Otro gigante, el cual no siempre es catalogado como poderoso gigante es lo que muchos llaman complejo de inferioridad. ¿Has sido víctima de este gigante? Bueno, si no sabes como responder, pues te diré que aquella vez que te sentiste inferior a los demás, en realidad estabas siendo atacado por el gigante llamado complejo de inferioridad. Si has sufrido en carne propia el ataque de este gigante, puede ser de ayuda saber que todos hemos sufrido el ataque de este gigante en algún momento de nuestra vida.

No pienses que eres uno de esos pobres desdichados a quien le sobreviene todo tipo de males que nadie jamás experimenta. No hay tal amigo oyente. El gigante del complejo de inferioridad no hace distinción de personas. No importa la situación económica, el color de la piel, la apariencia física, la preparación académica, inclusive no importa la madurez espiritual. Todo el mundo ha experimentado esas terribles acusaciones de ese gigante. Acusaciones como: “- ¿Quién te crees que eres? -No sirves para nada. -No eres nadie – ¿Quiénes son tus antepasados? -Eres lo peor. -Todos te menosprecian. -Nadie te quiere.”

Este gigante te echará al suelo y te pisoteará hasta que no puedas levantar la cabeza, y si logras levantarla, caminarás con la mirada clavada al piso como si tuvieras que pedir permiso a todos para andar en este mundo. El complejo de inferioridad nos hace sentir que somos menos capaces que los demás. Vivimos con la constante preocupación de que no valemos nada, de que todos son mejores que nosotros, de que lo que nosotros hacemos no será aprobado por nadie. Poco a poco vamos rindiéndonos a este gigante.

Este gigante tiene varias puertas de ingreso a nuestra vida. A veces puede ser nuestra apariencia física: que soy muy alto, o que soy muy bajo, que soy muy gordo o que soy muy flaco, que tengo el cabello lacio o el cabello ondulado, que tengo la piel clara o la piel oscura. A veces es la manera como vestimos, a veces los talentos que poseemos o los bienes que tenemos. Cuando el gigante del complejo de inferioridad logra atravesar alguna de estas puertas se instala cómodamente en nuestra vida y nos causa todo tipo de estragos.

Algunos de los grandes hombres de Dios fueron atacados por este gigante en algún momento de su vida. Moisés fue uno de ellos. Moisés fue llamado por Dios, pero cuando se enteró que Dios quería que fuera a Faraón, el gigante del complejo de inferioridad atacó y Moisés dijo: Nunca he sido hombre de fácil palabra. Soy tardo en el habla y torpe de lengua.

Jeremías es otro ejemplo. Fue hijo de un sacerdote y Dios le había hablado personalmente. Cuando Jeremías se enteró que Dios le había escogido para que sea su portavoz sintió el ataque del gigante del complejo de inferioridad. Dominado por este gigante, Jeremías respondió: Señor Jehová. He aquí no sé hablar, porque soy niño.

En 1 Samuel leemos el relato acerca de Saúl, el primer rey de Israel. Este joven era más alto que todos los demás en Israel, de los hombros para arriba. El aceite sagrado de la unción ya había sido derramado sobre su cabeza. Sin embargo, cuando estaba a punto de ser proclamado como rey, lo buscaron y no pudieron hallarlo. Jehová tuvo que intervenir para revelar que ese apuesto rey estaba escondido presa del temor entre el bagaje. Saúl sintió que no era digno de ser rey. Aun cuando ya había sido ungido, todavía no se sentía digno de ser rey. La falsa humildad puede ser en realidad un complejo de inferioridad.

Existen dos cosas que podemos hacer para conquistar a este gigante. Primero podemos destruirlo con la razón, simplemente usando la cabeza. Dios nos ha puesto la cabeza sobre los hombros para algo más que para llevar el sombrero. Debemos usar el poder de la razón. Si de pronto alguien se nos cruzara en el camino y nos dijera: – “Vaya, que feo que eres.” ¿Qué haríamos? ¿Alimentar el complejo de inferioridad? Por supuesto que no. Deberíamos razonar inmediatamente. ¿Quién es juez para decidir entre lo que es feo y lo que es hermoso en cuanto a la apariencia física?

Tú y yo conocemos cientos de personas nada atractivas físicamente, pero que son joyas como personas. La hermosura no está en la forma de la cara sino en el alma. Pero ¿Qué es la hermosura después de todo? ¿Quién puede saberlo a ciencia cierta? Algo hermoso para mí podría ser algo horrible para ti o algo hermoso para ti podría ser algo horrible para mí. Esto de feo o hermoso es muy relativo amable oyente.

Por tanto, debemos usar la razón. Tal vez mi nariz no sea igual a la de los demás, quizá mis ojos no sean igual a los de los demás. A lo mejor tengo pronunciada la quijada o las orejas pequeñas. ¿Y qué? ¿Quién puede decir que esto no sea algo bello? Lo bello y lo feo nos ha sido impuesto por Hollywood, ¿pero qué valor tiene en la realidad algo que provenga de Hollywood? Para Dios todos somos únicos y tan valiosos que Dios pagó con la vida de su Hijo para comprarnos. Isaías 43 verso 4 dice: Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.

Podemos conquistar este gigante del complejo de inferioridad usando la razón, pero también necesitamos aplicar Efesios 1:2. La Biblia dice: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Podemos confiar en Dios, aceptar su gracia y ser llenos de ella. Podemos apropiarnos de nuestra posición en Cristo. Somos nada más y nada menos que hijos del Rey. Eso no debemos olvidar jamás. Isaías 43 versículo 2 dice: Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

En esto descansa nuestro verdadero valor. No en como nos parecemos o en las cosas que tenemos, sino en el eterno amor que Dios tiene para nosotros. Lo que otros piensen de nosotros es asunto de ellos y de ninguna manera afecta el valor que realmente tenemos para con Dios. Nosotros somos valiosos para Dios y punto.

Los que piensan que somos menos es porque no conocen a nuestro Padre celestial y por tanto no saben la riqueza que nuestro Padre posee. El himno lo dice claramente: “Mi Padre es muy rico, no hay otro igual, los reinos del mundo en sus manos están.”

Antes de terminar, toma tu Biblia y acompáñame a Lucas 12, versos del 6 al 7. La Biblia dice: ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

Necesitamos atacar con el arma de la fe al gigante del complejo de inferioridad. Cuando lo miramos con los ojos de la fe este poderoso gigante es como una hormiga. No hay necesidad de que un creyente se deje dominar por el gigante del complejo de inferioridad. Que Dios te bendiga.

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