Reciba cordiales saludos amiga, amigo oyente. Soy David Araya, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio de Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes, y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de la comparecencia del Señor Jesús ante Pilato.

Gracias por su compañía amable oyente. En lo que va del estudio bíblico del Evangelio según Mateo, llegamos al punto en el cual el Señor Jesús fue traído atado ante Poncio Pilato, la autoridad romana de esos territorios ocupados por Roma. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 27 a partir del versículo 11. Lo primero que vamos a notar es el interrogatorio de Poncio Pilato. Permítame leer el texto en Mateo 27:11-14. La Biblia dice: Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho.
El Señor Jesús estaba atado y de pie ante Poncio Pilato el gobernador romano. ¡Qué ironía! El creador y sustentador del universo, aquel que con una sola palabra de su boca podría movilizar a las huestes celestiales para que vengan a rescatarlo, sin embargo, allí estaba, desfigurado por el castigo, atado como si fuera criminal, de pie ante Poncio Pilato para rendir su declaración. Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, previamente deben haber informado a Poncio Pilato que el Señor Jesús era culpable de haber intentado rebelarse contra el poder de Roma. Por eso, la primera pregunta de Poncio Pilato al Señor Jesús fue: ¿Eres tú el rey de los judíos? El Señor Jesús ciertamente es el Rey de los judíos. Por eso su respuesta a Poncio Pilato fue: Tú lo dices. Con esto, el Señor Jesús no estaba aceptando la acusación de rebelarse contra el imperio romano, por cuanto el reino en el cual el Señor Jesucristo es el Rey de los judíos, es un reino principalmente espiritual, y su componente material se establecerá cuando venga por segunda vez a este mundo. En este momento, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, levantaban sus voces acusando de todo al Señor Jesús, pero el Señor Jesús no respondía nada. Tal vez asombrado, Poncio Pilato intervino y dirigiéndose al Señor Jesús le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Parece como si Poncio Pilato pensaba que el Señor Jesús se había vuelto sordo. Por eso le dice: ¿Acaso no oyes las acusaciones que te hacen? El Señor Jesús sin embargo, no respondía ni una sola palabra. Esta conducta del Señor Jesús hizo que Poncio Pilato se maraville mucho. Esta conducta del Señor Jesús, fue el cumplimiento de la profecía de Isaías 53:7. La Biblia dice: Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Es probable que a estas alturas del interrogatorio, Poncio Pilato estaba tan confundido que no sabía para donde salir corriendo. En eso se le prendió el foco. Se le vino a la mente una posible salida que tal vez satisfaga a los judíos y ponga punto final al problema. Permítame leer el texto en Mateo 27:15-18. La Biblia dice: Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado.
Para congraciarse con los judíos, los gobernadores romanos habían adoptado la costumbre de soltar a un preso, el que quisiesen, durante la fiesta judía de la Pascua. El plan de Poncio Pilato era aprovechar de esta costumbre, y proponer un trato a los judíos. La propuesta era sugerir dos candidatos, uno terriblemente malo, a quien todos los judíos odien y quieran verle muerto y el otro, el Señor Jesús. Poncio Pilato pensaba que por lógica, los judíos escogerían al Señor Jesús, y dejarían que ese terrible criminal sea condenado a muerte. Así que, convocó a una reunión urgente a los principales sacerdotes y a los ancianos del pueblo y les dijo: Miren, ustedes saben que tengo en prisión a Barrabás, famoso por su maldad. Les doy a escoger entre soltar a Barrabás o soltar a Jesús llamado el Cristo. Poncio Pilato confiaba que los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo escojan al Señor Jesús, sería lo más lógico, porque Poncio Pilato ya había detectado que era por envidia que los principales sacerdotes y los ancianos querían entregar al Señor Jesús a la muerte. Es posible que los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo hayan debatido entre ellos la propuesta de Poncio Pilato mientras éste esperaba sentado en el tribunal. En eso alguien se acercó a Poncio Pilato con un recado. Permítame leer lo que dice Mateo 27:19. La Biblia dice: Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.
La mujer de Poncio Pilato había padecido mucho en sueños a causa del Señor Jesucristo. Por este motivo, prestamente envió un recado a Poncio Pilato aconsejándole que no tenga nada que ver con el Señor Jesús porque era justo. Ya no era solo Poncio Pilato quien pensaba que el Señor Jesús era justo, sino también su esposa. Poncio Pilato no tenía ningún justificativo para seguir teniendo prisionero al Señor Jesús. Mientras esto pasaba, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se pronunciaron sobre la propuesta de Poncio Pilato. Leo en Mateo 27:20-23. La Biblia dice: Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
Como era de esperarse, el odio de los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo contra el Señor Jesús, y sobre todo el designio divino, hizo que persuadan a la multitud que pida a Barrabás y que el Señor Jesús sea muerto. Así que, cuando Poncio Pilato hizo la pregunta: ¿A cuál de los dos quieren que lo suelte? Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo respondieron: A Barrabás. Posiblemente sorprendido, Poncio Pilato hizo entonces otra pregunta: ¿Qué hago entonces con Jesús, llamado el Cristo? Aquí intervino la multitud y todos a uno gritaban: ¡Sea crucificado! Es la primera vez que se menciona la cruel muerte por crucifixión. Como Poncio Pilato sabía que el Señor Jesús es justo, hizo la pregunta lógica: ¿Qué mal ha hecho? Esta pregunta ya no tuvo respuesta. Lo único que se oía es un clamor ensordecedor: ¡Sea crucificado! Fue en este momento cuando Poncio Pilato hizo lo que le ha hecho famoso para la posteridad, una fama que nadie desearía por supuesto. Note lo que dice: Mateo 27:24-26. Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
Poncio Pilato sabía que el asunto se le había ido de las manos. La multitud estaba enardecida pidiendo la crucifixión del Señor Jesús. Como no tenía la fuerza de carácter para oponerse a esta injusticia, Poncio Pilato tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo. Era una manera pintoresca de decir: Inocente soy de la sangre de este justo. Allá vosotros. Tal vez Poncio Pilato pensó que de esta manera había adoptado una posición neutral. No estaba de acuerdo con que el Señor Jesús sea crucificado, pero tampoco hizo nada para evitarlo. Pobre Poncio Pilato, no sabía que todo aquel que no está a favor de Cristo Jesús, automáticamente se transforma en un enemigo de Cristo Jesús. No se puede ser neutral con Cristo Jesús. Cuando el pueblo oyó que Poncio Pilado dijo: Allá vosotros, el pueblo respondió: Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Esto significa: Nosotros y nuestros hijos nos responsabilizamos por esto que estamos haciendo. A lo mejor no meditaron bien sobre lo que decían, pero ya lo dijeron. Unos cuarenta años más tarde, algunos de ellos y ciertamente los hijos de ellos, tuvieron que pagar con su vida el haber entregado al Señor Jesús para que muera crucificado, porque los ejércitos romanos tomaron Jerusalén mataron a miles de judíos y los sobrevivientes tuvieron que ir al exilio. De modo que Poncio Pilato soltó a Barrabás y habiendo azotado al Señor Jesús le entregó para ser crucificado. Terminando ya, piense en Barrabás. Tenía una sentencia de muerte sobre su cabeza y de pronto se encuentra libre. Pero viéndolo bien, para que Barrabás pueda librarse de la sentencia de muerte, el Señor Jesús tuvo que morir en su lugar. ¿Sabe una cosa? En un sentido espiritual, yo también estaba sentenciado a muerte por mi pecado, pero yo también, al igual que Barrabás quedé libre de esa sentencia de muerte, porque por la fe, recibí al Señor Jesús como mi Salvador, dando por hecho que el Señor Jesús tomó mi lugar para morir por mí en la cruz. Si usted todavía no ha tomado esta decisión le animo a que lo haga lo antes posible.