Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido a un nuevo estudio bíblico en la epístola de Pablo a los Filipenses. Una de las experiencias más dolorosas para todo creyente es presenciar la división de una iglesia local, lo cual ocurre cuando dos bandos antagónicos no logran superar sus diferencias. Con certeza se ha dicho que cuando una iglesia local se divide, los miembros de la iglesia local lloran, no importa en qué bando estén, mientras el mundo ríe y el que ríe más alto es Satanás. Así es mi querido amigo, una división en una iglesia local es para llorar y por tanto significa un gran triunfo para el enemigo, por eso el mundo y Satanás ríen a carcajadas. ¿Se puede evitar las divisiones en la iglesia local? Ciertamente sí, y justamente de esto trata el tema del estudio bíblico de hoy, traído por el hermano David Logacho.

Abramos nuestras Biblias en la epístola de Pablo a los Filipenses, capitulo 4 versículos 1 a 4.

Como antecedente, señalaremos que en la iglesia local de Filipos había surgido una disputa entre dos hermanas. La una se llamaba Evodia y la otra Sintique.

La Biblia no nos indica el motivo de la disputa, lo cual nos hace pensar que no era un asunto importante. Qué coincidencia, porque muchas de las disputas en las Iglesias locales de la actualidad también giran alrededor de motivos totalmente secundarios.

Ud. no me va a creer, pero conozco del caso de una iglesia que se dividió por el color de las paredes del templo. No exagero, amigo oyente. El asunto de qué color se debe pintar el templo fue planteado en la Junta Administrativa de una iglesia. Uno de los diáconos propuso un color blanco, pero otro de los diáconos propuso un color celeste. El asunto se puso a discusión y no se imagina Ud. la pasión que se encendió. Definitivamente no podían ponerse de acuerdo en el color que debían pintar el templo. El pastor entonces dijo: Basta de discusión, el templo se va a pintar de blanco y punto. Los partidarios del celeste lo tomaron como algo personal, no dijeron nada, más en la sesión, pero no volvieron más a la iglesia y por supuesto que muchos hermanos de la congregación se unieron a ellos.

Cosas así están pasando mi amigo, y desafortunadamente están causando división dentro de las iglesias. Pablo sabia de las diferencias de opinión entre Evodia y Sintique y por tanto les exhorta con las palabras de Filipenses 4:2 «Ruego a Evodia y a Sintique, que sean de un mismo sentir en el Señor»

Note que Pablo no está ordenando, sino esta rogando. Evodia y Sintique conocían muy bien a Pablo, sabían de sus aflicciones a causa del evangelio, por tanto un ruego de él, para ellas tenía más peso que una orden. El ruego tiene que ver con que estas hermanas tengan un mismo sentir en el Señor.

Evodia tenía su opinión sobre cierto asunto, Sintique tenía una opinión diferente sobre el mismo asunto, y esta diferencia de opinión las alejó mutuamente, pero ambas opiniones diferían de la opinión del Señor.

Lo que tenían que hacer estas dos hermanas es renunciar a sus particulares puntos de vista, sobre determinado asunto para en oración buscar la voluntad del Señor sobre ese asunto.

Casi siempre, los problemas de este tipo en las iglesias surgen porque las personas involucradas en los conflictos tratan de hacer prevalecer sus propios puntos de vista, quieren imponer sus planes, sus proyectos, sus ideas. Pero si todos decidieran poner a un lado sus propios planes e ideas y en conjunto buscarían la dirección del Señor, los problemas terminarían.

¿Por qué, es necesario tener un mismo sentir en el Señor? Pablo nos da al menos tres razones en este pasaje.

Primero, porque así se evita la debilidad, Filipenses 4:1 dice «Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados»

Pablo se dirige a los filipenses y les colma de elogios. Les llama hermanos, míos amados, una frase que comunica intimidad entre Pablo y los filipenses. Luego les llama deseados. En el idioma en el que se escribió el Nuevo testamento, esto significa que Pablo agonizaba por verles. Había pasado bastante tiempo desde que Pablo los había visto y tal era su amor por ellos que Pablo deseaba profundamente volver a verles. Luego dice que son su gozo y su corona, como señalamos en un estudio bíblico pasado, al pensar en la fe de los filipenses. Pablo por un lado experimentaba gozo y por otro lado sabía que algún día iba a ser premiado por el Señor por el trabajo que habla hecho entre ellos. Termina diciéndoles nuevamente que los filipenses son los amados, esto es, las personas que se beneficiaron de las acciones de sacrificio del apóstol. Hermosa descripción de estos creyentes ¿no le parece?

Pero aún así, estos creyentes estaban sufriendo algo de debilidad. La debilidad se debía a la rivalidad entre algunos de la congregación, como Evodia y Sintique. Por eso Pablo les dice: Estad firmes en el Señor.

Las luchas internas, las amenazas de división, la falta de unanimidad entre los miembros de una congregación debilita a la congregación. Las luchas internas son como un cáncer que de a poco va debilitando un cuerpo. Pablo dice, no se dejen vencer por lo que está pasando, manténganse firmes en el Señor.

Hallen en el consuelo en medio del dolor por las luchas fratricidas. Hallen en él la sabiduría y la humildad para vencer el orgullo y tener un mismo sentir en el Señor. Así que, el tener un mismo sentir en el Señor evita la debilidad en la congregación.

En segundo lugar, el tener- un mismo sentir en el Señor evita la distracción en la obra del Señor. Filipenses 4:3 dice: «Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida»

Pablo se dirige a alguna persona en particular en la congregación, probablemente a Epafrodito, un creyente maduro, espiritualmente hablando y le pide que intervenga, para que Evodia y Sintique vuelvan a tener armonía.

Muchas veces, la intervención de una persona madura espiritualmente puede ayudar mucho a limar asperezas entre las partes en conflicto, pero observe el argumento que debía, usar esta persona al aconsejar a Evodia y Sintique. Tenía que hacerles meditar en lo mucho que ellas trabajaron juntamente con Pablo y Clemente para, el progreso del evangelio, sin embargo ahora estaban peleando entre ellas.

Cómo cambiaron las cosas, antes trabajaban para el Señor, ahora no tenían tiempo para trabajar para el Señor, porque estaban distraídas, perdiendo el tiempo en sus peleas.

Igual es con nosotros, a veces nos embarcamos en discusiones sin importancia y gastamos tiempo y energía en nuestras peleas mientras la obra del Señor está abandonada. Qué triste que, mientras millones de personas, están pasando de este mundo al infierno, nosotros los creyentes nos encontramos ocupados en pelear entre nosotros. El enemigo quiere justamente aquello. Si logra mantenernos ocupados en nuestras luchas internas, él estará contento porque no podremos arrebatarle almas que están camino al infierno.

Además de eso, tanto Evodia como Sintique, y Clemente y Pablo y todos los creyentes tenemos, nuestros nombres en el libro de la vida. Somos salvos, somos hermanos, nos espera un futuro glorioso, cómo es posible que aún así vivamos peleando entre nosotros. Las peleas entre hermanos no va con lo que somos, amigo oyente. El tener un mismo sentir en el Señor, evita la debilidad y la distracción.

Finalmente, en tercer lugar, evita el descontento. Filipenses 4:4 dice: «Regocijaos en el Señor siempre, otra vez digo Regocijaos»

Las luchas internas conducen a la tristeza, al dolor, al descontento. Por eso Pablo dice: Regocíjense en el Señor. Arreglen sus diferencias teniendo un mismo sentir en el Señor y esto va a devolverles el gozo que han perdido por andar en peleas.

¿Está Ud. enemistado con alguien en la iglesia? Esto sin duda estará privando el gozo. Aplique a su vida lo que dice Pablo. Ceda su derecho a hacer prevalecer su punto de vista y busque el punto de vista del Señor. Tenga un mismo sentir en el Señor. Busque su guía y evitará la debilidad, la distracción y el descontento. Que el Señor le bendiga.

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