunca viene sola, siempre está acompañada de buenas obras. Si usted ha recibido a Cristo como Salvador, no olvide que ha sido salvo por gracia por medio de la fe, no por sus buenas obras por más buenas que sean. Además no olvide que si usted es salvo, debe estar haciendo las buenas obras que Dios el Padre preparó de antemano para que las haga. Si usted todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, este es el momento de hacerlo. Para ello, reconozca que es un pecador, reconozca que está en peligro de recibir condenación eterna a causa de su pecado. Reconozca que Dios le ama y por eso envió a su Hijo a morir en la cruz, recibiendo el castigo que usted como pecador merece y en un acto de fe hable con Dios en oración, diciéndole que este preciso momento desea recibir al Señor Jesús como su Salvador. Al hacerlo llegará a ser un hijo de Dios y Dios comenzará a escribir el poema que es su vida tanto en este mundo como en la gloria eterna. Amén.