Que privilegio es para todos los que hacemos La Biblia Dice… Contar con su compañía en esta oportunidad. Si esta es la primera vez que nos sintoniza le contamos que estamos desarrollando un interesante estudio que se titula: “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”. Quédese con nosotros y conozca que es lo que dios quiere que aprenda en esta oportunidad con respecto a este tema.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie: La obra de Jesucristo después de su ascensión realizada por medio del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico dejamos al apóstol Pablo en el ágora o la plaza de Atenas, disponiéndose a ser llevado a un importante foro para exponer en más detalle lo que durante días había estado anunciando en la capital griega. Veamos cómo se dieron las cosas. Si tiene una Biblia cerca, ábrala en Hechos 17 a partir del versículo 19.

II. Allí encontramos el traslado de Pablo del ágora al Areópago y el pedido que le hicieron. Hechos 17:19-21 dice: Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)

Quienes estaban detrás de todo esto eran algunos filósofos, tanto epicúreos como estoicos, a quienes había estado hablando Pablo en el ágora o en la plaza. Fueron éstos quienes tomando a Pablo le trajeron al Areópago. Esta palabra, un tanto inusual en nuestro diario hablar, significa simplemente “el monte de Marte”, porque allí se reunía un célebre consejo Ateniense. Era una elevación dedicada a la adoración al dios Marte. Areópago se refiere tanto al lugar como al consejo que se reunía en ese lugar. En el primer siglo, sin embargo, el Areópago celebraba sus reuniones en un lugar más céntrico. En la remota antigüedad, el Areópago había sido el Consejo supremo de la ciudad, de tipo aristocrático, pero su autoridad se había cercenado durante el auge de la democracia en Atenas. Los romanos, respetuosos ante el prestigio de tan famosa institución, habían restaurado la autoridad del tribunal en toda cuestión religiosa, literaria, artística y filosófica, por lo que llegó a ser en el tiempo de Pablo, la sede oficial del helenismo, siendo sus miembros figuras prominentes de la vida religiosa y culta de la metrópoli de la civilización. A este Consejo le correspondía extender las licencias para conferenciantes y maestros, al par que consideraban la conveniencia o no de la introducción de nuevas formas de religión. Fue natural, por tanto, que Pablo, quien, según los Atenienses, predicaba a nuevos dioses, tuviese que comparecer delante del tribunal para justificar su labor. Los que trajeron a Pablo al Areópago le hicieron un pedido en forma de pregunta: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Razonando más su pedido, los filósofos dijeron a Pablo: Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos pues saber qué quiere decir esto. Esta es una invitación a la que difícilmente podría resistir un hombre como Pablo, vivamente interesado en proclamar las buenas nuevas de salvación. En este punto, Lucas abre un paréntesis para compartir con los lectores, el sentir general de la población de Atenas. Los Atenienses, tanto naturales como extranjeros residentes, tenían una marcada debilidad tanto por oír cosas nuevas como por decir cosas nuevas. Esto explica el interés inicial de los filósofos en Atenas hacia lo que Pablo anunciaba. No importa de qué se trate, si era algo nuevo, había que prestar atención para oír. Muy bien, así que la puerta se abrió de par en par para que Pablo dé un poderoso testimonio sobre Dios y su Hijo Jesucristo. Veamos como Pablo aprovecha la oportunidad. En segundo lugar nos encontramos con la introducción al mensaje de Pablo en el Areópago. Hechos 17:22-23 dice: Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

El mensaje de Pablo en el Areópago de Atenas es una verdadera obra de arte de la predicación. Pablo estaba a sus anchas de pie en medio de tan renombrado concilio. No estaba siendo juzgado sino dando a conocer el mensaje que anunciaba con tanto fervor. Comienza su mensaje con una frase que compró a sus oyentes. Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos. Esto era un cumplido para los miembros del concilio. Los miembros del concilio deben haberse sentido muy bien al oír estas palabras de Pablo. Luego Pablo hace una jugada magistral al referirse a algo conocido tanto por él como por los miembros del concilio. Pablo no estaba lisonjeando a sus oyentes, porque realmente, pasando y mirando los santuarios en Atenas vio que había altares para cientos o miles de Dioses, inclusive, vio un altar dedicado al Dios no conocido. Pablo tenía en su bolsillo a los miembros del concilio. Todos deben haber estado asistiendo con la cabeza a lo que decía Pablo. Todos sabían que efectivamente en alguna parte de Atenas se había levantado un altar para adorar al Dios no conocido. Pablo prosigue a clavar la estocada en el lugar preciso cuando dice: Pues, al que vosotros adoráis sin conocerle, es a quien yo os anuncio. Los ojos bien abiertos de sus oyentes indicaba a Pablo que había captado plenamente su atención. Era hora de dar el siguiente paso. Pablo va a hablar sobre ese Dios que los Atenienses no conocían, pero Pablo lo conocía y hablaba a nombre de él. Es un Dios grandioso. Él es el creador. Hechos 17:24 dice: El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas.

Toda persona tiene tres preguntas básicas: ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? Y ¿A dónde voy? La ciencia trata de responder a la primera pregunta, la filosofía batalla con la segunda pregunta, pero sólo la fe cristiana tiene una repuesta válida para las tres preguntas. Los epicúreos, quienes no necesariamente negaban la existencia de Dios, sino que pensaban que Dios no se mete en los asuntos de los hombres, pensaban que lo que importa es lo material y nada más. Los estoicos pensaban que todo es Dios y Dios es todo. No concebían a un Dios personal, peor a un Dios moral o a un Dios creador. No discernían diferencia entre el creador y lo creado. Pero aquí aparece Pablo afirmando: En el principio creó Dios. Dios hizo el universo y todo lo que hay en él, y no sólo eso sino que Dios es el Amo o el Señor de toda su creación, no importa si se trata de algo en este mundo o algo fuera de este mundo. Refutando a los epicúreos Dios no está distante, alejado de su creación. Refutando a los estoicos, Dios no es la creación, Dios es el creador y Amo de la creación. Dios es tan grandioso que no puede habitar en templos hechos por manos humanas, pero a la vez está vivamente interesado en su creación, dentro de ello en los seres humanos. Por otro lado, el Dios que anunciaba Pablo es un Dios sustentador. Hechos 17:25 dice: ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Los hombres pueden enorgullecerse por servir a Dios, pero la realidad es que Dios sirve al hombre. Si Dios es Dios, entonces debe ser auto suficiente y no necesitar de nada que pueda darle el hombre. Dios no sólo no habita en templos hechos por manos humanas, sino que no necesita del servicio o la honra de manos de hombres. De esta manera, Pablo está echando por tierra todo el sistema religioso de toda Grecia. A decir verdad, Dios es aquel que nos da todo lo que necesitamos, vida, aliento y todas las cosas. Santiago dice que de Dios viene toda buena dádiva y todo don perfecto. Qué absurdo que en lugar de adorar al Creador, el hombre en su estado pecaminoso adora a la creación. En lugar de adorar al Dador del regalo, el hombre en su estado pecaminoso adora el regalo. En nuestro próximo estudio bíblico vamos a continuar estudiando el mensaje de Pablo en el Areópago. Cuán bueno y maravilloso es nuestro Dios, amable oyente. Él es el Creador, Él es el Sustentador. Él está interesado personalmente en cada uno de nosotros. Yo no sé qué ideas tendrá Usted sobre Dios, sobre la vida, sobre el futuro, pero lo que sí puedo decirle con la autoridad de la palabra de Dios es que necesita de este Dios que anunció Pablo en el Areópago. Si no tiene todavía una relación personal con este Dios, yo le invito a recibir al Señor Jesucristo como su único y personal Salvador, reconociendo que él murió en la cruz del Calvario por Usted y tres días después resucitó de los muertos y hoy está vivo, ofreciendo vida eterna a todo aquel que en él cree. Que Dios le guíe a tomar esta decisión importante.