Es un placer estar nuevamente junto a Usted, amiga, amigo oyente, para juntos crecer en el conocimiento de la palabra de Dios. Estamos estudiando el libro de Apocalipsis y hemos llegado al último capítulo, a lo que prácticamente es el epílogo del libro. En el estudio bíblico de hoy, consideraremos los comentarios de varios personajes que tuvieron parte activa en la producción del libro de Apocalipsis.

Si tiene una Biblia a la mano, le invito a abrirla en Apocalipsis capítulo 22 versículo 6. Desde este versículo hasta el versículo 11 encontramos la participación de tres personajes, quienes nos dejan preciosa información para nuestras vidas. Quien primero toma la palabra es el ángel que fue enviado por Dios para mostrar a Juan los detalles de la nueva Jerusalén. Apocalipsis 22:6 dice: “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.” Es el ángel quien se dirige a Juan para ratificar que lo que ha dicho son palabras verdaderas y dignas de toda confianza. Esta apreciación se aplica no solo al libro de Apocalipsis sino a la Biblia entera. Todo lo que está en la Biblia son palabras verdaderas y dignas de toda confianza. Si Usted amigo oyente quiere conocer la verdad, debe recurrir a las páginas de la Biblia. Esto es así, porque las palabras de la Biblia son inspiradas por Dios. Esto significa que son sopladas por Dios. Por eso son palabras verdaderas y dignas de toda confianza. El mismo Dios que actuó en los espíritus de los profetas para que anuncien todo el consejo de Dios, fue quien envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. Entre sus siervos están los mensajeros de las siete iglesias, a quienes se les entregó mensajes específicos para cada una de las iglesias y está Usted y yo, y todos los que nos deleitamos leyendo lo que el ángel enviado de Dios comunicó a Juan. Dios siempre muestra a los siervos que le aman las cosas que está por hacer. Si Usted tuvo dudas acerca de si en realidad va a suceder todo lo que está escrito en el libro de Apocalipsis, debe este mismo instante dejar a un lado esas dudas porque las palabras del Apocalipsis son verdaderas y dignas de toda confianza. Esto se aplica también a toda la Biblia en general. Una vez que ha intervenido el ángel, toma la palabra el mismo Señor Jesucristo. Ponga atención a lo que dice Apocalipsis 22:7 “¡He aquí, vengo pronto! Binaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” Quien menciona estas palabras no puede ser otro que el mismo Señor Jesucristo. Es él quien estando en la gloria vino a la tierra a morir por el pecador. Una vez muerto, resucitó al tercer día y tiempo más tarde ascendió a la gloria de su Padre hasta que se cumpla el tiempo para volver por segunda vez a la tierra. Ese tiempo de su segunda venida está a la puerta. ¡He aquí vengo pronto! Si fue pronto cuando se escribió el libro de Apocalipsis, allá a finales del primer siglo, hoy que vivimos como veinte siglos después es mucho más pronto. Hoy mismo podría ser el día cuando Jesucristo venga a buscar a su iglesia en las nubes y así iniciar todo lo que el libro de Apocalipsis describe con tanto detalle y crudeza. La venida del Señor Jesucristo está a la puerta amiga, amigo oyente. Gocémonos y alegrémonos porque está cercano el día cuando le veremos cara a cara. Mientras el Señor Jesucristo tarda su venida, nuestra responsabilidad es guardar las palabras de la profecía de este libro. Esto de guardar las palabras de la profecía de este libro tiene que ver con una confiada aceptación de todo lo que dice el libro de Apocalipsis y con una conducta diaria acorde con esa esperanza. Si la venida de Cristo está a la puerta, más vale que vivamos vidas que reflejan ese hecho. ¿Qué haría Usted hoy, si supiera que mañana viene el Señor Jesucristo a llevar a su iglesia? Pues eso es lo que debería estar haciendo amable oyente. Si está haciendo cualquier otra cosa, eso significa que Usted no está esperando con anhelo la venida de Jesucristo. Esto es lo que significa guardar las palabras de la profecía de este libro. Las personas que lo hacen son bienaventuradas. Esto significa muy felices o muy dichosas. Felices y dichosos aquellos que aguardan con expectación la venida de Jesucristo. La venida de Jesucristo no les hallará desprevenidos. Bueno, ya han tomado la palabra el ángel y el Señor Jesucristo. Juan, el apóstol ha estado inactivo hasta este momento. Pero note lo que pasa después. Apocalipsis 22:8-9 dice: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” Juan da su testimonio de que fue él en persona quien oyó y vio todas las cosas que aparecen en el libro de Apocalipsis. Esto añade peso a todo lo que allí se dice. No se trata de un invento de Juan o de algo que Juan imaginó o algo que a Juan le contaron. Se trata de algo que Juan oyó y algo que Juan vio. Juan es el testigo perfecto. Un testigo es aquel que relata lo que oyó y lo que vio. Lo que Juan oyó y vio fue algo tan maravilloso, algo tan sublime, que por instantes ni siquiera pensó en lo que estaba por hacer. Impulsivamente se postró para adorar a los pies del ángel que le había mostrado las cosas que aparecen en el libro de Apocalipsis. Juan ya había pasado por esto antes. Un poco más atrás en Apocalipsis 19:10 lo vemos también postrado a los pies de un ángel. El ángel reprendió a Juan diciéndole: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. Pero Juan es tan humano como Usted y yo. Solo el ser humano comete el mismo error más de una vez. En la segunda vez que Juan cometió este error, el ángel que estaba junto a él le dijo: Mira, no hagas eso, pues yo soy siervo de Dios, lo mismo que tú y que tus hermanos los profetas y que todos los que hacen caso de lo que está escrito en este libro. Adora a Dios. Los ángeles no deben ser adorados amable oyente. Tampoco se debe orar a los ángeles. Esto debería ser suficiente para echar por tierra toda esa absurda intentona tan en boga en nuestro tiempo de rendir culto a los ángeles. Los hombres siempre han tenido la tendencia de rendir honor a la creación en lugar del Creador y adorar a los siervos del Señor en lugar del Señor. Así fue como Cornelio se postró ante el apóstol Pedro, los habitantes de Listra se postraron ante Pablo y Bernabé. Tanto los apóstoles como los ángeles rechazaron frontalmente la adoración y enseñaron que Dios es el único que merece ser adorado. Cuidado amigo oyente con adorar a los mensajeros en lugar de adorar al dueño del mensaje. No son pocas las veces cuando en las iglesias se crea una verdadero culto a la personalidad de un predicador. La gente se reúne no para adorar a Dios sino para adorar al predicador. Esto se hace evidente cuando el predicador tiene algún fracaso moral o se va a otra iglesia o se muere. Automáticamente la gente deja de ir a las reuniones. No ponga sus ojos en el mensajero sino en el mensaje. No ponga sus ojos en el siervo sino en el Señor. Esto es lo que podemos aprender del error que cometió Juan. Cuidado con hacerse ídolos con pies de barro. Finalmente toma nuevamente la palabra el ángel. En Apocalipsis 22:10-11 leemos: “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” El ángel pide a Juan que no selle las palabras de la profecía del libro de Apocalipsis. Esto significa que estas profecías deben ser proclamadas a los cuatro vientos para beneficio de los que las lean y las guarden en su corazón. La razón para esto es porque lo que se profetiza en el libro de Apocalipsis está por ocurrir pronto. Hubo otras profecías que fueron selladas, como la de Daniel. Daniel 12:4 dice: “Pero tú Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.” Esto no significa que el contenido del libro de Daniel debe ser guardado en secreto o que el significado de lo que dice el libro no será comprendido por nadie. Lo que significa es que el contenido del libro de Daniel debe ser preservado intacto porque su cumplimiento todavía está en el futuro lejano. La profecía de Apocalipsis debe producir un cambio en la conducta diaria de los que la leen, la entienden y la guardan en su corazón. Los que rechazan las advertencias de Dios en el libro de Apocalipsis terminarán en el lago de fuego, en donde seguirán siendo injustos e inmundos por la eternidad. Los que aceptan las advertencias de Dios en el libro de Apocalipsis terminarán en gloria celestial donde seguirán siendo justos y santos por la eternidad. Si Usted amable oyente, todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, Usted está en peligro de ser injusto e inmundo por la eternidad en ese lugar de tormento llamado lago de fuego. No juegue con el destino eterno de su vida. Hoy mismo reciba a Cristo como su Salvador para que sea justo y santo por la eternidad en ese lugar de dicha y bendición junto a Dios.