Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy en la epístola de Pablo a los Filipenses. Cuando ofrendamos algo a un hermano en necesidad o a una iglesia en necesidad o a un ministerio en necesidad, casi siempre pensamos en que estamos haciendo un favor a quien recibe nuestra ofrenda. Pero si ponemos atención a lo que Pablo dice en el pasaje bíblico que tenemos para hoy notaremos que aunque hay un beneficio para el que recibe la ofrenda, el beneficio mayor es para el que da la ofrenda. Esto puede sonar algo extraño, por tanto, dejemos que el hermano David Logacho se encargue de explicarnos.

Más bienaventurado es dar que recibir. ¿Se ha puesto a pensar en esta sentencia dicha por el Señor Jesús, según Hechos 20:35? Esto es en esencia lo que vamos a ver en el estudio bíblico de hoy.

Qué tal si por tanto, abra Ud. su Biblia en Filipenses 4:14-19. Como antecedente, recordará Ud. que Pablo había recibido una ofrenda de los hermanos de Filipos.

Refiriéndose a esto, Pablo dijo: En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí. Tomado a la ligera, esto parecería indicar que Pablo era como muchos supuestos siervos del Señor que lo único que buscan es réditos económicos.

Pero Pablo no era un busca plata. Su gran gozo en el Señor no era porque había recibido la ofrenda sino por lo que iban a recibir en retribución los que habían enviado la ofrenda.

En el pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio bíblico de hoy, notamos primeramente el ejemplo para los que ofrendan. Filipenses 4:14-16 dice: «Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades»

Notamos varias cosas importantes aquí. Pablo dice que es algo muy bueno el ofrendar, porque es una forma de participar en las tribulaciones de los que están en necesidad. Es fácil participar en las tribulaciones de los demás diciendo: Voy a orar por ti o simplemente consolando con palabras y aun con lágrimas, pero es difícil participar en las tribulaciones de los demás dando una ofrenda que para nosotros signifique sacrificio.

Juan dice: «Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón. ¿Cómo mora el amor de Dios en él?”

Los Filipenses oraban por Pablo, pero no todo fue oración, también dieron de sus bienes sacrificadamente. Interesante que fue la iglesia de los Filipenses la primera iglesia en ofrendar a Pablo, eso dice el texto, cuando afirma que al principio de la predicación del evangelio, cuando partió de Macedonia, ninguna iglesia participó con Pablo en razón de dar y recibir sino solo la iglesia de los Filipenses.

Es muy ilustrativa la expresión dar y recibir. Se refiere a la ofrenda. Como vamos a ver más adelante en detalle, cuando uno da una ofrenda, en realidad está preparando el terreno para recibir beneficios con creces. Fue tal el interés de los Filipenses en ofrendar a Pablo, que cuando Pablo estuvo en Tesalóníca recibió dos ofrendas de ellos.

¿Qué hay de significativo en esto? Pues que Pablo estuvo muy poco tiempo en Tesalónica, probablemente no más de tres semanas, sin embargo los Filipenses le enviaron ofrendas por dos ocasiones. Esto habla muy bien en favor de los Filipenses y es sin duda un gran ejemplo a seguir en nuestra forma de ofrendar a siervos del Señor que están haciendo la obra del Señor.

Muy bien, ahora entramos al motivo por el cual Pablo se gozó en gran manera en el Señor cuando recibió la ofrenda de los Filipenses. Consideremos por tanto, la promesa para los que ofrendan. Filipenses 4:17-19 dice: «No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús»

Pablo no era uno que buscaba enriquecerse a costilla de los que recibían su mensaje. No es que busque dádivas, dice. Lo que en realidad buscaba es fruto que abunde en la cuenta de los Filipenses. ¿Cómo es esto? Pues, Dios lleva una cuenta de lo que ofrendamos para su obra y esa cuenta se va incrementando en la medida que vamos ofrendando. Los réditos de esa cuenta son fabulosos, a mayor capital más réditos. Algo de esos réditos recibiremos mientras estemos en este lado del cielo, pero la mayoría de esos réditos serán nuestros cuando estemos en el cielo mismo. A eso se refiere Pablo cuando habla del fruto de la cuenta de los Filipenses.

Interesante que ofrendar a la obra del Señor es una inversión. ¿Cuando Ud. hace un depósito en su cuenta de ahorros en un banco, no piensa que está perdiendo ese dinero, verdad? Por supuesto que no. Piensa que es una inversión que hace aumentar su capital para poder recibir mejores dividendos. Igual es con la ofrenda. Es una inversión en el Banco del cielo, cada vez que ofrendamos a la obra del Señor aumentamos nuestro capital y a mayor capital en nuestra cuenta, mayores dividendos.

Aun cuando Pablo no buscaba dádivas, eso no debía entenderse en el sentido que estaba rechazando la ofrenda de los Filipenses. Por eso dice que lo ha recibido todo, por tanto tiene en abundancia y está lleno. Luego nos da tres características de toda ofrenda al Señor.

Primero, dice que es un olor fragante, segundo que es un sacrificio acepto y tercero que es algo agradable a Dios. Es con este antecedente que Pablo nos deja una de las más hermosas promesas a todos los que ofrendamos y lo cual fue el motivo de su gozo supremo. Lo que Pablo está diciendo es que Dios se compromete a suplir cualquier faltante que ha ocasionado el ofrendar al Señor.

Permítame explicarlo con un ejemplo numérico. Supongamos que una persona gana digamos 100 dólares al mes. Como es una persona fiel al Señor ha determinado ofrendar al Señor el 20% de sus ingresos. Esto significa que normalmente ofrenda 20 dólares al mes y cubre sus necesidades básicas con los 80 dólares que le quedan. Muy bien, en algún momento ve una necesidad en un ministerio, y el Señor le guía a ofrendar 20 dólares más por mes a este ministerio. Esto significa que ahora le faltan 20 dólares para cubrir lo que él necesita para, satisfacer sus necesidades básicas. Ahora solo dispondrá 60 dólares por mes, ya no de 80. Existirá un faltante de 20 dólares por haber ofrendado al Señor más allá de sus fuerzas.

Aquí es donde entra la promesa del Señor. Será el Señor quien supla ese faltante. Lo que él supla no será algo mezquino, porque el texto dice que él suplirá no conforme a lo que el creyente ofrendó sino conforme a las riquezas en gloria en Cristo Jesús.

¿Cuán rica es la gloria en Cristo Jesús? Bueno, es tan rica que el profeta Hageo dice que toda la plata y el oro del mundo le pertenecen y eso es solo una pequeña parte de toda su fortuna. Conforme a esto es lo que promete el Señor suplir la necesidad de alguien que por ofrendar al Señor ha quedado con un faltante. Esto es importante notar. Mírelo así. Si un archimillonario diera 10 dólares de ofrenda a una iglesia, habría dado de su riqueza, pero si el mismo archimillonario hubiera dado 10.000 dólares a esa iglesia hubiera dado conforme a su riqueza.

El Señor no nos da de su riqueza sino conforme a su riqueza cuando ofrendamos de una manera sacrificada como lo hicieron los Filipenses. Hermosa promesa, ¿no le parece? Esto es lo que agitaba el corazón de Pablo y por eso dijo que tuvo gran gozo en el Señor cuando recibió la ofrenda de los Filipenses.

¿Cómo esta Ud. amigo oyente en su responsabilidad de ofrendar? ¿Ha descuidado este privilegio? Recuerde que es más bienaventurado dar que recibir porque los que dan recibirán dividendos con creces y si Ud. da más allá, de sus fuerzas, al punto de crear un faltante para cubrir sus necesidades básicas, el Señor se compromete a suplir ese faltante conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

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