Libro De Daniel

35. Profecía es dada a Daniel

Cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Daniel. En nuestro último estudio bíblico, terminamos de analizar la oración de confesión que Daniel elevó a Dios, a la luz de la cercanía del cumplimiento de la promesa de Dios en cuanto a la finalización del tiempo de cautiverio en Babilonia. Con esto, terminamos de estudiar la primera sección del capítulo 9 de Daniel. En esta ocasión vamos a iniciar el estudio de la segunda sección del capítulo 9 de Daniel. Esta sección consiste en una de las profecías más importantes de toda la Biblia.

Cuando alguien ora en la voluntad de Dios, esa oración va a ser contestada por Dios. Isaías 65:24 dice: Y antes que clamen,  responderé yo;  mientras aún hablan,  yo habré oído.
Esto fue justamente lo que sucedió con Daniel. Mientras todavía estaba orando, Dios respondió su oración por medio de darle una maravillosa profecía. En primer lugar consideremos el antecedente de la profecía. Daniel 9:20-21 dice: Aún estaba hablando y orando,  y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel,  y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración,  cuando el varón Gabriel,  a quien había visto en la visión al principio,  volando con presteza,  vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.
Cuando alguien busca conocer la voluntad de Dios con sinceridad, Dios está dispuesto a dar a conocer su voluntad. Mientras Daniel derramaba su corazón delante de Dios en oración confesando su propio pecado y el pecado de su pueblo Israel, y clamaba con fervor por la restauración de la ciudad de Jerusalén, el monte santo de Jehová, Dios contestó su oración. La respuesta vino por medio de un mensajero de Dios, un ser angélico cuyo nombre es Gabriel, hermoso nombre cuyo significado es héroe de Dios o guerrero de Dios u hombre de Dios. Daniel dice que se trataba del varón Gabriel a quien había visto en la visión al principio. Por el hecho que Daniel habla del varón Gabriel se deduce que el ángel debe haber tomado forma humana. Daniel lo había visto con anterioridad en la visión relatada en el capítulo 8 de Daniel. Como eficiente mensajero de Dios, Gabriel se aproximó a Daniel volando con presteza. Todo sucedió como a la hora del sacrificio de la tarde. La ley de Moisés contemplaba sacrificar un cordero a la mañana y otro cordero a la tarde. El sacrificio de la tarde se llevaba a cabo a las 3, a la misma hora que se dedicaba a la oración en el templo. En segundo lugar tenemos la introducción de la profecía. Daniel 9:22-23 dice: Y me hizo entender,  y habló conmigo,  diciendo:  Daniel,  ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.
Dan 9:23  Al principio de tus ruegos fue dada la orden,  y yo he venido para enseñártela,  porque tú eres muy amado.  Entiende,  pues,  la orden,  y entiende la visión.
El ángel Gabriel fue utilizado por Dios para hacer entender a Daniel algo que de ninguna otra manera Daniel podría entender. Hablando a Daniel, el ángel Gabriel le dijo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Lo que el ángel Gabriel estaba haciendo era en respuesta a la oración de Daniel. Tan pronto como Daniel comenzó a orar Dios ya estaba respondiendo su oración. Esto nos debe animar mucho a perseverar en oración. Vale la pena orar con fervor en todo tiempo. El ángel Gabriel comunicó a Daniel que su venida para enseñarle era una muestra del amor de Dios, porque Daniel es muy amado. Dios se deleita en enseñar cosas importantes a los que le aman, los cuales son amados de él. El ángel Gabriel se prepara a entregar la profecía diciéndole: Entiende, pues, la orden y entiende la visión. Dios está compartiendo con su siervo Daniel, lo que él en su soberana voluntad como Dios ha determinado no sólo para el pueblo de Israel sino para toda la humanidad. A esto se refiere la orden y la visión que el ángel Gabriel quería enseñar a Daniel. La visión tiene varias partes que me gustaría compartir con Usted. La primera parte tiene que ver con el período de tiempo que debe transcurrir hasta el establecimiento de un reino eterno, profetizado en varias visiones que Dios dio a Daniel. Daniel 9:24 dice: Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad,  para terminar la prevaricación,  y poner fin al pecado,  y expiar la iniquidad,  para traer la justicia perdurable,  y sellar la visión y la profecía,  y ungir al Santo de los santos.
Son varios los asuntos que debemos comprender bien en esta parte de la profecía. En primer lugar, cuando en la profecía se habla de semanas, no se está refiriendo a períodos de siete días, como normalmente entendemos este término en nuestra conversación de rutina. La palabra semana en esta profecía significa en realidad septenios o períodos de siete años. ¿Cómo demostrar esta afirmación? Pues por lo que dice Levítico 25 en cuanto a la manera de contabilizar el tiempo para la celebración del año de jubileo. Note lo que dice Levítico 25:8-10 Y contarás siete semanas de años,  siete veces siete años,  de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
Lev 25:9  Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes;  el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.
Lev 25:10  Y santificaréis el año cincuenta,  y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores;  ese año os será de jubileo,  y volveréis cada uno a vuestra posesión,  y cada cual volverá a su familia.
Allí lo tiene. Siete semanas de años equivale a siete veces siete años. Así se debe entender el término semanas en Daniel 9:24. De modo que cuando Daniel habla de setenta semanas se está refiriendo a 490 años. En segundo lugar, la profecía de Daniel 9:24-27 es una profecía para el pueblo de Israel, no para las naciones gentiles. Hablando a Daniel, el ángel Gabriel le dijo que setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad. Esto es una clara referencia al pueblo de Israel y a la ciudad de Jerusalén. Dios ha determinado un período de 490 años antes que ocurra algo que él mismo va a hacer con respecto al pueblo de Israel y a la ciudad de Jerusalén. En tercer lugar, lo que Dios hará con su pueblo Israel y la ciudad de Jerusalén son seis cosas. Número uno, terminar la prevaricación. Esto se refiere a que llegará a su fin la apostasía y el peregrinaje de Israel por la tierra. Por el uso del artículo antes del sustantivo prevaricación, se refiere a la máxima prevaricación de Israel, lo cual no es otra cosa que el rechazo al Señor Jesucristo como el Mesías de Israel. Esto terminará cuando el Señor Jesucristo venga por segunda vez a la tierra e Israel lo reconozca como su Mesías. Número dos, poner fin al pecado. La frase “poner fin” significa sellar o refrenar. Durante el reinado milenial de Cristo, una vez que él venga por segunda vez, Satanás estará encerrado o sellado en un abismo, de modo que su obra de incitar al pecado dejará de existir y el pecado será refrenado. Número tres, expiar la iniquidad. Expiar significa cubrir. Implica una efectiva cobertura del pecado, por la cual el pecador queda totalmente reconciliado con Dios. Daniel confesó: Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente. Dios respondió esta oración diciendo a Daniel que está por venir un día, todavía futuro, cuando todo el pecado de Israel será perdonado y olvidado. Los pecados de todos, tanto judíos como gentiles han sido ya expiados por la muerte de Cristo en la cruz, pero esta obra se hace efectiva solamente en los que han recibido a Cristo como Salvador. Número cuatro, traer la justicia perdurable. Esto acontecerá cuando venga el Señor Jesucristo por segunda vez y establezca su reino milenial. En ese momento, Israel estará en una correcta relación con Dios y en consecuencia habrá justicia en la tierra. Hablando de ese día, note lo que dice Jeremías 23:5. He aquí que vienen días,  dice Jehová,  en que levantaré a David renuevo justo,  y reinará como Rey,  el cual será dichoso,  y hará juicio y justicia en la tierra.
Número cinco, sellar la visión y la profecía. Después de la semana setenta, cuando Israel adore a Cristo Jesús, su Mesías y haya sido perdonada y limpiada de su pecado y haya entrado al reino milenial, se habrá cumplido todo lo que en visión, en profecía, se ha dicho sobre Israel. Lo que se había profetizado se hará una realidad. En este momento ya no hará falta más visión ni profecía. Todo habrá sido cumplido. Número seis, ungir al Santo de los santos. Aparentemente quien es el objeto de ungimiento es una persona, se trataría de la persona del Señor Jesucristo, el Santo de los santos, pero en realidad, según un buen número de intérpretes, el objeto de ungimiento es el lugar santísimo del templo durante el reinado milenial de Cristo. Durante este tiempo habrá un templo en Jerusalén, descrito en el libro de Ezequiel, y al final de la semana setenta de la profecía, se ungirá el lugar santísimo de este templo. En resumen, amable oyente, Dios en su soberanía ha establecido setenta semanas, o setenta septenios, o setenta períodos de siete años, hasta que se cumplan todas las seis bendiciones que Dios va a traer sobre su pueblo Israel y sobre la ciudad de Jerusalén. En nuestro próximo estudio bíblico vamos a ver cuando se debe comenzar a contar estas setenta semanas y como se distribuyen en el tiempo. Espero su compañía.