Que privilegio es para todos los que hacemos La Biblia Dice… Contar con su compañía en esta oportunidad. Si esta es la primera vez que nos sintoniza le contamos que estamos desarrollando un interesante estudio que se titula: “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”. Quédese con nosotros y conozca que es lo que dios quiere que aprenda en esta oportunidad con respecto a este tema.

I. Introducción. Saludos y Bienvenida. Estudio del libro de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada por medio del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, hicimos referencia a Saulo, el fariseo de fariseos, quien respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres creyentes, los trajese presos a Jerusalén. Mientras estaba en cumplimiento de su misión y se acercaba a Damasco, aconteció que repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Saulo respondió diciendo: ¿Quién eres, Señor? La respuesta no se hizo esperar: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Todo lo que hasta ese momento pensaba Saulo sobre Jesús se vino al suelo. De un ardiente perseguidor de la iglesia, Saulo se acababa de convertir en un ardiente defensor de la iglesia. Veamos como se operó el cambio. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 9 a partir del versículo 6.

II. Lo que primero notamos es a Saulo sumiso al Señor. Hechos 9:6-9 dice: El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
Saulo todavía estaba yaciendo en tierra tratando de asimilar lo que le había pasado. El episodio fue tan traumático para Saulo que se encontraba temblando y temeroso. No le faltaba razón. Imagínese. De pronto verse rodeado de la luz admirable de la gloria de Dios, la famosa Shekina. Totalmente aturdido abrió la boca y dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Saulo estaba convencido que estaba hablando a Dios, por eso utiliza el título de Señor para dirigirse a él. La pregunta manifiesta el profundo deseo de Saulo por hacer la voluntad del Señor. Este debería ser el deseo de todos aquellos que hemos recibido al Señor Jesucristo como nuestro Salvador. ¿Qué quieres Señor que yo haga? Cuando tenemos esta actitud, Dios nos podrá usar de maneras poderosas, así como lo hizo con Saulo. Interesante que el Señor no comunicó a Saulo todo lo que debía hacer, sino que primero le dijo algo muy sencillo, muy básico. Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. A veces queremos que Dios nos muestre sus planes de comienzo a fin, pero normalmente Dios va mostrando su plan poco a poco. Es como si Dios fuera probando nuestra obediencia poco a poco. Si somos obedientes en las cosas sencillas, básicas, Dios nos mostrará otras cosas más complejas, más importantes. Por lo pronto, lo único que tenía que hacer Saulo es incorporarse del suelo y entrar en la ciudad de Damasco. Cuando cumpla con esto, Dios le iba a mostrar más cosas de su plan para él. Puede ser que Dios le haya pedido hacer algo muy sencillo y básico por ahora. No se desanime. Sea fiel en eso y verá como Dios le pedirá hacer cosas más complejas e importantes. Lucas 16:10 dice: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
Volviendo a Saulo, se nos hace notar que los hombres que estaban con él, se pararon asombrados. Su asombro era por ver a Saulo en el suelo y a oír el diálogo que Saulo tenía con el Señor, pero no ver a nadie. Dios estaba tratando con Saulo, no con sus acompañantes. Saulo debe haberse dado modos para incorporarse del suelo, pero cuando abrió los ojos, no veía a nadie. Se había quedado temporalmente ciego. Dios iba a usar este hecho para confirmar a Saulo que era él quien estaba detrás de todo lo que estaba pasando con Saulo. Los acompañantes de Saulo se apresuraron en su ayuda y tomándole de la mano le metieron en Damasco, a la casa de un tal Judas, donde se hospedó. Saulo, tuvo que pasar tres días en la casa de Judas sin poder ver, sin comer y sin beber. Pero Saulo no estaba lamiéndose las heridas. Más adelante se verá que Saulo estaba orando. En esas difíciles circunstancias, orar era más importante para Saulo que ver, comer y beber. Mientras tanto, Dios estaba trabajando entre bastidores para comunicar su voluntad a Saulo. En segundo lugar tenemos a Dios preparando un mensajero para comunicar su voluntad a Saulo. Hechos 9:10-16 dice: Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
Mientras Saulo oraba en la casa de Judas, Dios estaba dando una visión a uno de los creyentes en Damasco, cuyo nombre era Ananías. Al oír su nombre en visión, Ananías respondió: Heme aquí, Señor. Es la respuesta de un creyente que de antemano está a disposición de ser utilizado en cualquier cosa que el Señor quiera. El Señor dijo por tanto a Ananías. Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. ¡Qué hermoso! Saulo oraba y Dios estaba contestando su oración por medio de preparar a Ananías. Pero Ananías tenía sus temores y fue así como replicó al Señor diciendo: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. ¡Qué ironía! A veces nos creemos más sabios que Dios y hasta pensamos que Dios se ha equivocado. Eso parece que pensaba Ananías. Por eso dijo todo aquello con respecto a Saulo. Pero lo que no sabía Ananías, es que Saulo había sido transformado de un encarnizado depredador que asolaba a la iglesia a una mansa oveja que defendía a la iglesia. Fue necesario por tanto que el Señor ponga las cosas en claro en la mente de Ananías. Simplemente dijo: Vé, porque instrumento escogido me es este. Una vez más vemos a Dios usando los instrumentos menos indicados, desde la perspectiva humana. De esa manera, toda la gloria es para el Señor. Saulo iba a ser el instrumento para llevar el nombre del Señor en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel. El relato del ministerio de Saulo, muestra que efectivamente habló de Cristo a los gentiles, a reyes y a judíos. Todo esto que esperaba a Saulo tenía su precio. Por eso el Señor dijo a Ananías: Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Finalmente por hoy, en tercer lugar, tenemos a Saulo listo para ser utilizado por el Señor. Hechos 9:17-19 dice: Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
Ananías obedeció al Señor, se dirigió a la calle llamada Derecha, buscó la casa de Judas, entró en ella y preguntó por un tal Saulo de Tarso. Tan pronto le fue presentado, puso sobre él las manos y dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Esto confirmaba que quien apareció a Saulo en el camino a Damasco era nada más y nada menos que el Señor Jesús, quien había muerto, pero había resucitado. Era el Señor Jesús, quien por medio de Ananías, iba a devolver la vista a Saulo y también iba a llenarlo con el Espíritu Santo. Tan pronto Ananías impuso sus manos sobre Saulo, cayeron de sus ojos como escamas y al instante, recuperó la vista, al instante también, debe haber sido lleno del Espíritu Santo. Saulo tenía ahora la capacidad de ver físicamente y también de ver espiritualmente. La llenura del Espíritu Santo significa que el Espíritu Santo está controlando la vida toda del creyente. Con razón que Saulo se levantó e inmediatamente fue bautizado en agua dando público testimonio de su fe en el Señor Jesús. Saulo era una persona diferente. El tomar alimento después de tres días de estar en ayunas le devolvió la fortaleza física. El nuevo Saulo se quedó por algunos días con los discípulos que estaba en Damasco. Todo nuevo creyente tiene un vivo interés por estar en comunión con otros creyentes. Si alguien dice que es creyente, pero se resiste a congregarse con otros creyentes, genera serias dudas en cuanto a la autenticidad de su fe. En nuestro próximo estudio bíblico veremos que es lo que pasó después con Saulo de Tarso. Bendiciones.

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