Saludos cordiales, amiga, amigo oyente. La Biblia Dice… le extiende una cálida bienvenida al estudio bíblico de hoy. Esperamos que esté disfrutando del estudio el libro de Hebreos en la serie que lleva por título: La preeminencia de Jesucristo. En esta ocasión David Logacho nos hablará acerca de cómo enfrentaron la muerte algunos de los patriarcas de Israel, a la luz de la fe que poseían.

Alrededor del año 125DC un griego de nacimiento llamado Arístides, escribía a uno de sus amigos sobre una nueva religión que estaba surgiendo, el cristianismo. En su carta trataba de explicar las razones para el inusitado éxito de esta nueva religión. Uno de los párrafos de aquella carta decía: Cuando muere alguien de entre ellos, los demás no se angustian como ocurre normalmente, sino que sufren la pérdida con tranquilidad, e inclusive dan gracias a su Dios por lo que ha pasado.

Organizan un cortejo fúnebre para acompañar el cuerpo del difunto al cementerio y mientras caminan van cantando cánticos de acción de gracias como si al difunto se le hubiera otorgado un premio. ¿Qué le parece amable oyente? ¡Qué manera tan extraordinaria de enfrentar la muerte de aquellos primeros cristianos! Había algo en ellos que les hacía ver a la muerte como el último enemigo a ser conquistado antes de obtener la victoria. Ese algo era la fe. La prueba suprema para la fe es la muerte. Una fe viva verá a la muerte como el callejón que conduce a disfrutar de todo lo que Dios ha prometido.

Una fe muerte verá a la muerte como el fin de todo, como el salto a lo desconocido. En el estudio bíblico de hoy, veremos como enfrentaron la muerte algunos de los patriarcas de Israel. Qué tal si abrimos nuestras Biblias en el libro de Hebreos capítulo 11, versículos 20 a 22. A lo largo de 10 capítulos, el autor de Hebreos ha mostrado la superioridad del nuevo pacto sobre el antiguo pacto y siendo que Jesucristo es el elemento clave del nuevo pacto, el autor de Hebreos ha demostrado hasta la saciedad que Jesucristo es superior a todo que es estimado de valor dentro del judaísmo.

La pregunta que surgía era: ¿Cómo puede una persona entrar a ese nuevo pacto? La respuesta aparece en Hebreos 10:38 “Mas el justo vivirá por fe, y si retrocediere, no agradará a mi alma” La fe es por tanto, lo que permite a alguien entrar a formar parte de los que están bajo los beneficios del nuevo pacto. Este concepto de ser salvo por la fe era algo muy difícil de ser aceptado por los judíos, por esta razón, el autor de Hebreos hace un recuento de varios personajes que hicieron historia en Israel, para mostrar que cada uno de ellos agradó a Dios por la fe. Vimos a Abel como aquel que adoró por fe, a Enoc, el que vivió por fe, a Noé el que obró por fe, y a Abraham el padre de la fe.

Siguiendo con este patrón, el autor de Hebreos va a citar a Isaac, Jacob y José, quienes por fe vencieron a la muerte. Veamos en primer lugar a Isaac. Hebreos 11:20 dice: “Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras” Según el relato en Génesis, Esaú y Jacob eran gemelos. Antes que nacieran, Dios anunció a Rebeca, la madre, que tanto Esaú como Jacob sería padres de naciones y el mayor, esto es Esaú, serviría al menor, esto es a Jacob.

Esaú fue el hijo favorito de Isaac, y por tanto, tenía las mejores opciones para recibir lo mejor de su padre. En cambio Jacob era el hijo favorito de Rebeca y ella estaba dispuesta a hacer todo lo posible, aunque fuera cuestionable, para que Jacob reciba la bendición que Isaac tenía planeado entregar a Esaú. Con este antecedente, Rebeca y Jacob engañaron a Isaac quien tenía problemas con la vista a causa de su vejez, y así consiguieron que Isaac entregue la bendición del primogénito a Jacob. Cuando se descubrió el engaño, Isaac se estremeció grandemente, pero se acordó de la palabra de Dios que el mayor servirá al menor y se dio cuenta que a pesar de su favoritismo hacia Esaú, Dios había hecho prevalecer soberanamente su voluntad que el mayor se someta al menor.

La bendición entregada a Jacob tenía que ver con la posesión de una tierra, la formación de una nación y el beneficio para todo el mundo. Algún tiempo después, murió Isaac, no vio la promesa hecha por Dios a Abraham su padre, pero salió de este mundo, seguro que su hijo Jacob vería el cumplimiento de la promesa. Su fe le permitió levantar su mirada más allá de su muerte y por así decirlo, venció a la muerte.

En segundo lugar tenemos a Jacob, al igual que Isaac su padre, Jaco no siempre fue un modelo de virtud. En su vida hubo engaño, mentira, astucia, etc., pero a pesar de todo esto, llegó a ser un héroe de la fe. Hebreos 11:21 dice: “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.” El carácter de Jacob mejoró con el paso de los años y su muerte sucedió en el clímax de su relación con Dios. Qué bueno es pensar que tenemos en Dios a alguien que nos brinda más de una oportunidad. De no ser así, muchos de nosotros hoy no estarías sirviendo al Señor en su obra.

No importa amable oyente, cuan negro haya sido su pasado, para Dios usted todavía es útil. Dios no ha terminado todavía con usted. Al igual que Jacob, usted también podría depositarse en las manos de Dios para dejar que él moldee su carácter y vaya transformándolo de gloria en gloria. Cuando Jacob bendijo a los hijos de José, Manasés y Efraían, cruzó a propósito sus manos para que la bendición del hijo mayor vaya al hijo menor, es decir a Efraín. A pesar de las protestas de José, Jacob insistió que la bendición dada debía quedar así, porque este era el orden especificado por Dios.

Después de esto, Jacob adoró apoyado sobre el extremo de su bordón, como diciendo: Dios, yo no he visto todavía el cumplimiento de tus promesas a mi abuelo Abraham, pero sé que todo es cuestión de tiempo. No he sido yo, pero serán mis nietos quienes lo vean. Una vez más, la muerte no truncó una esperanza. Jacob estaba seguro de que Dios iba a cumplir lo prometido, porque fiel es aquel que lo prometió. El último personaje de nuestro estudio es José.

Hebreos 11:22 dice: “Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos” La fe de José fue también fuerte en su muerte. José creyó la promesa de Dios de que él liberaría a Israel de la esclavitud en Egipto. La fe le permitió ver de antemano el éxodo del pueblo de Israel. Estaba tan seguro de ello que instruyó a sus hijos a llevar sus huesos con ellos para que sean enterrados en la tierra prometida. A pesar de estar rodeado de pompa y esplendor en Egipto, su corazón no estaba en Egipto de ninguna manera. Su corazón estaba con su pueblo en la gloria y bendición futura.

Una vez más, vemos en José que la muerte no acabó con la esperanza. La fe permitió a José estar seguro de la promesa de Dios, aunque no lo vio. Así que, tanto Isaac como Jacob y José no dejaron que la muerte trunque su esperanza de ver el cumplimiento de la promesa de Dios. La fe les permitió mirar más allá de la muerte y todos ellos salieron de este mundo sabiendo que Dios iba a cumplir con la promesa hecha a Abraham.

Salmo 37:37 nos da un mensaje oportuno a este respecto. Dice así: “Considera al íntegro y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz” Para el hijo de Dios, la muerte no es el fin sino el comienzo de una experiencia extraordinaria. Con razón que el apóstol Pablo decía en 2 Corintios 5:6-8 “Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuero, y presentes al Señor.” Luego añade en Filipenses 1:21-24 “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.

Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” Si usted es un verdadero hijo de Dios, no debe tener temor a la muerte. Hay creyentes que temen morir porque no saben lo que les espera en el más allá, pero esto es ridículo porque la Biblia ha revelado detalladamente lo que espera al creyente después de la muerte.

Hay otros creyentes que no tienen temor de lo que pasará con ellos porque saben que estarán disfrutando de eterna bendición, pero temen por los que dejarán aquí en la tierra, pero esto también es ridículo. ¿Acaso somos nosotros mejores que Dios para cuidar de nuestros seres queridos que quedarán en la tierra? Si Dios nos lleva, él se hará cargo de los que por ahora están a nuestro cuidado y créamelo, él hará un mejor trabajo que nosotros. En esencia, no hay razón válida para que el creyente tema a la muerte; por fe puede enfrentarla con un grito de victoria como lo hizo Isaac, Jacob y José.