Reciba cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Efesios en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. Un dicho muy conocido afirma que de tal palo tal astilla. Este dicho viene bien a lo que tratamos en nuestro último estudio bíblico, cuando vimos que todo hijo de Dios debe imitar a su Padre celestial amando a los demás. En el estudio bíblico de hoy, vamos a ver que otra forma de imitar al Padre es viviendo en pureza. 1 Juan 3:3 dice: Y todo aquel que tiene esta esperanza en él,  se purifica a sí mismo,  así como él es puro.
Dios es puro y por tanto los que somos sus hijos debemos andar o vivir en pureza. ¿Cómo manifiesta la pureza un hijo de Dios? Dejemos que la palabra de Dios nos dé una respuesta.

Abramos nuestras Biblias en el libro de Efesios, capítulo 5 versículos 3 a 5. En esta porción bíblica, vamos a ver tres maneras por las cuales un hijo de Dios muestra que está imitando a su Padre en la pureza. La primera es renunciando a los pecados sexuales. Efesios 5:3 dice: Pero fornicación y toda inmundicia,  o avaricia,  ni aun se nombre entre vosotros,  como conviene a santos;
La situación moral en la ciudad de Efeso, en los días que el apóstol Pablo escribió  su carta, estaba caracterizada por el desenfreno sexual de todo tipo. La descomposición moral en todo el imperio greco-romano era de tal magnitud que las voces que se levantaban en contra de la corrupción se consideraban totalmente fuera de lugar. Los desórdenes en el área de la sexualidad, eran tan groseros que la mayoría de la gente en Efeso lo tomaba como algo normal y lo practicaban sin escrúpulos, no sólo el común de la gente sino también la gente importante. Esta situación no es muy diferente de la situación actual en nuestro mundo moderno. En todo lugar vemos la degradación moral y los creyentes estamos expuestos a todo tipo de conductas sexuales aberrantes publicitadas por la mayoría de los medios masivos de comunicación. Los creyentes de Efeso tenían la difícil tarea de vivir en medio de esa sociedad corrupta y nosotros también tenemos que vivir vidas santas en medio de nuestra sociedad corrupta. Por esto, reviste extrema importancia que los creyentes renunciemos a los pecados sexuales. Pablo dice que ni siquiera deberíamos nombrar pecados tales como fornicación. Fornicación es la traducción de la palabra griega “porneia” de la cual provienen palabras como pornografía. Fornicación no es solamente la relación sexual entre personas no casadas. Fornicación es un término con un significado más amplio que incluye cualquier uso del sexo fuera del marco establecido por Dios en la Biblia. La Biblia presenta al sexo como algo creado por Dios para ser usado entre un hombre y una mujer, quienes previamente se han casado, con un triple propósito: Procreación, comunión total en espíritu, alma y cuerpo y placer a raudales. Dentro de la palabra fornicación cabe entonces prácticas como homosexualidad, prostitución, adulterio, lesbianismo, pornografía, masturbación, pedofilia, relaciones sexuales prematrimoniales, bestialismo y tantas otras más. Además de fornicación, Pablo se refiere a otro pecado. La inmundicia. Esto se refiere no sólo a las acciones antes descritas sino a los pensamientos que conducen a esas acciones. Toda acción se origina en la mente, en los pensamientos. Si queremos que como creyentes nuestras acciones sean buenas, debemos tener buenos pensamientos, debemos llenar nuestra mente con la palabra de Dios. Pero si llenamos nuestra mente con la basura que vende el mundo, no será extraño que nuestras acciones sean corruptas. Otro pecado que ni siquiera deberíamos mencionar los creyentes es la avaricia. Estamos acostumbrados a mirar a la avaricia solamente como el deseo desmedido por poseer más dinero, pero al igual que fornicación, la palabra avaricia en la Biblia tiene un sentido mucho más amplio. Literalmente significa: codicia fiera. Alguien lo ha definido como la maldita pasión por satisfacer cualquier apetito. Los insaciables ciudadanos de Efeso estaban siempre deseando más y más inmoralidad para satisfacer sus más bajos instintos. Muchas de estas personas llegaron a ser creyentes y era necesario que hagan un corte total con ese corrupto estilo de vida. Por eso Pablo les ordena renunciar a los pecados sexuales como conviene a los santos. Los creyentes son santos porque han sido apartados del mundo para Dios. Es necesario por tanto que su forma de vivir se ajuste a su nueva naturaleza espiritual. Esta exhortación es también para nosotros. Es inadmisible que un creyente cometa cualquier tipo de pecado sexual. Basta ya de inmoralidad entre los santos. La segunda manera de mostrar que estamos imitando a nuestro Padre en la pureza es repudiando los pecados verbales. Efesios 5:4 dice: ni palabras deshonestas,  ni necedades,  ni truhanerías,  que no convienen,  sino antes bien acciones de gracias.
Los creyentes debemos desterrar o repudiar el lenguaje procaz. Pablo exhorta a repudiar las palabras deshonestas, esto se refiere a la obscenidad en general. Esta obscenidad en el hablar se manifiesta a veces en necedades. Esta palabra significa literalmente el hablar de una persona con deficiencia mental. La obscenidad en el hablar se manifiesta también en truhanerías que no convienen. Esto significa una capacidad maligna para torcer el sentido de las palabras dichas para darlas un sentido moralmente cuestionable. Es decir lo que normalmente conocemos como hablar con doble sentido. Los chistes con doble sentido caen bien dentro de la categoría de truhanerías que no convienen. Al referirme a esto me es inevitable pensar en tantos programas de televisión que para incrementar los ratings o índices de sintonía echan mano de tantos recursos cuestionables como este de decir cosas con doble sentido. Los creyentes tenemos que repudiar esta conducta. En lugar de usar nuestra boca para hablar truhanerías que no convienen, los creyentes debemos pronunciar acciones de gracias. Es difícil dar gracias a Dios por algo y acto seguido lanzar una descarga de palabras ofensivas. Para hablar siempre lo bueno, es necesario cuidar lo que dejamos entrar a la mente, amable oyente, porque la Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Si su mente está llena de la palabra de Dios, su boca hablará cosas buenas, pero si su mente está llena de la basura de este mundo, su boca hablará cosas malas. Una vez estaba jugando al fútbol con un grupo de jóvenes. En el fragor de la competencia alcancé a oír que uno de los jóvenes pronunció una palabra de grueso calibre. Casi al instante me acerqué a él y con mucho tino le reprendí por esa conducta. A manera de disculpa me dijo: Es que se me salió. Esto me sirvió para hacerle notar que si esa mala palabra salió de su boca es porque estaba guardada en su mente, en su corazón y que si no quería que salgan malas palabras de su boca era necesario que llene su mente con la palabra de Dios. Cuide su lenguaje amable oyente. Si de tanto en tanto nota que todavía pronuncia malas palabras, especialmente cuando está bajo presión, eso significa que su mente todavía no ha sido llenada con la palabra de Dios. De ser ese el caso, oiga la palabra de Dios, lea la palabra de Dios, estudie la palabra de Dios, medite en la palabra de Dios, memorice la palabra de Dios pero sobre todo, aplique la palabra de Dios a su vida. La tercera manera para mostrar que estamos imitando a nuestro Padre en la pureza es recordando el fin de los pecadores. Efesios 5:5 dice: Porque sabéis esto,  que ningún fornicario,  o inmundo,  o avaro,  que es idólatra,  tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Algo que nos puede ayudar a mantenernos puros es recordar lo que pasará con los fornicarios, inmundos y avaros. Ellos no tendrán parte en el reino de Cristo y de Dios. Interesante es notar que el avaro es también idólatra. Su obsesión por satisfacer sus instintos a cualquier precio, hace que Dios sea destronado del primer lugar que debe tener y de esa manera se transforma en idolatría. Hemos visto que imitar a nuestro Padre en la pureza implica renunciar a los pecados sexuales, repudiar los pecados verbales y recordar el fin de los pecadores. ¿Está logrando estas metas? Sed pues, imitadores de Dios, dice Pablo. ¿Está imitando a Dios en pureza?

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