Cuando muere un creyente, ¿se debe realizar un velatorio? ¿se debe comprar un campo santo o un sepulcro perpetuo? ¿se debe poner flores en la tumba? ¿se debe vestir de luto? ¿se debe celebrar el día de los difuntos? Pienso que fundamentándose en textos como Eclesiastés 9: 5 y 10 no se deberían practicar ninguna de estas cosas.

Leamos el texto en Eclesiastés 9:5 y 10. La Biblia dice: Porque los que viven saben que han de morir;  pero los muertos nada saben,  ni tienen más paga;  porque su memoria es puesta en olvido.

Todo lo que te viniere a la mano para hacer,  hazlo según tus fuerzas;  porque en el Seol,  adonde vas,  no hay obra,  ni trabajo,  ni ciencia,  ni sabiduría.

Contrario a lo que muchos piensan, estos dos versículos no están afirmando que cuando una persona muere pasa a un estado de inconciencia, conocido como el sueño del alma. Lo que estos textos afirman es que la muerte física es algo que acontece a todo ser humano. Hay muchos que entienden la frase “porque su memoria es puesta en olvido” en el sentido que los deudos de un difunto deben olvidarse totalmente del difunto, pero no es así, sino como lo hemos explicado

Siendo este el caso, los creyentes están en completa libertad de sepultar a sus seres queridos como se acostumbre en la sociedad donde viven, de modo que no se cause ningún tropiezo en nadie. Si se acostumbra realizar un velatorio, no hay problema con eso. ¿Por cuánto tiempo? Pues por el tiempo que los deudos del difunto estimen conveniente. El velatorio puede ser una gran oportunidad para compartir el mensaje del Evangelio con las personas incrédulas, mostrando que la muerte es sólo un cambio de lugar de habitación a otro muchísimo mejor para los que somos creyentes. En el velatorio no se pedirá a Dios por el bienestar de la persona muerta, porque si era creyente, esa persona muerta está ya en un lugar que es tan perfecto que no admite mejora alguna. No existe ningún problema si el cuerpo muerto se deposita en un nicho o bajo tierra y si esto es alquilado o propio. Todo depende de cada caso en particular. En algunas partes se acostumbra hacer duelo por la persona que ha muerto, no hay problema con eso, aunque los creyentes debemos procurar mostrar que la muerte para nosotros no es el fin de todo sino simplemente una separación temporal. Está bien llorar y lamentar la partida, pero este sufrimiento se mitiga muy pronto por la esperanza que los creyentes tenemos de volver a vernos en el cielo. Mucha gente adorna con flores el lugar donde se ha sepultado a los seres queridos, y no hay ningún problema con eso, siempre y cuando, por supuesto no se lo haga como una forma de rendir culto al cuerpo muerto. El cuerpo muerto es nada más que materia, la persona no está más en ese cuerpo muerto. No tiene sentido rendir culto a la materia. Eso sería idolatría. Tal vez en todo el mundo existe un día en el cual se rinde homenaje a los difuntos. Si el creyente entiende que este homenaje no va más allá de recordar las virtudes y olvidar los defectos de la persona que murió, no hay problema con eso.

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