Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido a nuestro estudio bíblico de hoy. Una vez, un pastor anunció que iba a predicar acerca del cielo el siguiente domingo. Durante la semana, recibió una hermosa carta de un hermano de la congregación quien era bastante anciano y estaba muy enfermo. Parte de la carta decía así; El próximo domingo Ud. va a hablar sobre el cielo. Yo estoy interesado en ese lugar porque desde hace más de cincuenta años, tengo el título de propiedad de un lote allí. No lo he comprado, me fue donado, pero la persona que lo donó lo compró a costo de su propia vida. No lo tengo para especular con la plusvalía, porque ese lote es intransferible, tampoco es un lote abandonado porque desde hace más de cincuenta arios he estado enviando materiales de construcción con los cuales el Sabio Arquitecto y Constructor del Universo está edificando un hogar que nunca necesitará ser remodelado ni reparado porque es perfecto, justo para mi necesidad individual, algo que no se deteriora jamás. Las polillas no pueden destruir sus cimientos, porque descansa sobre, la Roca de los Siglos. El fuego no puede destruirlo, las inundaciones no pueden arrastrarlo. Sus puertas no necesitan candados ni cerraduras, porque ninguna persona indeseable puede habitar en ese lugar. Mi hogar está próximo a ser terminado, pronto lo habitaré por la eternidad, sin ningún temor de ser arrojado de allí. Existe un valle de sombra de muerte entre el lugar donde habito ahora y el lugar a donde habitaré dentro de poco. No puedo llegar a mi hogar en esa ciudad de Dios sin antes pasar por ese vallen de sombra de muerte, pero eso no me produce ningún temor, porque el mejor de mis amigos pasó por ese valle de sombra de muerte hace mucho tiempo y quito en mi todo sentimiento de temor que yo pueda tener. Este amigo ha estado junto a mí desde que nos conocimos hace más de cincuenta años y me he aferrado a su promesa dada por escrito de que nunca me dejará ni me desamparará. Así que él estará conmigo mientras yo camine por ese valle de sombra de muerte y de esa manera jamás me perderé del camino, he gustarla oír su sermón sobre el cielo el próximo domingo, pero no estoy seguro de que lo pueda hacer, porque mi boleto al cielo no tiene fecha, tampoco existe cupón de regreso ni se permite llevar equipaje. Estoy listo para emprender viaje y si no nos vemos acá de seguro que nos veremos allá. Qué interesante. El cielo ha sido fuente de inspiración para muchos y ese será el tema del estudio bíblico traído por el hermano David Logacho.

Si tiene una Biblia a la mano, le ruego que la abra en la epístola de Pablo a los Filipenses, capitulo 3, versículos 20 a 21.

Dice así: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”

Como antecedente, recuerde que Pablo estaba advirtiendo con lágrimas acerca del peligro que se cernía sobre la iglesia de Filipos a causa de la presencia de falsos maestros que entre muchas cosas solo piensan en lo terrenal.

Estos, falsos maestros tenían, una mente terrenal, una mente que piensa única y exclusivamente en las cosas de este mundo, como la fama, el poder, la riqueza, el placer. Es decir cosas que son perecederas, porque la muerte significa, el fin para la fama, el poder, la riqueza y el placer. La mente terrenal impulsa a buscar lo terrenal y descuida lo que es verdaderamente importante, lo celestial.

Pablo por tanto nos va a hablar de una mente celestial. Para ello, nos hace pensar en algo muy conocido por todos. La ciudadanía.

La ciudadanía de una persona indica el lugar al cual esa persona pertenece. Yo soy un ciudadano ecuatoriano, eso significa que pertenezco a un país llamado Ecuador.

En el plano espiritual también tengo una ciudadanía. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos dice el texto que leímos. Mi ciudadanía es celestial. Si Ud. es un creyente, humanamente hablando Ud. es un ciudadano de algún país pero espiritualmente hablando, Ud. es un ciudadano de los cielos, esto significa que Ud. pertenece a los cielos.

Existen muchas implicaciones derivadas de esta verdad. Veamos algunas de ellas.

En primer lugar, eso significa que los creyentes somos extranjeros en este mundo. Somos una colonia de ciudadanos de los cielos morando temporalmente en un lugar que no nos pertenece. 1ª Pedro 2:11 se refiere a los creyentes como extranjeros y peregrinos, y es sin duda, así, por cuanto nuestra ciudadanía, está en los cielos, somos extranjeros en la tierra, por cuanto nuestra morada eterna es en los cielos, somos peregrinos mientras estamos en la tierra.

Si Ud. es un creyente, ¿se siente extranjero en este mundo? ¿Se siente un peregrino? ¿Sabe cuál es la característica de los extranjeros y peregrinos? No echan raíces profundas en el lugar donde están en el presente, porque saben que el momento menos pensado van a tener que retornar al lugar que pertenecen, pero que triste es mirar a creyentes que están echando fuertes raíces en este mundo y lo demuestran cuando gastan sus vidas, su tiempo, su dinero, su energía, en fabricar un imperio en este mundo, aun sabiendo que cuando salgan de este mundo no podrán llevar nada de este mundo a aquel lugar donde pertenecen.

En segundo lugar, siendo extranjeros en este mundo, tenemos la responsabilidad de ser embajadores de los cielos en la tierra. 2ª Corintios 5:20 afirma, que somos, embajadores en nombre de Cristo.

Los creyentes no estamos en el mundo por accidente o para pasar vacaciones. Dios nos tiene en este mundo temporalmente para hacer conocer a los habitantes de este mundo como es nuestra patria celestial, como se puede ser parte de esa patria celestial, como se vive en esa patria celestial.

¿Está Ud. mi amigo oyente actuando como un embajador de los cielos en este mundo? O su testimonio deja mucho que desear y deshonra el lugar al cual Ud. pertenece.

Una vez un embajador de un determinado país, se embriagó y en esas condicionéis armo un escándalo en la vía pública. La policía lo arrestó, pero cuando supo que era un embajador le lo en libertad, pero el incidente se filtro y cayó en manos de la prensa. La noticia por tanto llegó a oídos del gobierno a quien este mal embajador representaba. ¿Sabe lo que hizo este gobierno? en cuestión de horas retiró a este embajador, por haber deshonrado al país que representaba.

Cuántos embajadores de Cristo deberían ser retirados del mundo por cuanto su testimonio deshonra al lugar que ellos representan.

En tercer lugar, siendo extranjeros en este mundo, los creyentes debemos tener todo nuestro anhelo en el lugar al cual pertenecemos.

Por unos tres años mi familia y yo vivimos en otro parís. Mientras estábamos allí, cada día estábamos pensando en nuestro propio país, contando los días para poder regresar, no porque estábamos mal en el lugar que estábamos, pero uno añora el lugar al cual pertenece.

Pablo dice que debemos aflorar los cielos, porque de allí esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, quien cuando se manifieste transformará nuestros cuerpos que por ahora son cuerpos de humillación, frágiles y en decadencia y los convertirá en cuerpos semejantes a la gloria suya.

Serán cuerpos libres de pecado, libres de enfermedades, libres de la muerte, libres de envejecimiento, libres de las limitaciones, que ahora tenemos. Cuerpos semejantes al de Cristo resucitado. Con esos cuerpos podremos habitar en el lugar al cual pertenecemos, los cielos. Para hacer efectiva esta transformación se necesita de mucho poder. Pablo dice: por el poder con el cual puede también sujetar a si mismo todas las cosas. El mismo poder que Cristo utilizará para dominar todas las cosas, será utilizado para transformar nuestros cuerpos de lo son ahora a lo que serán después.

¿No le parece una esperanza gloriosa? Esto es lo que debe hacer acelerar nuestros corazones de emoción. Pensar que los cielos significan todo esto para nosotros, nos debe motivar a sobrellevar con gozo cualquier situación difícil. Pablo tenia esta mentalidad, y a pensar que estaba preso, quizá enfermo y carente de comodidades, estaba regocijándose porque su corazón y su mente no estaban en las cosas terrenales sino en las cosas celestiales.

Que con la ayuda de Dios nosotros también tengamos una mente celestial.