Saludos cordiales amigo oyente. Es un gozo compartir con Ud. estos pocos minutos junto a la palabra de Dios. Lo que somos determina lo que hacemos. Por esto, la costumbre de Pablo de dedicar la primera parte de sus escritos a una explicación detallada de lo que somos en Cristo, para luego exhortar a actuar conforme a ello. En el Libro de Efesios, por ejemplo, Pablo dedicó tres de los seis capítulos del libro a explicar minuciosamente lo que Ud. y yo somos al haber recibido a Cristo como nuestro Salvador. Después en Efesios 4:1 di ce:»Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno ele la vocación con que fuisteis llamados» Esta es una manera de decir: Ahora que saben lo que son en Cristo, vivan de acuerdo con ello. En esencia, la vida cristiana no es sino poner en funcionamiento lo que ya somos en Cristo. Muy bien, en la epístola a los Filipenses, Pablo ha mostrado que como creyentes tenemos a Cristo como nuestro modelo. Cristo se humilló a sí mismo hasta lo sumo, y después Dios le exaltó hasta lo sumo. La humillación de Cristo es el ejemplo que Ud. y yo tenemos que seguir. Él fue quien siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Si él se humilló tanto, nosotros también debemos humillarnos así. Recuerde que humillarse no significa tener un concepto bajo de uno mismo. Humillarse significa tener un concepto adecuado de uno mismo y aún así someterse al Señor para someterse a los semejantes buscando el bienestar de ellos. Esto es humillación y en Cristo vemos el perfecto ejemplo. Así que Ud. y yo debemos tener a Cristo como nuestro ejemplo. Esto es lo que somos, debemos actuar conforme a ello. Esto será el tema del estudio bíblico de hoy.

Le invito a abrir su Biblia en la epístola de Pablo a los Filipenses, capitulo 2 versículos 12 y 13.

Este pasaje bíblico nos habla de la obediencia. Encontramos aquí, la exhortación a obedecer y la energía para obedecer.

En cuanto a la exhortación a obedecer, Filipenses 2:12 dice: «Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mí presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor»

Pablo está hablando a creyentes, no a incrédulos. Solamente los creyentes podemos obedecer a Dios, porque tenemos el poder para ello, como vamos a ver más adelante.

Los incrédulos, aunque quieran obedecer a Dios no pueden, porque no tienen el poder para ello.

Pablo se dirige a los creyentes llamándolos amados míos. Una manera muy tierna de tratarlos que indica el aprecio que sentía hacia ellos. Pero note que el texto comienza con un: Por tanto. Por tanto ¿qué? Pues, por cuanto tenemos en Cristo un gran ejemplo de humillación, Pablo quiere y en realidad ordena que actuemos, conforme a ese modelo.

En la Iglesia de Filipos había algo de problemas, algunos creyentes estaban haciendo cosas espirituales, motivados por un espíritu divisionista, antagonista y revanchista, Ud. sabe, el predicar, orar, cantar no para la gloria del Señor sino para la gloria del hombre, para buscar rédito en ello. Todo era producto de su orgullo, de su afán por vanagloriarse.

La solución para este conflicto era la humillación en todos los creyentes. ¿Cómo debían humillarse? Pues, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Con esta mentalidad, Pablo exhorta a obedecer.

Interesante que la obediencia parte de una mentalidad humilde. El orgullo es el padre de la desobediencia. Los Filipenses tenían buenos antecedentes de obediencia. Cuando Pablo estuvo con ellos, obedecieron sin dilaciones, ahora que Pablo no estaba con ellos Pablo quería que mostraran una mayor disposición para obedecer.

Muy bien. Para que uno pueda obedecer a alguien, necesita saber qué es lo que tiene que hacer. Pablo por tanto va a indicar que es lo que los creyentes de Filipos debían hacer. Dice el texto: Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

Ocupaos es la traducción de un verbo griego que tiene que ver con trabajar. Es por esto que este mandato ha ocasionado no poca confusión en muchas personas, cuando lo han entendido en el sentido de que tenemos que trabajar con temor y temblor para ser salvos. Pero de entrada sabemos que esto no puede ser, porque la Biblia es clara en cientos de pasajes en los cuales se ve que la salvación no es algo que uno lo obtiene por trabajar sino que es un regalo de Dios, algo que Ud. y yo lo recibimos sin merecerlo.

A lo que Pablo esta refiriéndose es a dos cosas.

Primero, está diciendo que trabajen para solucionar el problema de celos, contiendas y divisiones que estaban afrontando. La palabra salvación no siempre significa salvación de la condenación que pesa sobre el pecador, a veces puede significar salir o librarse de una situación comprometida. Aún nosotros usamos la palabra salvación en ese sentido. Cuando a un equipo de fútbol, por poco le hacen un gol, los aficionados dicen: De la que se salvó. En este sentido, Pablo está diciendo a los creyentes de Filipos que trabajen con temor y temblor para solucionar el problema que están teniendo en la iglesia.

Segundo, está diciendo que hagan trabajar la salvación que ya obtuvieron en Cristo, La salvación en Cristo no nos trajo solamente liberación de condenación. La salvación en Cristo nos trajo mucho más. Entre lo mucho está la capacidad para vencer nuestras naturales tendencias de la carne, propias de nuestra vieja naturaleza, tales como el orgullo, el egoísmo, la rivalidad. Si hacemos trabajar nuestra salvación podremos sentir lo mismo que los demás, podremos tener el mismo amor que los demás, podremos estar unánimes en todo.

Pablo está diciendo entonces, ocúpense en hacer funcionar lo que tienen en Cristo para terminar con sus rivalidades, con sus divisiones y con sus pleitos. Muy bien, ahora que tenemos en claro la exhortación a obedecer, consideremos la energía para, obedecer. Cuán importante es tener energía para obedecer. Cuanto nos frustra ser ordenados a obedecer algo que no podemos.

Si alguien me ordenaría que levante un peso de 100 kilos, no podría obedecer, porque no tengo la capacidad para levantar un peso así. No tengo la energía para hacerlo. Pablo ha ordenado a los creyentes de Filipos a terminar con los problemas que estaban surgiendo en la congregación.

¿Tenían los creyentes de Filipos la energía para obedecer? Bueno, en ellos mismos, no pero en Cristo sí. Note lo que dice Filipenses 2:13, uno de mis textos favoritos: «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer, como el hacer, por su buena voluntad»

La energía para obedecer lo que Dios nos pide en su palabra, no está en nuestra carne, no está en nosotros mismos, está en Dios. Es Dios quien obra en nuestras vidas poniendo primeramente un deseo o un querer de hacer su voluntad, luego él mismo nos capacita o nos da la suficiente energía para obedecer lo que él nos ha pedido hacer.

Dios no nos arroja a la frustración pidiéndonos hacer cosas que no podemos cumplir. Si él nos pide hacer algo es porque él mismo nos ha dado la suficiente energía para hacerlo. Esto no significa por supuesto que el creyente es totalmente pasivo en esto de obedecer lo que Dios nos pide hacer.

Ponga atención a lo que dice Juan 15:5: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer»

Nuestra responsabilidad como creyentes es permanecer en él, porque separados de él nada podemos hacer. Permanecer en él, es primeramente haberle recibido como Salvador personal, luego conocerle lo más que podamos mediante su palabra, la oración y el servicio. En la medida que estemos permaneciendo en él tendremos la energía suficiente para hacer lo que él nos pida en su palabra.

Pablo ha exhortado a resolver los problemas que hablan surgido dentro de la congregación, eran problemas de relación unos con otros y al mismo tiempo ha mostrado que los creyentes tenemos de Dios la energía para resolver estos problemas. Quizá Ud. amigo oyente, hoy mismo está enfrentando problemas de relacionarse con otros creyentes dentro de la congregación.

La manera de resolver estos problemas es humillándose. Humillarse no es sencillo, se necesita una energía para hacerlo. La energía proviene de Dios. Él es quien produce en nosotros así el querer como el hacer por su buena voluntad. Permita que él obre en su vida y de seguro que le será posible humillarse para salir de los problemas.

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