Qué grato es estar nuevamente junto a Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando la segunda epístola de Pablo a Timoteo, en la serie titulada “Consejos para una iglesia en peligro” En esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del primer consejo que Pablo dejó da a su discípulo Timoteo.

Desde su mismo nacimiento, la iglesia de Cristo ha enfrentado gran oposición. A veces esa oposición es desde adentro, otras veces, esa oposición es desde afuera.

En la época que el apóstol Pablo escribió la 2ª carta a Timoteo, la oposición más fuerte venía desde afuera. En aquella época, el imperio romano dominaba el mundo conocido. A la cabeza del imperio romano estaba Nerón, el cruel y perverso emperador, personaje de triste recordación para la humanidad entera.

Nadie osaría poner el nombre Nerón a uno de sus hijos, pero no dudaría poner el nombre Nerón a uno de sus perros. En esa época, profesar ser cristiano era equivalente a poner en riesgo la vida. En el año 64, exactamente el 19 de Julio, la ciudad de Roma ardió en fuego. La mitad de la ciudad quedó en ruinas. Nerón era el principal sospechoso de haber originado el flagelo. Para salir del aprieto, Nerón no tuvo empacho en culpar a los cristianos del hecho.

Como consecuencia se generó una oleada de odio hacia los cristianos. Muchos fueron arrestados y martirizados con crueldad extrema. El historiador romano Tácito, registra en sus anales que algunos fueron crucificados, otros fueron obligados a cubrirse con pieles de animales salvajes para ser despedazados por perros de caza. Otros fueron envueltos en mantos impregnados con sustancias inflamables para prenderles fuego de modo que sirvan como antorchas humanas para iluminar el circo romano y los jardines de Nerón.

Este monstruo diabólico extendía invitaciones a sus conocidos para contemplar el espectáculo de la terrible agonía de sus víctimas. Justamente el apóstol Pablo fue arrestado y puesto a órdenes del emperador romano. Solamente la ciudadanía romana de Pablo, evitó que sea arrojado a las bestias salvajes en el circo romano.

Sin embargo, según la tradición, fue decapitado en la vía Ostia por los verdugos de Nerón en el verano del año 68 después de Cristo. De modo que amigo oyente, el fuego de la oposición estaba ardiendo con fuerza en el tiempo que Timoteo estaba en Efeso mientras Pablo estaba preso en Roma.

En tiempos así, la tendencia natural de los creyentes es al desánimo, al temor, a la duda, a la incertidumbre, a aflojar las responsabilidades en la obra del Señor. Estando solo, en su prisión, Pablo estaba consciente del peligro que enfrenta la iglesia en estas circunstancias y por eso comienza a aconsejar a Timoteo, quien por ese entonces estaba sirviendo al Señor en la iglesia en Efeso.

El primer consejo lo tenemos en 2ª Timoteo 1:6-7. En este corto pasaje bíblico encontramos el preámbulo del consejo, el contenido del consejo y la razón del consejo.

En relación con el preámbulo del consejo, el versículo 6 del capítulo 1 de 2ª Timoteo comienza con estas palabras: “Por lo cual” La pregunta lógica sería: ¿A qué se está refiriendo Pablo cuando dice: Por lo cual? Pues, si uno mira el contexto inmediato anterior, notará que Pablo estaba trayendo a la memoria la fe no fingida que había en Timoteo, la cual, habitó primeramente en la abuela de Timoteo, en Loida y después en la madre de Timoteo, en Eunice.

En otras palabras, Pablo sabía a ciencia cierta que Timoteo era un hombre de fe no fingida. Timoteo había dado muchas muestras de esa fe verdadera. La fe no fingida, se evidencia en hechos que pueden ser constatados por otros, amigo oyente. Santiago dice que la fe que no se manifiesta en buenas obras es una fe muerta.

¿Cómo está su fe? ¿Es una fe sólo de palabras, porque no se manifiesta en buenas obras? Si Usted dice que es una mujer de fe o un hombre de fe, ¿se está manifestando esa fe en obediencia a lo que dice Dios en su palabra? Caso contrario su fe es fingida. Pablo sabía que en Timoteo había una fe no fingida. Sabía que Timoteo prestaría oído al consejo de Pablo.

Dando esto como un hecho, entonces Pablo se siente en libertad de aconsejar a Timoteo. Consideremos el contenido del consejo. 2ª Timoteo 1.6 dice: “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.”

La clave para entender el contenido del consejo, es determinar a qué se refiere Pablo cuando habla del don de Dios que está en Timoteo. Sobre esto, se han sugerido varias interpretaciones. Algunos lo han entendido en el sentido que se trata del Espíritu Santo, la dificultad más grave de esta interpretación es que implicaría que el Espíritu Santo fue dado a Timoteo mediante la imposición de manos.

La Biblia es clara al mostrar que la presencia o la morada del Espíritu Santo es el resultado del nuevo nacimiento en la persona que recibe a Cristo como Salvador personal. Otros lo han entendido en el sentido que se trata de alguna habilidad especial dada por el Señor Jesucristo de modo que Timoteo pueda cumplir con el ministerio que el mismo Señor Jesucristo le ha encomendado.

Esta parece ser la interpretación más correcta. W. Robertson Nicoll dice al respecto: Casi sin duda alguna, el don de Dios que está en Timoteo, se refiere a la habilidad para administración y gobierno en la iglesia. Siendo este el caso, entonces, Pablo está aconsejando a Timoteo que avive el fuego de esa habilidad que inmerecidamente le había sido dada por el Señor Jesucristo.

Lo que estaba pasando con toda probabilidad es que ante la feroz persecución del imperio romano, Timoteo estaba un tanto reacio a utilizar lo que el Señor le había dado inmerecidamente para realizar la obra. Además, Pablo recuerda a Timoteo, que el don de Dios, o la habilidad para cumplir con el ministerio, estaba en Timoteo por la imposición de manos del apóstol.

Pablo sabía entonces a ciencia cierta que Timoteo tenía esa habilidad para administrar y gobernar la iglesia. En este punto, es posible que surja una inquietud: ¿Es posible que también hoy en día existan personas, que al estilo del apóstol Pablo, confieran dones de diversa índole con tan solo imponer manos? La respuesta es: No.

El poder para conferir un don de Dios, mediante la imposición de manos fue dado a Pablo, por ser apóstol de Jesucristo, pero como hoy en día ya no existen apóstoles, a la manera de Pablo, tampoco existe la posibilidad de conferir dones mediante la imposición de manos. Quizá amigo oyente, Usted ha estado sirviendo al Señor con toda fidelidad, utilizando las habilidades que el Señor mismo le ha dado, pero al ver la oposición, tanto de adentro como de afuera, se siente desanimado y ha dejado de hacer uso de todo ese potencial que ha recibido del Señor.

Si ese es el caso, entonces el consejo que Pablo dio a Timoteo es también para Usted: Avive el fuego de ese don. El fuego del don se aviva en relación directa al uso efectivo del don. No se duerma en los laureles. Ponga en la mano de Dios la oposición que está enfrentado, venga de donde venga, y concéntrese en usar las herramientas que Dios en su gracia le ha otorgado.

Hemos analizado ya el preámbulo del consejo y el contenido del consejo. En último lugar, consideremos la razón del consejo. 2ª Timoteo 1:7 dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

El consejo del apóstol Pablo tenía su sustento y su razón en lo que Dios ha hecho en Pablo, en Timoteo y en todo creyente en general. Pablo dice que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía. El espíritu de cobardía es esa actitud de la carne que infunde temor de identificarnos como creyentes, temor de hablar a otros de Cristo, temor de cumplir con lo que Dios nos pide hacer en su palabra, pensando en lo que dirán los demás o en las consecuencias. Temor de sufrir la afrenta por la causa de Cristo.

El espíritu de cobardía no proviene de Dios sino de nuestra naturaleza carnal. En lugar de darnos espíritu de cobardía, Dios nos ha dado espíritu de poder, de amor, y de dominio propio. Espíritu de poder, es esa actitud que proviene del Espíritu Santo que mora en el creyente, por la cual el creyente toma conciencia del basto poder que está a su disposición mediante la obra del Espíritu Santo.

Con este poder, el creyente es prácticamente invencible. Un hombre así, revestido de ese espíritu de poder, fue Juan Knox. Este valiente hombre de Dios vivió en una época de tenaz oposición al genuino evangelio. Pero a pesar de tanta oposición, Juan Knox supo mantenerse firme en sus convicciones. Cuando falleció, se esculpió la siguiente frase en su lápida: Aquí yacen los restos de un hombre que temió tanto a Dios que no temió a ningún hombre.

Eso es lo que puede hacer un hombre que echa mano del espíritu de poder que Dios nos ha dado. Espíritu de amor es esa actitud que proviene del Espíritu Santo, por la cual el creyente reconoce que Dios ha derramado su amor sobre el creyente para que el creyente ame a sus semejantes sin importar el sacrificio que sea necesario.

El espíritu de amor hizo que cinco misioneros planifiquen llegar con el evangelio a un minúsculo grupo de indígenas en la selva del Ecuador, famosos por su hostilidad hacia los extraños. En el esfuerzo, los cinco misioneros perdieron la vida. El peligro de perder la vida, no impidió que estos cinco misioneros compartan el amor de Dios con estos indígenas.

Espíritu de dominio propio es esa actitud que proviene del Espíritu Santo, mediante la cual, el creyente no se deja dominar por ninguna pasión ni por ningún deseo, por más legítimo que sea. Este es el espíritu que Dios nos ha dado a todos los creyentes. No es algo que debemos pedir, o algo que alguien tiene que transmitirnos por imposición de manos.

Es algo que ya lo tenemos. Si no lo estamos usando no es porque no lo tengamos, sino porque nosotros mismos hemos decidido dejarnos controlar por ese espíritu de cobardía. Si Usted está atravesando por aguas turbulentas de oposición, lucha, o prueba. No baje los brazos. Hoy más que nunca es necesario que avive el fuego del don de Dios que está en Usted, porque Dios no le ha dado espíritu de cobardía, sino espíritu de poder, espíritu de amor y espíritu de dominio propio.

Así que, sacúdase de la apatía y marche hacia delante a toda máquina.