Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy.

Hemos iniciado el estudio de los eventos futuros, no por mera curiosidad ni porque no tengamos otras cosas que tratar, sino porque la misma palabra de Dios afirma que es bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo esta cercano.

El creyente es bienaventurado al conocer y entender lo que Dios hará con sus hijos en el futuro. Esto traerá paz y gozo a su corazón.

El primer evento de una serie de eventos que están por ocurrir dentro de poco, porque el tiempo esta cercano, es lo que se conoce con el nombre de arrebatamiento.

Ya hemos señalado que arrebatamiento es la acción de arrebatar, lo cual a su vez significa trasladar un objeto de un lugar a otro mediante una fuerza irresistible en forma instantánea, para evitar un peligro inminente.

También hemos visto que durante su ministerio terrenal, el Señor Jesucristo anunció el arrebatamiento cuando a sus atribulados discípulos les dijo: Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomare a mi mismo, para que donde yo estoy vosotros también estéis.

Note la expresión: Os tomare a mí mismo. Esto es el arrebatamiento en promesa. En algún momento, en el futuro, el Señor Jesucristo vendrá otra vez para tomar a los que son suyos. Como vemos, no se dan mayores detalles, queda flotando en el ambiente algunas interrogantes.

Por eso justamente Dios por medio de su Espíritu comunicó al apóstol Pablo los detalles de este magno acontecimiento, Pablo los registro en dos de sus libros: 1ª Tesalonicenses y 1ª Corintios lo cual será el tema que el hermano David Logacho compartirá con nosotros en el estudio bíblico de hoy.

Una vez que hemos considerado el significado de la palabra arrebatamiento y el antecedente del arrebatamiento, nos corresponde ahora considerar el fundamento bíblico del arrebatamiento. Existen dos pasajes bíblicos que se refieren a él, ambos escritos por el apóstol Pablo bajo la inspiración del Espíritu Santo.

El primero se halla en la primera epístola de Pablo a los Tesalonicenses capítulo 4 versículos 13-18. Como antecedente, diremos que los creyentes de Tesalónica eran ignorantes de algunos detalles del arrebatamiento.

Por ejemplo, ellos pensaban que un creyente que ha muerto, ha perdido su oportunidad de participar en el arrebatamiento. Este error les condujo a entristecerse sobremanera cuando un creyente fallecía. También pensaban que existía la posibilidad de que algunos creyentes no sean arrebatados por alguna razón, quizá por haber cometido algún pecado.

A decir verdad, algunos creyentes de Tesalónica pensaban que el arrebatamiento ya había acontecido y que ellos se habían quedado. Falsas creencias como estas fueron refutadas por Pablo en su enseñanza sobre el arrebatamiento.

Primeramente, comienza por afirmar que la muerte de un creyente, de ninguna manera priva a ese creyente de su participación en el arrebatamiento. 1ª Tesalonicenses 4:13-14 dice: “Tampoco queremos, hermanos que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis corno los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”.

Los creyentes de Tesalónica fueron ignorantes sobre los creyentes que han muerto, al pensar que el arrebatamiento se había esfumado para ellos. Esta forma de pensar les condujo a experimentar una tristeza desmedida cuando algún creyente partía de este mundo.

Pablo dice: Miren hermanos, si Uds. supieran que la muerte no priva a un creyente de participar en el arrebatamiento, no se entristecerían como los incrédulos se entristecen cuando muere una persona. Para el incrédulo la muerte de una persona no importa si es o no creyente, es el fin de todo, es el salto a la nada y por eso se entristece sobremanera. Pero para el creyente, la muerte de otro creyente no es sino la partida del alma y el espíritu al hogar celestial, y el cuerpo a la tumba, a esperar la resurrección.

Será como aconteció con Jesús. Él murió, pero no quedo en una tumba, sino que resucitó. De igual manera, el creyente que muere, no quedara en una tumba sino que Dios le resucitara y una vez resucitado será traído por Dios con Jesús. Esto es el arrebatamiento.

En esencia entonces, la muerte de un creyente no significa que ese creyente no participara en el arrebatamiento, porque claramente la Biblia enseña que todos los creyentes que han muerto antes del arrebatamiento, serán resucitados primeramente y una vez resucitados serán arrebatados para estar con el Señor para siempre.

Esto nos conduce a lo que Pablo menciona a continuación. 1ª Tesalonicenses 4:15 dice: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron”.

En otras palabras, los creyentes que vivamos cuando ocurra el arrebatamiento no tendremos ninguna ventaja sobre los creyentes que han muerto antes de que ocurra el arrebatamiento. No precederemos denota que no llegaremos antes, que no nos anticiparemos.

¿Cómo se lograra esto? La respuesta la tenemos en 1ª Tesalonicenses 4:16-17 donde dice: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitaran primero, luego nosotros los que vivimos los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Habrá un descenso del Señor desde el cielo. No será un ángel, sino el mismo Señor Jesucristo, quien con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios anunciará el momento tan esperado. Tan pronto se escuche su voz, resucitarán los muertos en Cristo, esto es, se levantarán de sus tumbas todos los que han muerdo habiendo confiado en Cristo como su Salvador.

Note que esta resurrección no es una resurrección general de creyentes e incrédulos, tampoco es una resurrección general de creyentes. Es una resurrección de los muertos en Cristo únicamente, lo cual se refiere única y exclusivamente a los miembros de la iglesia de Cristo que han muerto entre la fundación de la iglesia de Cristo y el arrebatamiento.

Los creyentes del Antiguo Testamento también resucitaran pero no en esta oportunidad. Los incrédulos también resucitaran, pero no en esta oportunidad.

La resurrección en el arrebatamiento será solamente para los miembros de la iglesia de Cristo que han muerto. Acto seguido, los que vivamos cuando el arrebatamiento acontezca, seremos arrebatados juntamente con los creyentes muertos que acaban de resucitar y de esa manera, formando un solo cuerpo recibiremos al Señor en el aire y así estaremos siempre con el Señor.

Necesario es indicar que antes de ser arrebatados, los creyentes que vivamos cuando ello acontezca, seremos previamente transformados. Esto lo vemos en 1ª Corintios 15:51-53, lo cual será nuestro tema para el próximo estudio bíblico.

Observe además que en el arrebatamiento, el Señor no pondrá su pie en la tierra. Vendrá a las nubes únicamente. Desde allí, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios arrebatara a su pueblo.

El arrebatamiento es por tanto, un asunto privado entre el Señor y los que somos de él, no importa si hayamos muerto o estemos vivos. El arrebatamiento no será un acontecimiento que lo percibirán los incrédulos. Lo único que ellos notaran es la súbita desaparición de millones de personas. Esto por supuesto, generara una serie de hipótesis inverosímiles, en un loco afán por explicar lo sucedido.

Se esgrimirán argumentos tan absurdos como aquel que los seres humanos que han desaparecido han sido secuestrados por supuestos ovnis. No esta por demás señalar que la súbita desaparición de los creyentes ocasionará también desgracias de magnitud.

Imagine Ud. por ejemplo, si el piloto de una aeronave en vuelo es creyente. El momento del arrebatamiento, esa nave quedaría sin piloto, dando lugar a una catástrofe aérea probablemente.

Así que, la muerte no trunca la esperanza de participar en el arrebatamiento para el creyente. Además todo verdadero creyente participara en el arrebatamiento. Nadie será dejado. ¿Cuál debería ser la reacción apropiada en los creyentes? 1ª Tesalonicenses 4:18 dice: “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”

Sabiendo que a los creyentes nos espera esta gloriosa experiencia, no importa si muramos o vivamos, debemos vivir animados aun ante la inminencia de nuestra propia muerte o la muerte de un ser amado que también está en Cristo.

Finalmente un llamado a la reflexión para Ud. que todavía no esta en Cristo. Ud. no tiene derecho a participar en el arrebatamiento. Si desea ser parte de el reciba a Cristo como su Salvador personal hoy mismo.

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