Nuevamente llegamos hasta usted para compartir algo mas del interesante tema que estamos desarrollando “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo” en contados instantes David Logacho estará frente a este micrófono para seguir compartiendo con nosotros este estudio.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estamos estudiando el libro de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada por medio del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, vimos como Pedro, guiado por el Espíritu Santo, predicó por primera vez el evangelio de Cristo a un grupo de gentiles. Dios tuvo que dar una visión a Cornelio, un centurión romano, un gentil, y al mismo tiempo Dios tuvo que dar una visión a Pedro, para que los dos puedan encontrarse, con la certeza que ese encuentro era la voluntad de Dios. El mensaje de Pedro giró alrededor de la persona y obra del Señor Jesucristo. La primera parte de su mensaje tuvo que ver con la persona del Señor Jesucristo antes de su muerte y resurrección. La segunda parte de su mensaje tuvo que ver con la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, y la tercera parte de su mensaje tuvo que ver con la persona del Señor Jesucristo después de su muerte y resurrección. Mientras Pedro estaba predicando sucedió algo imprevisto. De pronto, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el mensaje de Pedro y comenzaron a hablar en idiomas que jamás habían aprendido. Esto llamó poderosamente la atención de los creyentes judíos que acompañaron a Pedro. Para todos era muy evidente que lo que acababa de pasar con los creyentes gentiles era exactamente lo mismo que pasó con los creyentes judíos en el día de Pentecostés. Ante todo esto, Pedro mandó bautizar en agua a los creyentes gentiles en el nombre de Jesús. Los nuevos creyentes gentiles rogaron a Pedro que se quede con ellos por algunos días, para aprender más sobre su nueva fe. Este fue el modelo de recepción del Espíritu Santo que prevalece hasta hoy. Primero, oír el mensaje del Evangelio, la palabra de Dios. Segundo, creer a Dios y recibir al Señor Jesucristo como Salvador. Tercero, simultáneamente, o al mismo tiempo que lo anterior, el Espíritu Santo viene a morar en la vida del creyente. Cuarto, se bautiza en agua. La presencia del don de lenguas en los creyentes que estaban en la casa de Cornelio, halla su explicación en el hecho que Pedro y los creyentes judíos, tenían que ver alguna señal para saber que lo que pasó con los creyentes gentiles fue lo mismo que pasó en el día de Pentecostés con los creyentes judíos. De esta manera Dios se aseguró que los creyentes judíos sepan que los creyentes gentiles eran parte del mismo programa de Dios. Dios no quería que haya una iglesia de creyentes judíos y otra iglesia diferente de creyentes gentiles. Otro factor que puede conducir a error tiene que ver con el hecho que los creyentes gentiles en la casa de Cornelio fueron bautizados en agua en el nombre del Señor Jesús. No se trata de una diferente fórmula bautismal. La fórmula bautismal es una, no hay más que una y es la que aparece en Mateo 28:19, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cuando Lucas dice en el libro de Hechos que los creyentes en la casa de Cornelio fueron bautizados en agua en el nombre del Señor Jesús está indicando que, por un lado se estaban identificando públicamente con el Señor Jesús como su personal Salvador, y por otro lado, estaban obedeciendo algo que el Señor Jesús estableció, lo cual es el bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Muy bien. Ante esto, Satanás, el archi enemigo de la obra de Dios estaba tratando de destruir lo que Dios estaba construyendo, por medio de causar divisiones. Sobre esto trata la primera parte del capítulo 11 de Hechos. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 11 a partir del versículo 1.
II. Lo primero que tenemos es el reproche a Pedro. Hechos 11:1-3 dice: Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?
La noticia de la conversión de los gentiles en Cesarea llegó a oídos de los once apóstoles que se quedaron en Jerusalén y a los creyentes judíos que estaban junto a ellos. Esto originó serios cuestionamientos, por cuanto estos creyentes judíos no tenían los detalles de lo sucedido. Ellos todavía pensaban que lo que Dios estaba haciendo por medio de la iglesia, era algo exclusivo para los judíos, algo en lo cual los gentiles no tenían parte alguna. Así que deben haber estado muy pendientes de la llegada de Pedro a Jerusalén para conocer de primera mano lo que había pasado. Cuando Pedro llegó, fue recibido por un comité de recepción formado por creyentes ultra celosos de ser judíos, conocidos como “los de la circuncisión” Controlados por sus celos, estos creyentes montando en ira increparon a Pedro diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Estos creyentes hicieron lo que nosotros hacemos con tanta frecuencia. Me refiero a hablar antes de escuchar, a llegar a conclusiones antes de averiguar los hechos. Para los judíos era algo horrendo que un judío entre a la casa de un gentil, ni se diga que siente a comer en la mesa con gentiles. Pero Pedro no se enojó sino que revestido de paciencia relató lo hechos. En segundo lugar consideremos la explicación de Pedro. Hechos 11:4-17 dice: Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
Me encanta la manera como Pedro comenzó a contarles por orden lo sucedido en Cesarea. Pedro no dejó nada de lado. Lo que contó fue exactamente lo que Lucas registró en el capítulo 10 de Hechos, lo cual ya lo estudiamos en detalles y por tanto no vamos a abundar más en ello. Solamente note que fueron seis los creyentes judíos los que acompañaron a Pedro a Cesarea. También note que Cornelio, a pesar de ser piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre, sin embargo no era salvo. Por eso fue necesario que Pedro le predique el evangelio para que sea salvo él y toda su casa. La vida piadosa, la buena conducta, las buenas obras, no hacen salva a una persona, sino solamente la fe en la persona y obra del Señor Jesús. Otra cosa digna de comentar es el hecho que la caída del Espíritu Santo sobre los creyentes gentiles es lo mismo que el bautismo con el Espíritu Santo. Es decir que los creyentes gentiles que recibieron a Cristo como Salvador en la casa de Cornelio, fueron bautizados con el Espíritu Santo, tan pronto tomaron la decisión de recibir a Cristo como Salvador. Así es como todos los creyentes somos bautizados con el Espíritu Santo. Es algo que sucede automáticamente el momento que recibimos a Cristo como Salvador y nunca vuelve a suceder otra vez. Como resultado de ser bautizados por el Espíritu Santo, los creyentes llegamos a ser parte del cuerpo de Cristo que es la iglesia. La conclusión de Pedro fue que si Dios concedió a los creyentes gentiles el mismo don que concedió a los creyentes judíos, ¿quién era él para estorbar a Dios? En tercer lugar tenemos la reacción de los creyentes judíos a la explicación de Pedro. Hechos 11: 18 dice: Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
Los creyentes judíos que acremente reprocharon a Pedro, tuvieron que taparse la boca al oír el informe de Pedro. Si antes de hablar hubieran oído, se habría ahorrado la vergüenza. Dice el texto que callaron y admirados glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Esto era una tácita aceptación del testimonio de Pedro. Estos creyentes judíos sabían ahora que Dios en su gracia y misericordia ha extendido la frazada de la salvación, del arrepentimiento para vida, también a los gentiles. Dios no hace acepción de personas. No importa la nacionalidad, Dios ama a todos por igual y otorga a todos por igual la oportunidad de ser salvos por medio de recibir a Cristo como Salvador. No deje pasar esta oportunidad. Hoy mismo reciba a Cristo como su Salvador.