Reciba cordiales saludos mi amiga, mi amigo. Mi nombre es David Araya y quiero darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. El tema de estudio es el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para hablarnos acerca de la aparición del Señor Jesús resucitado a algunas mujeres y del complot para negar la resurrección corporal del Señor Jesús.

Qué bendición es para mí estar junto a usted amable oyente. Que Dios en su gracia nos ilumine por medio de su Espíritu no sólo para entender y apreciar más su Palabra sino para aplicar su palabra a nuestro diario vivir. En nuestro último estudio bíblico, vimos que siendo el amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron al sepulcro donde había sido colocado el cuerpo inerte del Señor Jesús. Al llegar al sepulcro, las mujeres fueron sorprendidas por un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo y acercándose al sepulcro removió la piedra que bloqueaba la entrada del sepulcro, y se sentó sobre ella. Las mujeres quedaron estupefactas por lo que sentían y lo que veían, los soldados romanos que cuidaban el sepulcro se quedaron como muertos. El ángel del Señor intervino para calmar a las mujeres y para anunciar la gloriosa realidad de que el Señor Jesús no estaba en aquella fría tumba, porque había resucitado, conforme a lo que él mismo había dicho antes de morir. Luego el ángel invitó a las mujeres a entrar al sepulcro y comprobar por ellas mismas que estaba vacío. Mientras las mujeres constataban este hecho, el ángel del Señor les encargó que vayan pronto a informar lo que había sucedido a los discípulos del Señor Jesús y que les den la noticia que el Señor Jesús resucitado está camino a Galilea donde iba a encontrarse personalmente con ellos. Las mujeres deben haberse dispuesto a cumplir inmediatamente con el pedido del ángel del Señor. Esto es el antecedente de lo que nos corresponde estudiar en esta oportunidad. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 28 a partir del versículo 8. Allí vamos a mirar el encuentro del Señor Jesús resucitado con las mujeres. Permítame leer los versículos 8-10. La Biblia dice: Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.
Mientras se cercioraban por ellas mismas de que el cuerpo del Señor Jesús no estaba en la tumba donde había sido colocado tres días antes, el ángel del Señor instruyó a María Magdalena y a la otra María que lleven la noticia a los discípulos del Señor Jesús, en el sentido que el Señor Jesús había resucitado de entre los muertos. En obediencia, las dos mujeres salieron del sepulcro. Su corazón debe haber estado latiendo fuertemente. Les embargaba una emoción que nunca antes habían sentido. Mateo dice que sentían temor y gran gozo. El temor es explicable por lo que acaban de experimentar, es decir el terremoto y la presencia gloriosa del ángel del Señor. Después de todo, no todos los días una persona puede ver y oír a un ángel del Señor. El gozo es explicable porque su amado Señor estaba vivo. Todavía no lo habían visto, pero sabían que habiendo estado muerto, ahora estaba vivo. Admiro la fe de estas dos mujeres. No dudaron de la palabra de ángel, no hicieron pregunta alguna, simplemente creyeron lo que el ángel dijo. Esto es fe amable oyente. Dios estaba presto a honrar la fe de estas mujeres. Emocionadas partieron a la carrera desde el sepulcro para dar las nuevas a los discípulos del Señor Jesús. Mientras iban, sucedió algo maravilloso para ellas. ¿Sabe una cosa amigo oyente? El Señor honra la obediencia. Mientras las mujeres estaban obedeciendo a la voz del ángel, el Señor les tenía preparada una sorpresa. Dice el texto que Jesús les salió al encuentro. ¡Maravilloso! ¿No le parece? En una época en que las mujeres eran despreciadas, el Señor Jesús resucitado apareció por primera vez a dos mujeres, María Magdalena y la otra María. Estas mujeres fueron las primeras en oír al Señor Jesús resucitado. ¡Qué privilegio tan grande! Ningún hombre, ni siquiera el gran apóstol Pedro, puede atribuirse ese hermoso privilegio de ser la primera persona que oyó la voz del Señor Jesús crucificado. Cuando el Señor Jesús llegó donde estaban las mujeres, les dijo: ¡Salve! Es simplemente el saludo de aquella época. El tono de su voz era inconfundible. Las mujeres no tuvieron ningún problema para reconocerlo. Era el Señor Jesús resucitado. Lo que hicieron a continuación es digno de plasmarse en los lienzos por algún artista connotado. Las mujeres postradas ante él, abrazando sus pies y adorándole. ¡Qué privilegio tan grandioso para estas mujeres! Pero más emocionante, al menos para mí, es que yo también, algún día, al igual que esas mujeres, podré postrarme ante mi Salvador, abrazar sus pies y adorarle. Será cuando me encuentre cara a cara con él en la gloria, bien sea porque yo vaya a él cuando muera, o bien sea cuando él venga a buscarme en el arrebatamiento. ¡Que momento tan especial será aquel! Por cuanto el Señor Jesús es Dios, aceptó la adoración que sólo a Dios le corresponde. Luego de adorar de esta manera al Señor Jesús, tal vez las mujeres se levantaron y el Señor Jesús les dijo: No temáis. Estas palabras deben haber caído tan bien a aquellas mujeres que con sus propios ojos estaban contemplando cosas extraordinarias. El temor se disipa cuando el Señor Jesús entra en escena. Lo que tenían que hacer las mujeres es lo mismo que les había pedido el ángel del Señor, es decir, ir y dar las buenas nuevas a los discípulos del Señor Jesús, para que vayan a Galilea y allí vean personalmente al Señor Jesús resucitado. Pero note la palabra que usó el Señor Jesús cuando habló de sus discípulos. Dijo que eran sus hermanos. Esto denota una relación de intimidad con ellos. Su muerte y resurrección hizo posible que pecadores como esos discípulos y como yo, podamos ser nada más y nada menos que hermanos del Señor Jesús. Él es nuestro hermano mayor. Las mujeres por tanto deben haber reanudado la marcha hacia donde estaban los discípulos del Señor Jesús para dar las buenas nuevas. Mientras esto sucedía con las mujeres y el Señor Jesús, observe lo que sucedía entre la guardia romana que custodiaba el sepulcro y los principales sacerdotes. Permítame leer el texto en Mateo 28:11-15. La Biblia dice: Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.
Recuperados del trauma que sufrieron, por los eventos sobrenaturales que acontecieron en el sepulcro, los guardas romanos hicieron lo que es sensato: Informar a los principales sacerdotes lo que había sucedido. Deben haber relatado con lujo de detalles lo que realmente pasó, al menos lo que ellos constataron, porque por un momento perdieron el conocimiento. Al escuchar lo que había sucedido, los principales sacerdotes deben haberse preocupado mucho. Su preocupación les indujo a convocar al sanedrín, los ancianos del pueblo, para determinar las acciones que sean pertinentes. Los debates deben haber sido intensos, ellos sabían que algo sobrenatural había sucedido, pero finalmente se pusieron de acuerdo en lo que debían hacer. El plan en esencia consistía en sobornar a los guardias romanos para que digan que los discípulos del Señor Jesús habían venido de noche, mientras los soldados dormían y habían robado el cuerpo del Señor Jesús. Como afirmar esto era ponerse una sentencia de muerte al cuello por parte de los soldados romanos, los principales sacerdotes y el sanedrín prometieron a los soldados romanos que si el gobernador intentaba hacer algún problema, ellos le persuadirían que no haga nada. Así fue. Los soldados romanos tomaron el dinero del soborno e hicieron lo que se les pidió. Esta es justamente la versión que prevalece hasta el mismo día de hoy entre los judíos incrédulos. Sin ser un experto detective es fácil determinar que es imposible sostener la teoría del robo del cuerpo del Señor Jesús mientras los soldados dormían. Sólo los que por incredulidad no quieren aceptar que el Señor Jesús resucitó lo pueden creer. Bien afirma el dicho que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Los enemigos del Señor Jesús podrán decir lo que quieran y creer lo que quieran, pero eso no va a cambiar un ápice el hecho real y glorioso de la resurrección de nuestro amado Salvador. La tumba vacía es uno de los pilares sobre los que se sostiene firmemente la fe cristiana.

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