Es motivo de gran gozo compartir este tiempo con Usted. Estamos estudiando la segunda epístola de Pablo a Timoteo, en la serie titulada “Consejos para una iglesia en peligro” En esta ocasión daremos una mirada al corazón del apóstol, en la introducción de su epístola.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en la 2ª epístola de Pablo a Timoteo. Lo primero que encontramos en la epístola es una porción eminentemente personal, en la cual el apóstol Pablo, autor de la carta, es el personaje principal. Me refiero a los primeros cinco versículos del capítulo 1.

En esta porción bíblica encontramos el saludo del apóstol, el agradecimiento del apóstol, y el deseo del apóstol. Vayamos pues a lo primero.

El saludo del apóstol. 2ª Timoteo 1:1-2 dice lo siguiente: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor.”

Aquí tenemos al autor del saludo, la persona a quien se saluda y el contenido del saludo. En cuanto al autor del saludo, el cual es el autor de la epístola, se trata de Pablo. Para dar la autoridad apostólica a lo que está por escribir, Pablo menciona que es apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios.

Detengámonos en este punto para una reflexión. Mientras Pablo estaba escribiendo este saludo, se encontraba privado de su libertad en un sombrío calabozo en una prisión de Roma, esperando el momento que entren los verdugos a su celda para llevarle al cadalso donde iba a ser martirizado.

Pero en medio de estas difíciles circunstancias el corazón de Pablo estaba en la persona de Dios y en la obra que Dios le había encomendado como apóstol de Jesucristo. De esta manera, hallaba la fortaleza necesaria para seguir adelante.

A lo mejor Usted también amigo oyente, está sufriendo grandemente por la causa de Cristo. No se desespere, no pierda la paciencia, ocúpese en la persona de Dios y en lo que Dios le ha llamado a hacer, y Dios mismo se encargará de darle la fortaleza necesaria para soportar con paciencia la prueba que está enfrentando.

Por otro lado, note que a pesar de ser un fiel apóstol de Jesucristo, y de tener toda la fe que pueda imaginar, Pablo sufrió lo indecible y más aún su vida terminó en manos de sus verdugos.

Esto echa por tierra lo que se da por llamar el evangelio de la prosperidad, que no es otra cosa sino el errado concepto de que si somos fieles al Señor y tenemos mucha fe, el Señor está en obligación de recompensarnos con prosperidad en todo sentido.

Ciertamente que el Señor puede otorgar prosperidad a alguien que le sirve con fidelidad y tiene mucha fe, pero no siempre es así. Dios es soberano en esto. Sólo él sabe a quien empobrece y a quien prospera y él siempre tiene buenas razones para hacer lo que hace.

Volviendo al caso de Pablo, afirma que es apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios. Esto significa que es enviado directamente por Jesucristo conforme a los inescrutables designios de Dios.

Pero Pablo no solamente dice esto de sí mismo. Además dice que su apostolado es según la promesa de la vida eterna que es en Cristo Jesús. Esta declaración de Pablo tiene que ver con el hecho que Dios ha prometido que todo aquel que cree y recibe a Cristo como Salvador, tiene vida eterna. El llamado al apostolado es concordante con esta promesa. Pablo fue el instrumento escogido por Dios para proclamar esta promesa de Dios en el mundo gentil. Esto es lo que se puede decir acerca del autor del saludo.

Ahora consideremos a la persona que recibe el saludo. Se trata de Timoteo. De este personaje, podemos decir que era hijo de padre griego gentil y de Eunice, judía devota.

Estuvo íntimamente asociado con Pablo desde el tiempo del segundo viaje misionero en adelante. Para cuando Timoteo recibe la segunda carta de Pablo, se encontraba en Efeso, cumpliendo las órdenes del apóstol en el sentido de servir al Señor en la iglesia local de esa ciudad.

Cuando Pablo dice que Timoteo es un amado hijo, no necesariamente significa que Pablo fue el padre espiritual de Timoteo. Todo parece indicar que fueron la madre y la abuela de Timoteo, las que guiaron a Timoteo a los pies del Señor.

La primera vez que se menciona su nombre, en Hechos 16:1, aparece ya como un fiel discípulo de Cristo. Amado hijo, bien podría referirse al especial aprecio y cariño que el anciano apóstol Pablo tenía hacia Timoteo.

En relación con el contenido del saludo del apóstol, Pablo menciona tres elementos importantes: Gracia, misericordia y paz. Gracia significa el favor que Dios hace a quien no lo merece. Misericordia significa la bondad espontánea y desinteresada de Dios por medio de la cual actúa con compasión y tierno afecto hacia los miserables y atribulados. Paz significa la quietud del alma que sabe que todo está en control de Dios.

Todas estas bendiciones provienen de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. Algo digno de notar es el mismo plano en el cual Pablo pone a Dios el Padre y a Dios el Hijo, el Señor Jesucristo. Una evidencia concluyente de la deidad del Hijo de Dios.

De esta manera hemos analizado el saludo del apóstol. Nos corresponde ahora analizar el agradecimiento del apóstol. Lo tenemos en 2ª Timoteo 3:3 donde dice: “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día”

La vida de oración de Pablo es un ejemplo para todos los que somos creyentes. A pesar de estar encerrado en prisión esperando el momento de su muerte, su mente y su corazón estaban en Dios, por medio de la dulce comunión de la oración.

Según sus propias palabras, Pablo oraba a Dios noche y día. Pero no nos confundamos. La oración de Pablo no estaba enfocada sobre sí mismo o sobre sus necesidades personales. La oración de Pablo estaba enfocada sobre las personas con quienes compartía la obra del Señor.

Es muy fácil hacer de uno mismo el centro de la oración cuando se está sufriendo por la causa de Cristo, pero Pablo fue diferente. Quitó la mirada de sí mismo y la puso sobre su joven colaborador, Timoteo. Dice que sin cesar se acordaba de Timoteo en sus oraciones. ¡Qué hermoso ejemplo de oración!

Cuando Usted ora, ¿sobre qué o sobre quien están enfocadas sus oraciones? ¿Sobre Usted mismo? ¿Sobre sus necesidades? ¿Es su oración un simple dictar a Dios lo que Usted desea que él haga, como cuando uno ordena algo a un subordinado? Dame esto, haz esto, resuelve esto otro. A veces pensamos que la oración es el mecanismo para lograr que nuestra voluntad se haga en el cielo, y no nos damos cuenta que la oración es el mecanismo para lograr que la voluntad de Dios se haga en la tierra.

Cuando Pablo oraba, ponía los intereses de Dios en el primer plano, los intereses personales estaban en un plano secundario. Esta manera de orar a Dios era un motivo de agradecimiento a Dios por parte de Pablo. Dice que constantemente da gracias a Dios por acordarse sin cesar de Timoteo en sus oraciones noche y día.

Parece que era Dios mismo quien traía a la mente de Pablo la imagen de Timoteo, cada vez que Pablo se disponía a orar. Algo digno de comentar es que cuando Pablo dice que ora a Dios, nos deja ver algo de la integridad de su carácter, porque hablando de Dios dice: Al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia.

Esto habla no sólo de su celo por las cosas de Dios sino de la pureza de motivos para servir o adorar a Dios. Pablo servía o adoraba a Dios por lo que Dios es, no por lo que Dios podía dar a cambio. Cuan importante es servir a Dios por lo que él es y por lo que él ha hecho por nosotros al darnos la salvación, sin esperar absolutamente nada como recompensa.

Por último, analizaremos el deseo del apóstol. 2ª Timoteo 1:4-5 dice: “Deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.”

Solo y aislado del mundo, Pablo nos abre nuevamente su corazón para admirar el profundo aprecio hacia su fiel discípulo Timoteo. La última vez que Pablo vio a Timoteo, fue cuando Pablo fue arrestado para ser conducido a Roma. Tal vez hubo violencia contra Pablo y eso lastimó tanto a Timoteo que derramó lágrimas de dolor.

Así es, los hombres de Dios también tienen emociones y también lloran cuando esas emociones son lastimadas. La idea que si alguien confía totalmente en el Señor no debe llorar jamás, no es bíblica. Inclusive el Señor Jesucristo lloró ante la tumba de su entrañable amigo Lázaro. Las lágrimas que derramó Timoteo comunicaron a Pablo el profundo amor que le tenía Timoteo.

Recordar esto traía gozo al agobiado corazón de Pablo. Pero además de este recuerdo, lo que traía gozo al corazón del apóstol era el recuerdo la fe genuina, la fe no fingida que había en el corazón de Timoteo.

Fue la misma fe que Pablo vio en la abuela de Timoteo, en Loida. También fue la misma fe que Pablo vio en la madre de Timoteo, en Eunice. Esto indica que tanto Timoteo, como su madre Eunice y su abuela Loida, eran creyentes. Loida recibió a Cristo como Salvador y se preocupó de criar a su hija Eunice en los caminos del Señor. En su debido tiempo, Eunice también recibió a Cristo como Salvador. Eunice siguió el ejemplo de su madre y crió a su hijo Timoteo en disciplina y amonestación del Señor.

En su tiempo también, Timoteo recibió a Cristo como su Salvador. Pablo está seguro que en Timoteo también habita esa fe no fingida. Si Usted es padre de familia o madre de familia, no descuide el criar a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor. Lo más probable que suceda es que esta influencia benéfica resulte en que, en su tiempo, sus hijos reconozcan su necesidad de salvación y ellos también reciban a Cristo como Salvador.

Timoteo era un creyente de tercera generación. Esto debe haber sido motivo de mucho gozo para el apóstol Pablo. Hemos analizado entonces el saludo del apóstol, el agradecimiento del apóstol y el deseo del apóstol. A continuación, el apóstol entra de lleno a lo que hemos llamado: Consejos para una iglesia en peligro. Esto será el tema de nuestro próximo estudio bíblico. Espero que nos acompañe.