Qué gozo es estar nuevamente con Ud. en nuestro estadio bíblico en la epístola de Pablo a los Filipenses. Sea Ud. bienvenido. Una vez un pastor estaba tratando de encontrar la diferencia entre felicidad y gozo. La conclusión a la cual llegó fue que la felicidad es el estado del ánimo que se complace cuando las circunstancias que nos rodean están a nuestro favor. En cambio el gozo es el estado del ánimo que se complace independientemente de las circunstancias que nos rodean. La felicidad depende de circunstancias en cambio el gozo no depende de circunstancias. Esto explica el hecho que el apóstol Pablo esté experimentando gozo a pesar de las difíciles circunstancias que estaba afrontando. En nuestro estudio bíblico ultimo, vimos que algunos hermanos estaban proclamando un mensaje correcto pero con motivaciones incorrectas, mientras que otros hermanos estaban proclamando un mensaje correcto con motivaciones también correctas. Lejos de sentirse desanimado por esta circunstancia. Pablo rescató lo positivo de esto y dijo: ¿Qué pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré aún. Note que Pablo habla de gozo no solamente en el presente, sino también en el futuro. El gozo en el presente era porque Cristo estaba siendo anunciado. ¿Cuál sería el motivo del gozo en el futuro? De esto tratará nuestro estudio bíblico de hoy.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en la epístola del Apóstol Pablo a los Filipenses, capitulo 1 versículos 19 y 20.

En este corto pasaje bíblico encontramos dos razones que eran la fuente de gozo para Pablo en el futuro.

En primer lugar, Pablo tenía una segura esperanza. Filipenses 1:19 y la primera parte del versículo 20 dice: “Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado”

La segura esperanza de Pablo era que en nada iba a ser avergonzado. Ser avergonzado significa ser defraudado o ser objeto de que algo prometido no se cumpla. Esto significa que en lo profundo del corazón de Pablo estaba la segura esperanza de que todo lo que estaba pasando con él tenía un propósito beneficioso para la obra del Señor y que cuando el propósito de Dios se cumpla él iba a ser liberado, no solo de la prisión sino de todas las privaciones que ello conlleva.

Quizá lo que estaba en la mente del apóstol era esa hermosa promesa que encontramos en 1ª Corintios 10:13 donde dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”

Con la prueba viene una salida. Cuando el propósito de la prueba se cumple, la salida es inevitable. Pero Pablo sabía que no es fácil mantenerse siempre animado cuando se está en medio de la tribulación, aun cuando se tiene la segura esperanza de no ser avergonzado. Por ello, Pablo apreció mucho la ayuda de dos distintas direcciones.

Primero, de los creyentes de Filipos quienes estaban orando a favor de él y segundo de la suministración del Espíritu de Jesucristo. Aquí tenemos ese dúo invencible. Oración más obra del Espíritu Santo.

En el libro de los hechos, se nos relata un caso en el que estos dos elementos estuvieron presentes. La persecución a los cristianos se había, iniciado en Jerusalén. El rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen.

Cuando la iglesia llegó a saber de esto, se reunió y en unanimidad hacía sin cesar oración a Dios por él. Los hombres hicieron su parte, oraron, faltaba la parte de Dios. ¿Sabe lo que pasó? Hechos 12:6-11 dice: “Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella, misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presento un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto y sígueme. Y saliendo le seguía pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos pasaron una calle, y luego el ángel se aparto de él. Entonces Pedro, volviendo en si dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba”.

La oración de los hermanos y la suministración del Espíritu de Jesucristo obraron poderosamente para liberar a Pedro, lo mismo podía ocurrir en el caso de Pablo y eso era una segura esperanza para él. Así que el motivo por el cual Pablo se iba a gozar en el futuro era porque tenia una segura esperanza.

La segunda razón era porque Pablo tenía una sólida confianza. La segunda parte de Filipenses 1:20 dice: “antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte”

La sólida confianza que tenía Pablo es que como siempre, que Cristo seria magnificado en su vida. Desde que Pablo conoció a Cristo como su Salvador, decidió que su vida seria para el Señor. Lo que más le interesaba era que el nombre de Cristo sea anunciado entre los gentiles, sin importar el precio que había que pagar. Eso le llevó a desechar todo su brillante pasado como un celoso judío guardador de la ley, le llevó a sufrir la continua afrenta de sus conciudadanos para quienes era un traidor. Le llevó a ser apedreado azotado y finalmente fue echado en la cárcel por no menos cinco años. Cualquier sacrificio era nada en comparación de ver que el nombre de Cristo sea conocido y aceptado por los gentiles.

Por eso dice que Cristo ha sido magnificado en su cuerpo. Estando en la prisión en Roma estaba enfrentando una posible sentencia de muerte, pero eso no le preocupaba mayormente, porque dice que está dispuesto a que Cristo sea magnificado en su cuerpo sea por vida o sea por muerte. Si salía vivo de esa cárcel, iba a dedicarse por entero a la obra del Señor, así Cristo seria magnificado en su cuerpo.

Si no salía vivo de esa cárcel, su muerte hubiera sido la de un mártir e igualmente Cristo hubiera sido magnificado en su cuerpo. Es decir, no importaba si salía vivo o salía muerto, de todas maneras iba a ser liberado de la prisión y Cristo iba a ser magnificado en él.

Qué concepto tan elevado de su compromiso con Cristo. Esta sólida confianza producía en él un sentimiento de gozo que las aflicciones pasajeras no podían evitar. Pablo pudo mirar más allá de su tribulación. Allí encontró una segura esperanza. No sería jamás avergonzado por Dios. También encontró una sólida confianza. Sea por vida o por muerte. Cristo seria magnificado en su cuerpo. Cuando se llega a este estado, no importa, lo que pase con uno porque todo lo que pasa a nuestro derredor es interpretado en términos de que eso es la voluntad de Dios y es lo mejor para la gloria de Dios.

Puede ser mi amigo oyente que Ud. esté este momento pasando por alguna prueba muy intensa. No es algo que Ud. lo provocó o lo buscó, simplemente apareció en su vida y ciertamente le está causando mucho dolor. No se desanime, procure ver a esa prueba como la manera de Dios de producir algo en Ud. Ud. también al igual que Pablo puede mirar más allá de la prueba y ver una segura esperanza, de que jamás va a ser avergonzado o defraudado por Dios y que cuando el propósito de la prueba se cumpla en su vida, Ud. podrá encontrar la puerta de salida. Ud. también al igual que Pablo puede mirar más allá de la prueba y ver una sólida confianza, de que sea por vida o por muerte: el nombre de Cristo sea magnificado en su cuerpo. Que el Señor le bendiga.