Reciba afectuosos saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido a un nuevo estudio bíblico en el libro de Hageo. El ser humano es en realidad un cofre de sorpresas. Una de esas sorpresas es el pensar que puede agradar a Dios por medio de cumplir con ritos religiosos. Muchas personas son como aquel hombre que pasaba borracho de lunes a sábado, pero el domingo iban bien bañado y bien peinado a la iglesia del pueblo. Un día un amibo suyo le confrontó. ¿Cómo es posible, le dijo, que toda la semana seas un espectáculo desagradable para la gente del pueblo y el domingo estés en la primera fila de la iglesia. El hombre respondió: Es que el venir a la iglesia es el peor suplicio para mí, pero cuando lo hago, Dios me da permiso para hacer lo que yo quiera el resto de la semana. Quizá Ud. estará pensando: ¡Qué borracho más degenerado e hipócrita! Pero no seamos prontos a juzgar, porque a lo mejor más de una vez nosotros también hemos cumplido con actos religiosos, pensando que así vamos a apaciguar a nuestro Dios a quien hemos ofendido con nuestro pecado. En la época de Hageo estaba ocurriendo exactamente eso. La gente estaba trabajando febrilmente en la re-edificación del templo y muchos estaban pensando que con eso, Dios estaba muy feliz con ellos y que tenían permiso para vivir como quisieran. En otras palabras, tenían sus manos manchadas de pecado sin embargo estaban edificando una obra para Dios. Dios por tanto va a confrontar esta manera de pensar por medio de Hageo y en ello nos va a dejar una hermosa y práctica lección para nosotros. Sobre esto nos hablará David Logacho luego de la pausa musical.

Le invito abrir su Biblia en el libro de Hageo, capítulo 2 versículo 10 a 14.
En este pasaje tenemos la introducción de la profecía, la ilustración de la profecía y la intención de la profecía.
En cuanto a la introducción de la profecía, Hageo 2:10 dice: “A los 24 días del noveno mes, en el segundo año de Darío, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo”
Mirando retrospectivamente, encontraremos que según Hageo 2:1 Dios habló por medio de Hageo en el mes séptimo a los 21 días del mes. El mensaje era para animar al pueblo para continuar con sus trabajos de reconstrucción del templo porque Jehová de los ejércitos estaba con ellos.
En el octavo mes, otro profeta, cuyo nombre de Zacarías, habló nuevamente al pueblo. Su mensaje fue un llamado al arrepentimiento. Zacarías 1:3 dice: “Diles, pues: Así a dicho Jehová de los ejércitos: Volvemos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos”
Qué interesante, el pueblo estaba trabajando en la obra de Dios, la reconstrucción del templo, pero sus corazones estaban lejos de Dios. Por eso Dios clama diciendo: Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros.
Cuan fácil es embarcarse en la obra de Dios y olvidarse del Dios de la obra. Hoy por hoy existe cantidad de personas que hacen la obra de Dios, pero sus corazones están lejos de Dios. Ellos necesitan volverse a Dios para que Dios también se vuelva a ellos. Hacer la obra e Dios con las manos manchadas de pecado es una grave ofensa a Dios y eso era justamente lo que estaba haciendo el pueblo en los días de Hageo.
Probablemente algunos habrán hecho caso al llamado de Dios por medio de Zacarías, pero probablemente fueron pocos, porque llega el noveno mes y a los 24 días nuevamente Dios habla al pueblo por medio de Hageo. Esto lleva a considerar la ilustración de la profecía Hageo 2:11-13 dice: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Preguntad ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida. ¿Será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No. Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿Será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será”
Dios ordena a Hageo a preguntar a los sacerdotes a cerca de la ley ceremonial. Esto tenía que ser así, porque son los sacerdotes quienes tienen la última palabra en esto. Malaquías 2:7 dice ”Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley: Porque mensajero es de Jehová de los ejércitos”
La consulta era esta: Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el velo de ella tocare pan, o vianda, o vino o aceite o cualquier otra comida, ¿será santificada? Para responder a esta pregunta los sacerdotes tuvieron que remitirse a textos como Levítico 6:27 donde dice: “Todo lo que tocare su carne, será santificado; y si salpicare su sangre sobre el vestido, lavarás aquello sobre que cayere, en lugar santo”
Aquí tenemos un vestido que ha sido tocado por la carne santificada para un sacrificio. Por ser tocado con algo santificado, el vestido no queda santificado, porque para ser santificado tenía que ser lavado en el lugar santo.
En resumen, lo santificado no santifica cualquier objeto que entra en contacto con él.
La otra pregunta era: si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, es decir el pan, o la vianda o el vino o el aceite o cualquier otra comida, ¿será inmunda? Para responder los sacerdotes tuvieron que remitirse a textos como Números 19:22 donde dice: ”Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo y la persona que lo tocare será inmunda hasta la noche”
En resumen entonces, lo inmundo, a diferencia de lo santificado, contamina todo lo que entra en contacto con él. Según la ley ceremonial entonces, lo santificado no confiere santidad a lo que entra en contacto con él en cambio lo inmundo transforma en inmundo todo lo que entra en contacto con él.
Con esto en mente vamos a la intención de la profecía. Hageo 2:14 dice: ”Y respondió Hageo y dijo: Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová; Y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo aquí ofrecen es inmundo”
Hageo está aplicando la ilustración al pueblo de Israel y a la obra que estaba haciendo. Sus palabras son muy francas y directas. Los sacerdotes correctamente dijeron cualquier cosa que toque algo inmundo se convierte automáticamente en algo inmundo.
Al pronunciar esta última palabra, Hageo quizá grito: Así es este pueblo y esta gente delante de mí dice Jehová, y asimismo toda obra de sus manos, y todo, lo que aquí ofrecen es inmundo. La gente debe haber quedado atónita. Comprendieron a la perfección la lección de Jehová. Claro, ellos eran inmundos por el pecado que había en su corazón, y por tanto todo lo que estaba haciendo se convertía automáticamente en algo inmundo. El trabajo era inmundo, las ofrendas eran inmundas, porque venían de manos inmundas.
Qué curioso ellos pensaban qué por trabajar en la reconstrucción del templo, que era la obra de Dios, estaban volviéndose santificados y que Dios les estaba aceptando, pero ahora, su error esta siendo puesto en evidencia cuando Dios les dice que todo lo que estaban haciendo era inmundo y por tanto aborrecible para Dios.
El pueblo necesitaba santificarse, arrepentirse, cambiar su mentalidad hacia el pecado, para que sus obras también sean santificadas y por tanto agradables a Dios. Pero dejémonos momentáneamente a un lado al pueblo de Israel y dirijamos nuestra mirada hacia nosotros mismos.
¿Estamos sirviendo al Señor con manos manchadas de pecado? Si es así, nuestras manos manchadas de pecado están, echando a perder la obra que estamos haciendo para Dios. Necesitamos por lo tanto reconocer nuestro pecado, y si ya somos creyentes confesarlo a Dios como tal y apropiarnos de su promesa de limpieza. Oh cuanta falta nos hace servir al Señor con vidas santas.
Pero si Ud. todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, Ud. es un pecador condenado y todo lo que haga, aunque sea algo loable, está contaminado por el pecado y por eso Dios no lo puede aceptar. Si este es su caso, Ud. desesperadamente necesita creer en Cristo como su Salvador, porque. Él derramó su sangre para que Ud. pueda ser perdonado santo delante de Dios. Solo así podrá hacer cosas agradables a Dios.