Reciba cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy en el libro de Santiago. Antes de ir al estudio de la porción bíblica que nos corresponde el día de hoy, me gustaría agradecer a todos nuestros amigos oyentes que nos apoyan con sus oraciones y sus ofrendas. Que Dios en su gracia les recompense conforme a sus riquezas en gloria. La palabra de Dios dice en Jeremías 17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
El corazón del hombre es una caja de sorpresas. ¿Conoce a personas que cada Domingo cumplen con todos los ritos de su religión y sin embargo de Lunes a Sábado se dedican a todo tipo de inmoralidad? ¿Conoce a personas que todos los días leen la Biblia y oran y sin embargo no dejan a un lado su vida de maldad? El dueño de un almacén de víveres era un tipo de persona así. Este hombre vivía en un departamento que estaba arriba de su almacén de víveres. Cada día, temprano a la mañana, este hombre gritaba desde la ventana de su departamento a uno de sus ayudantes: Juan, ¿añadiste ya el agua a leche? Juan respondía: Sí, señor. A lo cual el hombre añadía: Muy bien, entonces sube para tener nuestro tiempo de oración. Bueno, quizá sea sólo una historia inventada por alguien, pero ilustra muy bien el hecho que muchas veces tratamos de esconder nuestra pecaminosidad bajo un atractivo manto de cumplimiento de ritos religiosos. Esto será justamente lo que Santiago va a refutar en el pasaje bíblico que nos corresponde estudiar el día de hoy.

Le invito a abrir su Biblia en el libro de Santiago, capítulo 1 versículos 26 y 27. En estos dos versículos se contrasta la religión vana con la religión pura y sin mácula. Antes de proseguir permítame señalar que la palabra griega thereskeía que se ha traducido como religión significa en realidad el aspecto externo de la religión, se refiere al patrón externo de comportamiento conectado con una creencia religiosa. Tiene que ver entonces con la forma externa mas no con el espíritu interno. Con esta aclaración, la religión vana se manifiesta con un despliegue exuberante de ritos religiosos vacíos de realidad. Santiago 1:26 dice: Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.
El que se cree religioso es aquel que da rienda suelta al cumplimiento de diversos ritos religiosos pero a la vez no refrena su lengua sino que engaña su corazón. Es la persona que está todos los días en un templo, que cumple con todos los ritos habidos y por haber de su religión, cualquiera que esta sea, pero al mismo tiempo con su lengua hiere a los demás. Refrenar es un verbo muy ilustrativo en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento. Denota dirigir o guiar un caballo por medio de un freno. Refrenar la lengua quiere decir por tanto poner freno a la lengua para que no actúe sin control. La lengua, amable oyente, es un miembro del cuerpo que se jacta de sus hazañas. Una lengua bien controlada es una bendición pero una lengua mal controlada es una maldición. Cuántas veces no hemos encendido verdaderas hogueras con algo que dijimos sin pensar. Cuantas veces no habremos usado nuestra lengua para andar en chismes. Cuantas veces no habremos usado nuestra lengua para propagar rumores falsos. Cuantas veces no habremos usado nuestra lengua para mentir, para engañar, para insultar, para herir a los demás. El mismo autor, Santiago. Más adelante en su carta dirá que la lengua es un mundo de maldad. Cuando dejamos sin control a nuestras lenguas, estamos engañando con nuestro corazón. El engaño radica en hacer pensar a otros que somos buenos porque cumplimos con los ritos religiosos, que no hacemos mal a nadie, porque cumplimos con todo lo que nuestra religión nos pide hacer. Amable oyente, no nos engañemos a nosotros mismos pensando que con cumplir ritos religiosos, Dios va a estar satisfecho con nosotros, a pesar de que con nuestra lengua rebelde estamos causando todo tipo de mal. No engañemos a los demás, haciéndoles creer que somos buenos por cumplir con meras manifestaciones externas de religiosidad cuando en el fondo estamos introduciendo un puñal en sus espaldas al hablar mal de ellos, al mentir, al andar en chismes. Santiago dice que la religión que cumple con el rito pero deja sin control a la lengua es una religión vana. La palabra vana significa vacía, sin fruto, sin valor. Puede ser que alguien esté escondiendo su inmoralidad detrás del cumplimiento de los ritos religiosos, es decir que está tapando su pecado con el atractivo manto de religión. Si ese es el caso, me gustaría decirle que Dios mira no sólo el rito sino también lo que hay en el corazón. Deje de ser un religioso vacío de realidad. Deje de practicar la religión vana. Deje de esconderse detrás del rito. Reconozca su pecado, confiese a Dios que es pecador, reconozca que Cristo murió para pagar por su pecado y de una vez por todas, en un acto de fe reciba a Cristo como su Salvador personal. Mi corazón se entristece por los millones de millones de latinoamericanos que en este preciso instante están tapando su pecado con los ritos religiosos. Venga a Cristo hoy mismo, recíbalo como su Salvador. Él le dará, no un rito vacío, sino una nueva vida plena de significado, una vida libre de la condenación por el pecado, una vida libre del poder del pecado y en el futuro, una vida libre de la presencia misma del pecado. La religión vana es aquella que esconde el pecado detrás del rito religioso, pero Santiago nos habla también de la religión pura y sin mácula. Santiago 1:27 dice: La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.
La religión pura y sin mácula es la que ha arreglado el problema de pecado con Dios y como resultado ha dado lugar a un nuevo nacimiento o a la aparición de una nueva criatura. Esta nueva criatura se manifiesta en amor práctico y en santidad práctica. Para el hombre es importante el cumplimiento estricto de los ritos religiosos, sin importar lo que hay dentro del corazón, pero para Dios no. Para Dios lo que cuenta es el corazón recto delante de él y una práctica acorde con esa realidad. Cuanto nos hace falta tomar conciencia de esta situación. Con demasiada frecuencia vemos una separación, un divorcio entre lo que creemos y lo que practicamos. Creemos una cosa, pero practicamos algo diferente. Santiago confronta esta contradicción e insiste a lo largo de toda su carta sobre la importancia de practicar lo que creemos. En Santiago 1:27 tenemos dos maneras de practicar lo que creemos. Primero, visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones. Esto habla de un amor práctico. Las viudas y los huérfanos cumplen con dos características importantes. Son personas sumamente necesitadas y son personas que no pueden de ninguna manera devolver los favores recibidos. Qué interesante que Santiago trae este ejemplo tan ilustrativo para hablarnos del amor práctico. El amor práctico debe ser canalizado a las personas que más lo necesitan. Son pocos los que se preocupan por las viudas y los huérfanos, es a ellos hacia donde tenemos que dirigir nuestro amor que satisface necesidades. Muchos no ayudan a los huérfanos y a las viudas, porque piensan que para ayudar tienen que comprar alimentos o ropa o medicinas. Pero no olvidemos que las viudas y los huérfanos tienen necesidades espirituales y emocionales también, además de las necesidades materiales. Si no es posible ayudar materialmente, siempre será posible ayudar espiritualmente y emocionalmente. Las viudas y los huérfanos lo apreciarán en alto grado. A veces nuestro amor no es del todo sincero que digamos. Tenemos la tendencia a ayudar a los que en algún momento podrán devolvernos el favor, cuando nosotros necesitemos. Pero Santiago dice, visiten a las viudas y a los huérfanos, muy difícil es que ellos puedan devolver algún día el favor recibido, pero qué mejor, así nuestro amor hacia ellos no podrá jamás ser juzgado de algo hecho con interés. Además de visitar a las viudas y a los huérfanos, Santiago dice que otra manifestación de esa religión pura y sin mácula es una santidad práctica o guardarse sin mancha delante del mundo. El mundo se refiere al sistema político social, económico y aun religioso que está controlado por Satanás y sus demonios. Este sistema es una gran tentación para el creyente. El creyente queda deslumbrado ante su esplendor y constantemente es atraído hacia él. El mundo tratará de contaminar al creyente. Primero con su amistad. Santiago dice al respecto en Santiago 4:4 ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Esta amistad con el mundo llevará a un amor al mundo. Juan el apóstol dice en 1 Juan 2:15: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Si llegamos a tener amistad con el mundo y llegamos a amar al mundo, eventualmente seremos conformados al mundo. Pablo dice en Romanos 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
El resultado de conformarse al mundo es ser condenado con el mundo. Lo cual no significa que perderemos nuestra salvación, pero perderemos lo que el mundo nos dio y lo que es peor perderemos nuestra recompensa en el cielo. La religión vana en contraste con la religión pura y sin mácula. ¿En cuál grupo está?

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