Muy bien, volviendo al tema de los dones espirituales y hablando del don de fe, a manera de definición diremos que es la obra sobrenatural de Dios en algunos creyentes, mediante el Espíritu Santo, por la cual estos creyentes tienen una capacidad sobrenatural de reconocer lo que Dios quiere hacer en situaciones especificas y por tanto confían en El hasta que se realice.

También se ha dicho que el don de fe es la capacidad de hacer la obra de Dios sin contar con la provisión visible para ello, pero con un gran convencimiento de que, en algún momento, el Señor se encargará de suplir todas las necesidades.

Como explicación debemos señalar que los creyentes que tienen el don de fe poseen un extraordinario entendimiento de lo que es la voluntad de Dios y es con este fundamento que tienen la plena seguridad de que Dios va a hacer lo que ellos esperan que haga.

El don de fe no es lo mismo que lo que se da por llamar pensamiento positivo. Quizá tú, amigo oyente te habrás encontrado con personas que se concentran mentalmente en lo que quieren que se haga y aparentemente, al menos eso es lo que ellos dicen, se cumple su deseo.

Cuando yo estudiaba en la universidad tenía un compañero que actuaba de esta manera. Antes de cada examen se concentraba mentalmente en que le iba a ir bien. Algunas veces le iba bien, pero la mayoría de las veces no era así. A mí me daba mejor resultado el estudiar antes que el pensar positivamente que me iba a ir bien en el examen.

El don de fe es mas bien el convencimiento interior de que Dios va a hacer tal o cual cosa. Es algo que el Espíritu Santo lo pone en la persona que tiene el don de fe y consecuentemente esa persona actúa como si ya se hubiera logrado algo que todavía no se lo puede ver.

Cuando mi familia y yo estuvimos estudiando la Biblia en la República Argentina, conocí a un hermano que tenía el don de fe. Estaba convencido que la iglesia debía emprender con la construcción de su templo. Habló a los líderes de la iglesia sobre ello y los líderes dijeron: “Estás loco porque tú bien sabes que no tenemos dinero para eso.” El hermano dijo: “No importa. El Señor nos irá dando el dinero a medida que lo necesitemos.” Insistió tanto, que convenció a los líderes de la iglesia y se inició la construcción. Efectivamente, de maneras muy diversas y hasta milagrosas, el Señor fue proveyendo todo lo que hizo falta para construir un hermoso templo. Este hermano tenía el don de fe.

Por otro lado, todo creyente tiene una cierta medida de fe. La ejercitamos en muchas ocasiones y en diversas maneras. Hicimos uso de nuestra fe cuando recibimos a Cristo como Salvador. Hacemos uso de nuestra fe cuando confesamos nuestros pecados y sabemos que Dios nos perdona. Todo es por fe. Pero además de ello, existen ciertos creyentes que tiene el don de fe para discernir con claridad la voluntad de Dios y no descansan hasta ver que Dios haga su obra.

Como síntomas, diremos que los creyentes que tiene el don de fe, experimentan un deseo de aceptar las promesas bíblicas en su valor literal y por ende tienen un deseo vehemente por tomar estas promesas y aplicarlas a situaciones específicas.

Además, tienen la seguridad de que Dios no solamente puede hacer tal o cual cosa, sino que efectivamente va a hacer tal o cual cosa. Muchos de nosotros sabemos, quizá intelectualmente que para Dios nada es imposible, pero son pocos los que toman esto en su sentido literal. Si todos lo hiciéramos nos ahorraríamos muchos pesares innecesarios.

Finalmente consideremos el don de discernimiento de espíritus. Como definición diremos que es la capacidad sobrenatural dada por Dios mediante el Espíritu Santo a algunos creyentes, por la cual estos creyentes pueden determinar si un maestro, predicador, profeta o pastor está hablando bajo los impulsos del Espíritu Santo, bajo los impulsos de su propio espíritu o bajo los impulsos de Satanás o sus demonios.

Como explicación diremos que se trata de una capacidad para distinguir entre la verdad y el error. Este don fue clave en el primer siglo cuando había profetas y evangelistas viajando y predicando en las iglesias y no había todavía una Biblia completa para comprobar si sus enseñanzas eran correctas. La misma Biblia nos habla de la existencia de falsos apóstoles, o de obreros fraudulentos que pueden perfectamente engañar a los creyentes sinceros. En la actualidad se necesita de este don para proteger a la iglesia del error doctrinal.

Este don será muy importante en los postreros tiempos porque pasajes como 1ª Timoteo 4:1 nos hablan de que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Se necesita de creyentes dotados con este don, para desenmascarar a los falsos maestros.

Los creyentes que poseen este don tienen un sentido agudo para reconocer las inconsistencias de los falsos maestros. Esto les conduce a ser muy críticos de todo lo que escuchan. Casi siempre están confrontando lo que oyen o lo que leen con lo que dice la palabra de Dios. Son personas con un amplio dominio de las Escrituras.

Si tú amigo oyente, tienes una habilidad sobrenatural para detectar errores doctrinales en sermones o en los libros, es muy posible que poseas este interesante don de discernimiento de espíritus.

A manera de comentario final, es una bendición que Dios haya dotado a los creyentes de una manera tan especial. Si tan solo hiciéramos uso de lo que tenemos, la iglesia seria realmente poderosa. Pero la triste realidad es que la iglesia en general es como un millonario que vive en una pocilga. Es extremadamente rica en capacidades, pero no hace uso de ellas.

Nuestra oración es que tú, amigo oyente salgas del mundo de la mediocridad y te proyectes hacia la excelencia por medio de conocer y usar los dones que Dios en su gracia te ha otorgado.