Job 33:14 Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios;
Pero el hombre no entiende.

Mi mamá me decía: “me oyes pero no me estás escuchando.” Y siempre entendí esto como simplemente: sentir el sonido pero no entender o prestar atención como para obedecer lo que se me decía. Lo interesante es que en nuestra experiencia con Dios muchas veces no estamos en la misma sintonía que Él y aunque nos habla de muchas formas no lo percibimos o en algunos casos no queremos prestar atención. Tal vez porque estamos demasiados inmersos en nuestros asuntos que por más que Él se pare frente a nosotros no lo distinguiríamos; en otras situaciones no queremos oír porque sabemos que no nos va a gustar lo que tiene que decirnos y tapamos nuestros oídos a su voz.

El punto de hoy es pensar en que si mis oídos están sensibles a la voz de Dios o están taponados por la basura del mundo, mis propios deseos e intereses o la religiosidad; y digo esto, porque muchas veces mi propia religión no me deja escuchar lo que Dios tiene que decirme. Somos como Pedro que decimos “NO” a Dios, cuando Jesús quiso lavarle los pies, se negó; cuando se le dijo que mate y coma de los animales ante él dijo: “¡NO! Jamás he comido cosa inmunda”, “siempre he cumplido con mi religión no me cambies las cosas ahora.” (Cursivas agregados por mí).

Puede que Dios te está mostrando algo que debes hacer, o dando una respuesta a través de alguien, pero no le tomas en cuenta porque piensas que Dios no se manifestaría en tu vida de esa forma; y este prejuicio que tenemos acerca de cómo Dios debe venir a mí, hace que no entienda lo que tiene que decirme. Busca humildemente la guía de Dios, tómate un café con Él y trata de entender lo que te está diciendo, porque siempre te habla.

¿Entiendes lo que Dios tiene para ti?
¿Cómo tomas los cambios de planes en tu vida?, ¿será Dios el que está diciendo algo?
¿Le dirás NO a lo que Dios te marca?

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