Un examen de la obra del Espíritu Santo en el creyente, mostrará que el Espíritu Santo es dado a una persona el instante mismo que esa persona dejó de ser incrédula y pasó a ser creyente por haber recibido a Cristo como su Salvador personal.

El fundamento bíblico de este razonamiento se halla en algunos pasajes bíblicos, de entre los cuales permítame citar Efesios 1:13 que dice: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”

Según este texto, para estar en Cristo, una persona incrédula primeramente necesita oír la palabra de verdad o el evangelio de la salvación. Oír no significa solamente percibir sonidos, sino además un entendimiento a nivel intelectual de los hechos relativos a la salvación.

Luego, en segundo lugar, esa persona incrédula que ha escuchado y entendido el evangelio de la salvación, debe creer en ello. Este es el paso de fe que transporta a la persona incrédula desde el mero asentimiento intelectual de los hechos sobre la salvación, a una apropiación personal de lo que el evangelio de la salvación ofrece, es decir la vida eterna.

Cuando una persona da este paso decimos que ha recibido a Cristo como Salvador, pero note ahora lo que sucede con esa persona que ahora ya es creyente; el texto leído dice, que aquella persona fue sellada con el Espíritu Santo de la promesa.

Esta frase tiene al menos dos principios muy importantes.

Primero, la persona fue sellada. La forma verbal denota un acto único en el tiempo con resultados permanentes por la eternidad.

Segundo, el sello es justamente la persona del Espíritu Santo, pues a eso se refiere la frase: fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.

Todo esto ocurre el instante mismo que la persona oye y cree al mensaje del evangelio.

La misma idea la tenemos en 1ª Corintios 12:13 que dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”

Ciertamente que este texto habla del bautismo con el Espíritu Santo, pero al final del versículo dice que a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. En esta frase tenemos tres conceptos fundamentales.

Primero, todos los creyentes hemos sido dados a beber de un mismo Espíritu. Ningún creyente ha sido privado de esto.

Segundo, a todos los creyentes se nos dio a beber de un mismo Espíritu el momento que recibimos a Cristo como Salvador.

Tercero, y esto como conclusión: Todos los creyentes tenemos el Espíritu Santo, o hemos recibido el Espíritu Santo, pues a eso se refiere la expresión: “y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”

Existe un elemento que une a todos los que creemos en Cristo como nuestro Salvador. Ese vínculo común es la bendita persona del Espíritu Santo.

Por todo lo dicho, categóricamente afirmamos que toda persona que ha oído el evangelio y habiéndolo entendido ha creído en él, inmediatamente ha recibido el Espíritu Santo para siempre jamás.

Es por esto, que si Ud. investiga diligentemente todo el Nuevo Testamento, jamás encontrará ni siquiera la más mínima insinuación, peor un mandato en el sentido que el creyente debe procurar o buscar recibir el Espíritu Santo.

Tener el Espíritu Santo es tan clave en un creyente que Pablo dice que si alguien no tiene el Espíritu, sencillamente no es de Cristo.

Romanos 8:9 en su segunda parte dice: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”

Observe ahora cuidadosamente; si tener el Espíritu Santo es tan importante, al punto que si alguien no tiene el Espíritu Santo, no es creyente, entonces sería de esperarse que el Nuevo Testamento esté repleto de exhortaciones a buscar recibir el Espíritu Santo, pero como hemos dicho, ese no es el caso. ¿Por qué? Pues porque todos recibimos el Espíritu Santo automáticamente el momento que confiamos en Cristo como nuestro Salvador.

Es justamente el Espíritu Santo que recibimos al creer en Cristo quien da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Nancy, lea Romanos 8:16 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”

Si no tuviéramos el Espíritu Santo, estaríamos privados de ese testimonio tan importante a nuestro espíritu, según el cual tenemos la certeza de que somos hijos de Dios. De modo que, si Ud. ha recibido a Cristo como su Salvador personal, Ud. ya tiene el Espíritu Santo. No tiene por qué andar preocupado en cómo recibirlo. Pueda ser que no esté consciente de la presencia del Espíritu Santo en su vida, pero eso no significa que no lo tenga.

La Biblia dice que si Ud. es creyente, Ud. tiene el Espíritu Santo, créalo por fe y aprópiese de esta verdad, y verá como muy pronto observa evidencias de la presencia del bendito Espíritu Santo en su vida.