Reciba cordiales saludos amable oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Continuamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie titulada: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de un diálogo que Jesús mantuvo con los fariseos durante la semana de la pasión.

Es motivo de mucho gozo compartir este tiempo con usted, amable oyente. En el tercer día de la semana de la pasión, Jesús fue minuciosamente investigado por sus enemigos, con la finalidad de hallar alguna falta en él que pueda ser utilizada como justificativo para condenarlo a muerte. Jesús ya tapó la boca a los herodianos, y lo propio a los saduceos. Ahora les toca el turno a los fariseos. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 22:34-46. Este pasaje bíblico se divide en dos partes. En la primera parte, los fariseos preguntan a Jesús. En la segunda parte, Jesús pregunta a los fariseos. Consideremos la primera parte. Allí encontramos lo que motivó la pregunta de los fariseos. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 22 a partir del versículo 34. Voy a leer justamente este versículo. La Biblia dice: Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.
Con su magistral enseñanza en cuanto a la resurrección, Jesús prácticamente puso un tapón en la boca de los saduceos. Esto debe haber traído una disimulada satisfacción a los fariseos, porque los fariseos odiaban a los saduceos, aunque unieron fuerzas para enfrentarse con Jesús. Los fariseos eran los descendientes espirituales de los judíos piadosos que habían luchado contra los helenizantes en los días de los primeros macabeos. El nombre fariseo, que significa “separatista” les fue puesto por sus enemigos, probablemente para indicar que eran no conformistas. Con todo, es posible que fuese usado despectivamente a causa del rigor estricto que les separaba, tanto de sus compatriotas judíos como de los gentiles. La lealtad a la verdad produce a veces orgullo y aun hipocresía, y fue esta perversión del primitivo ideal farisaico la que Jesús denunció. Pablo el apóstol, se incluyó a sí mismo entre los miembros de este grupo ortodoxo dentro del judaísmo de su tiempo. Así que, como los saduceos no lograron nada en cuanto a hallar alguna falta en Jesús, los fariseos se juntan a una para tratar de hallar alguna falta digna de muerte en Jesús. En unidad de criterio, tal vez los fariseos nombraron al más brillante de ellos para que intente hallar alguna falta digna de muerte en Jesús. Esto nos lleva a los versículos 35 y 36 del capítulo 22. La Biblia dice: Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
El fariseo que fue escogido para atrapar a Jesús fue uno que supuestamente sabía tanto, que era intérprete de la ley. Este experto en la ley de Moisés hizo una pregunta a Jesús con el fin de atraparlo. Mateo dice que el intérprete de la ley hizo la pregunta para tentar a Jesús. La pregunta era: ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? No se trataba de una pregunta cualquiera porque los intérpretes de la ley venían debatiendo esto desde hace mucho tiempo. La ley de Moisés consiste de 613 preceptos y mandamientos. 248 son positivos y 365 son negativos. Nadie está en capacidad de cumplir con todo esto. Así que, para facilitar las cosas, los expertos en la ley de Moisés dividían a los mandamientos entre los que son importantes y los que no son tan importantes. Se suponía que con tal de cumplir con los importantes, no había problema con incumplir los no importantes. La falacia de este artificio radica en que a ningún momento Dios ha dicho que se puede romper un mandamiento, no importa si es importante o no, y que no va pasar nada. Note lo que tenemos en Santiago 2:10. La Biblia dice: Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.
La respuesta de Jesús no se hizo esperar. Se encuentra en Mateo 22:37-40. La Biblia dice: Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Jesús está citando la “Shema”, que se encuentra en Deuteronomio 6:4. Era una declaración de fe que los judíos piadosos repetían diariamente. La palabra “Shema” viene de la palabra hebrea que significa: Oye. La declaración de fe comienza con: Oye Israel. El gran mandamiento es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Esto significa amar a Dios con todo lo que somos y tenemos: corazón, alma, mente, fuerza, posesiones, servicio. Amar a Dios no significa pensar bien sobre él. El verdadero amor se manifiesta en darse todo a él. Donde hay amor debe haber servicio y obediencia. Pero el amor a Dios no puede divorciarse del amor al prójimo. Por eso Jesús citó Levítico 19:18 y lo puso en el mismo nivel de la “Shema” Todos los demás mandamientos dependen de estos dos. No se puede decir que se ama a Dios y a la vez odiar al prójimo. Aquí es donde los fariseos deben haber quedado con la boca abierta. Ellos se jactaban de amar al Señor su Dios, con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente, pero al mismo tiempo estaban odiando tanto a Jesús que estaban buscando la forma de matarle. Algo absurdo. El odio de los fariseos hacia Jesús estaba demostrando que no era verdad que ellos amaban al Señor su Dios, con todo su corazón, con toda su alma, y con toda su mente, como ellos afirmaban. Amable oyente, usted no puede decir que ama a Dios con sinceridad, si a la vez odia a alguien. De modo que, como afirma el dicho, los fariseos fueron por lana y salieron trasquilados. Ellos estaban en el error, ellos estaban quebrantando los mandamientos al odiar al prójimo. Jesús no. En este punto, se produce un cambio de papeles. De investigado, Jesús se transforma en investigador. Tal vez Jesús pensó dentro de sí: Ustedes fariseos se jactan de ser conocedores de la ley, veamos si es verdad. Les voy a hacer una pregunta. Esto nos lleva directamente a la pregunta de Jesús. Leo en Mateo 22:41 y la primera parte del versículo 42. La Biblia dice: Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?
Jesús es el Cristo, el Mesías de Israel, eso lo sabemos usted y yo y muchos otros, pero los fariseos a quienes estaba hablando Jesús, aunque tal vez lo sabían, no lo querían admitir. Por eso, Jesús va a dejar que el propio Antiguo Testamento muestre a estos fariseos el error que estaban cometiendo. A eso viene la pregunta de Jesús a los fariseos: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quien es hijo? Los fariseos conocían a fondo el Antiguo Testamento, así que no deberían tener problemas en contestar la pregunta de Jesús. Veamos como respondieron. La respuesta se encuentra a partir de la segunda parte del versículo 42. La Biblia dice: Le dijeron: de David. ¡Correcto! Pudo haber exclamado Jesús. Sin embargo, sobre lo que ustedes han dicho, déjenme hacerles otra pregunta. Mateo lo registra en los versículos 43 a 45. La Biblia dice: El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?
Jesús está citando Salmo 110:1. Es un salmo escrito por David. Jesús dice que David lo escribió inspirado por el Espíritu Santo. Es una evidencia más de la inspiración de las Escrituras. Dice así este versículo en este Salmo: Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Todo judío ortodoxo entendía que este versículo en este Salmo, está hablando del Cristo, del Mesías de Israel. Solo alguien como el Cristo podría sentarse a la diestra de Jehová Dios. Si el Cristo o el Mesías es hijo de David, dijo Jesús a los fariseos, entonces ¿cómo es que David le llama su Señor, un título de deidad, equivalente a Jehová? Existe una sola explicación: Como Dios, el Cristo o el Mesías es el Señor de David, o Dios para David, como hombre, el Cristo o el Mesías es el hijo de David. Como afirma Apocalipsis 22:16, Jesús es tanto la raíz de David como el linaje de David. Los fariseos acaban de enterarse entonces que Jesús no estaba loco cuando afirmaba que él es el Cristo, o el Mesías de Israel, porque el mismo Antiguo Testamento que los fariseos se jactaban tanto de defender, afirma que el Cristo es totalmente hombre como totalmente Dios. Ante la contundencia del razonamiento de Cristo, los fariseos se quedaron mudos. Note lo que tenemos en Mateo 22:46. La Biblia dice: Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.
Qué maravilloso. Nadie pudo hallar alguna falta de palabra o de obra en Jesús. Se acabaron los argumentos de los herodianos, los saduceos, los fariseos, los escribas, los principales sacerdotes, y los ancianos del pueblo, el famoso sanedrín. Nadie se atrevía a preguntarle más. Jesús ha demostrado ser el cordero sin mancha ni contaminación, adecuado para ser sacrificado en la pascua. Demos gracias a Dios por tener en Jesús a un Salvador tan maravilloso.

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