Saludos cordiales amigo oyente. Bienvenido a un nuevo estudio bíblico en la epístola de Pablo a los Filipenses. ¿Sabia Ud. que los problemas emocionales y mentales van en constante aumento a medida que transcurre el tiempo? Es por esto que durante los últimos 30 años el personal que atiende a pacientes con desórdenes emocionales, y mentales aumentó de 14.000 a 100.000 en los Estados Unidos. Este personal comprende psiquiatras, psicólogos, y enfermeras. Solo en los Estados Unidos, están hospitalizados unos 17 millones de pacientes con problemas emocionales y mentales y ocupan nada más y nada menos que la mitad de las camas existentes en los hospitales. Ante esta lacerante realidad, es muy válida la pregunta: ¿Se puede evitar los desórdenes emocionales y mentales? Ciertamente sí, y de eso nos estará hablando el hermano David Logacho.

Abra por favor su Biblia en Filipenses 4:5-7.

En el versículo 7 leemos lo siguiente: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”

Este texto nos habla de guardar nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. Cuando Pablo habla de nuestros corazones se está refiriendo a nuestras emociones, o lo que sentimos y cuando habla de nuestros pensamientos se está refiriendo a nuestra mente.

Cuando Pablo habla de guardar, se está refiriendo a custodiar. Como prisionero en Roma, Pablo estaba, custodiado por un soldado romano. Pablo no podía ir a cualquier lugar que él quisiera, porque estaba guardado o custodiado.

Así que, lo que Pablo esta diciendo es que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento custodiará nuestras emociones y nuestra mente en Cristo Jesús. Cuando nuestras emociones y nuestros pensamientos no están custodiados por la paz de Dios, son como plumas al viento, que van de un lado a otro sin ningún control.

Permítame ilustrar esto con un ejemplo. Supongamos que alguien en su familia o Ud. mismo enferma repentinamente. Emocionalmente, le embarga un sentimiento de temor. ¿Podré soportar una enfermedad así? Luego un sentimiento de duda. ¿Será, una enfermedad grave? ¿Sanaré algún día? Después un sentimiento de angustia. ¿Qué va a pasar con mi familia si me muero? ¿Quién se hará cargo de mis hijos? ¿Que pasará con el negocio? ¿Cómo será la muerte? Ve Ud. ¿cómo las emociones van de un lado para otro? Comenzó con temor, luego duda, por último angustia.

Esto es un ejemplo de emociones no custodiadas por la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento.

Lo mismo podría pasar con su mente. Quizá lo primero que pensara es cuánto dinero tengo ahorrado para pagar una costosa cirugía y la respectiva hospitalización. Después a lo mejor pensará que Dios ha sido injusto con Ud. al mandar esa enfermedad. Después quizá pensará: Por qué a Ud. y no a algún otro. Después a lo mejor pensará, quizá será mejor terminar con mi vida para evitar el sufrimiento. Y así por el estilo, la mente no custodiada por la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento va por todo lado pensando en cosas muchas veces absurdas.

Emociones y mente sin control son el caldo de cultivo para problemas emocionales y mentales.

Primero perderá el sueño, después perderá su concentración, luego perderá el control de Ud. mismo y finalmente; se volverá un neurótico y terminará en algún hospital para enfermos mentales. Perfectamente podría pasar algo así.

Pero una persona en quien la paz de Dios custodia sus emociones y su mente en Cristo, actuará como Cristo actuaría, ante la adversidad, mentalmente reconocería que una enfermedad bien puede ser una prueba y que las pruebas son tratos amorosos de Dios porque por medio de ellas podemos madurar espiritualmente.

Emocionalmente habría gozo en medio del dolor producido por la prueba, porque la palabra del Señor dice que debemos tener por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas. ¿Ve Ud. la diferencia? Así que, la clave para mantener bajo custodia nuestras emociones y nuestra mente en Cristo Jesús, está en tener la paz de Dios.

La gran pregunta es entonces: ¿Cómo podemos tener la paz de Dios? Para ello, necesitamos primeramente ser creyentes. Al recibir a Cristo como nuestro Salvador, llegamos a tener paz con Dios, porque sin Cristo en nuestras vidas estábamos enemistados con Dios a causa de nuestro pecado, pero cuando reconocimos que éramos enemigos de Dios y recibimos a Cristo como nuestro Salvador, hicimos las paces con Dios.

Efesios 2:13 y 14 dice: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz”

Recibir a Cristo como nuestro Salvador nos permitió estar en paz con Dios, y partiendo de esto podemos proseguir hacia tener la paz de Dios. En el pasaje bíblico que tenemos para hoy, tenemos dos condiciones para tener la paz de Dios.

Número uno, lo que podríamos llamara una mirada hacia afuera. Filipenses 4:5 dice: “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca”

Que interesante que la paz de Dios depende en mucho del trato que damos a otras personas. Cuando Pablo habla, acerca de nuestra gentileza, se está refiriendo a un espíritu paciente, a un trato afable, y moderado. Pablo dice entonces, tenga un espíritu paciente hacia toda persona que se cruce en su camino.

Somos muy rápidos para explotar ante la más mínima provocación, ¿verdad? Pero lo que Dios quiere de nosotros es un trato afable y gentil con todos, no solo con los que nos agradan sirio también con los que no nos caen tan bien que digamos. La razón para un comportamiento así con todos es porque el Señor está cerca, tanto en el sentido que él está presente como también en el sentido que su venida está cercana.

La cercanía del Señor debería ser un gran aliado para tratar a todos con un espíritu paciente, si el Señor nos ha tratado con un espíritu paciente, y no nos ha desechado tan pronto cometimos algún pecado, nosotros también debemos tratar con el mismo espíritu paciente a todos. Así que, sea gentil, no ande lastimando a los demás.

Número dos, lo que podríamos llamar una mirada hacia adentro. Filipenses 4:6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”

Las distintas vicisitudes que nos depara, la vida tienden a que nos volvamos, afanosos o colmados de ansiedad. Es interesante el significado de la palabra griega que se ha traducido afanoso. Literalmente significa ser tirado en diversas; direcciones.

Justamente así nos sentimos muchas veces ante la presencia de las pruebas, ¿verdad? Como consecuencia, parece que algo dentro de nosotros se desgarra y altera nuestra percepción de las cosas. Pablo dice: No permitan que nada, absolutamente nada les tire en diversas direcciones.

Para lograrlo es necesario orar. La oración es como el gran antídoto que evita que nos volvamos afanosos. Al orar o al compartir con el Padre nuestras peticiones, debemos considerar tres cosas.

Primero: En toda oración. Esto significa acercarse a Dios para adorarle con devoción.

Segundo en todo ruego, esto significa un sincero derramar el corazón delante de Dios hablando con él acerca de lo que nos aflige.

Tercero, con acciones de gracias. Esto significa una actitud de agradecimiento por la prueba, por lo que va a resultar de la prueba y porque la carga de soportar la prueba la va a llevar el Señor más no nosotros.

Note que Ud. decide entre estar afanoso o no estar afanoso. Si quiere vivir afanoso, adelante, trate de arreglarse por su propia cuenta y lo mas lejos que podrá llegar es a correr el riesgo de sufrir algún desorden emocional o mental, pero si no quiere vivir afanoso, doble este momento su rodilla ante el Señor, en toda oración, adorando su nombre, en toda súplica, compartiendo con el su carga y con acción de gracias y verá que el afán, la ansiedad, la angustia desaparecerán de su vida y Ud. podrá gozar de la paz de Dios que a su vez le permitirá tener sus emociones y su mente custodiadas en Cristo Jesús.

Que el Señor le bendiga.