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La permanencia del matrimonio hasta que la muerte los separe

Es un privilegio para nosotros compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy dentro de la serie que lleva por título La Familia Auténticamente Cristiana. Hablar de la permanencia del matrimonio hasta que la muerte los separe, no es un mensaje muy popular en los actuales momentos. La gente está sedienta de escuchar voces que incentiven el divorcio. Voces que digan: Si se cansó de su esposa o de su esposo, simplemente divórciese y comience una nueva relación con otra persona. Voces que digan: Usted no tiene por qué soportar a una esposa o a un esposo tal como la que tiene o el que tiene. Después de todo, ya ha sufrido mucho con la mujer o el marido que le ha tocado y es hora de buscar un poco de felicidad con otra persona. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos mostrará que aún en los casos más extremos de conflicto matrimonial existe esperanza de solución aparte del divorcio.

Luego de exponer el ideal de Dios para la familia auténticamente cristiana, ha sido necesario considerar el asunto del divorcio. Reconocemos que hablar de divorcio no es la mejor manera de concluir la serie sobre la familia, pero ante tanta confusión que existe sobre este tema en el mundo y entre los creyentes nos ha parecido bien tratar este tema en nuestra serie sobre la familia auténticamente cristiana. Hemos visto ya que al igual que en la actualidad, en la época en la cual estuvo el Señor Jesucristo en carne y hueso en este mundo, el divorcio fue objeto del abuso. En aquella época los que abusaron del divorcio fueron algunos fariseos. Los maridos estaban divorciándose de sus mujeres casi por cualquier cosa. Si a una esposa se le iba demasiada sal en la comida, el esposo perfectamente, podía escribir una carta de divorcio y despedirla de su casa. Así de sencillo. Esta era la forma de pensar con relación al divorcio de algunos rabinos. Hemos visto también que el divorcio jamás fue ordenado o instituido por Dios. Lo que Dios instituyó fue el matrimonio. Su idea, o su propósito fue que el matrimonio sea una relación hermosa, amorosa y de por vida. El divorcio nunca fue contemplado en los planes de Dios para el matrimonio. Lo que Dios ha dicho en su palabra es: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Una sola carne nos habla de algo que dura toda la vida. También vimos que el divorcio surgió a raíz de que el hombre y la mujer cayeron en pecado. Como parte de la maldición por el pecado, Dios condenó a la mujer a experimentar un profundo e innato deseo de gobernar a su marido. El esposo en cambio, fue condenado a la nada grata tarea de mantener su autoridad inclusive si para ello es necesaria la fuerza. Eva escuchó de parte de Dios las palabras fatídicas: Tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti. Allí comenzó la lucha de poderes en el matrimonio. Como fruto de esta situación explosiva surgió el divorcio. La persona que se divorcia por cualquier causa que sea, hace lo que Dios aborrece y en esencia, comete pecado contra Dios. Malaquías 2:16 dice: “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, o el divorcio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales” Note que divorciarse es equivalente a cubrir de iniquidad o maldad o pecado, la ropa que uno viste. Esta es la posición de Dios en cuanto al divorcio amigo oyente. Quizá Usted estará preguntándose: ¿Está Dios en contra del divorcio aún si hay inmoralidad o adulterio o fornicación de por medio? La respuesta es: Sí. Dios está opuesto al divorcio aun cuando cualquiera de los cónyuges haya caído en lo más bajo de la inmoralidad. Dios en realidad dice que el divorcio debe ser evitado de cualquier manera. ¿Cuál es el fundamento bíblico para este razonamiento? Pues eso es lo que dice su palabra. En el Antiguo Testamento tenemos un libro que ilustra el trato de Dios para con su pueblo escogido Israel. El libro de Oseas ha sido descrito como un drama de amor de la vida real. Probablemente en su juventud, Oseas conoció a una hermosa joven llamada Gomer. Oseas se enamoró tanto de Gomer que muy pronto sabía en su corazón que ella era la mujer de su vida. Oseas sabía que Dios había puesto a Gomer en su camino. Oseas por tanto hizo todo lo que era costumbre en su época para tomar a Gomer como esposa. Cuando llegó el momento de las bodas, Oseas no cabía de felicidad. Finalmente Oseas y Gomer llegaron a ser uno espiritualmente, emocionalmente y físicamente. El tiempo que pasaron juntos fue hermoso. Oseas como cabeza de la relación matrimonial satisfacía todas las necesidades de Gomer. Por su lado Gomer, se sentía segura junto a Oseas y respondía en amorosa sumisión hacia él. Pero pasado algún tiempo, Oseas notó algo extraño en Gomer. Por alguna razón que Oseas no sabía, Gomer se mostraba fría hacia él. De pronto, Gomer no quería como antes pasar largas horas en conversación con él. Oseas notó que Gomer pasaba mucho tiempo fuera de casa. A pesar de las súplicas, Gomer no abrió su corazón a Oseas para saber lo que estaba pasando. Oseas sabía que Gomer estaba ocultando algo. Muchas veces en su corazón temió lo peor, pero su gran amor a Gomer le hizo pensar que aquello jamás podría suceder. Un día, la situación se volvió insostenible. Oseas confrontó a su esposa y le dijo que no dejaría de hablar hasta que Gomer le declare toda la verdad. Gomer entonces confesó a Oseas que desde hace algún tiempo le había sido infiel. Oseas se sintió morir. Pensaba que lo mejor sería abandonar a Gomer. El divorcio sería solo cuestión de trámite. Pero aquella noche, Oseas recibió un mensaje de Dios. Dios le dijo: Oseas, ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación. Oseas sabía que Dios quería que continuara junto a su infiel Gomer. Oseas tenía tanto temor de Dios que no pensó siquiera hacer otra cosa que obedecer a Dios. A pesar de la infidelidad de Gomer siguió junto a ella. Gomer le dio tres hijos, dos varones y una mujer, pero todo este tiempo jamás dejó su vida de adulterio y fornicación. Oseas amaba tanto a Gomer que decidió disciplinarla con la esperanza de que ella recapacitara y abandonara su vida de inmoralidad. Con dolor profundo en su corazón, le privó de algunas cosas para buscar un arrepentimiento en ella. La táctica no dio el resultado esperado. Gomer abandonó a su esposo y salió de su casa detrás de sus amantes. Oseas añoraba los hermosos momentos junto a ella y sólo, bajo las estrellas esperaba el momento para estar nuevamente juntos. La amaba tanto que había perdonado toda su maldad y por largas horas hacía planes de lo que juntos harían cuando ella regrese. Fue así, como Oseas escuchó la voz de Dios diciendo: Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera. Oseas empezó por tanto a buscar a su amada Gomer. Al pasar por el lugar donde se exhibían las prostitutas, su corazón dio un vuelco. Allí estaba a la venta su amada Gomer. El tiempo y la maldad habían dejado su huella en su apariencia. Ya no tenía el cuerpo esbelto como antes, su cabello desalineado reflejaba el poco o ningún cuidado recibido, las arrugas había aparecido en su rostro enjuto. Los vestidos estaban sucios y en harapos. Los dientes se había caído por la desnutrición. Oseas preguntó el precio de Gomer. Quince ciclos de plata y un homer y medio de cebada fue la respuesta. Oseas lo pagó sin pensarlo. Cuando la sacó del mercado de prostitutas, abrazándola, le dijo: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás ni tomarás otro varón, lo mismo haré yo contigo. Abrazados se perdieron en la oscuridad de la noche hacia el cálido hogar de los dos. Hasta aquí la historia real de Oseas y Gomer. La historia tiene como propósito enseñar algo a los hijos de Israel. El Oseas de la historia representa a Jehová. La Gomer de la historia representa a la nación de Israel. Jehová amó tanto a Israel que a pesar de la bajeza de su pecado de inmoralidad, al haberse buscado dioses ajenos, Jehová la siguió amando, y un día no muy lejano, Jehová la restaurará por completo. Así es amigo oyente, Dios no está de acuerdo con el divorcio aún en los casos de más extremo conflicto. La historia de Oseas y Gomer lo ilustra muy bien. Este es el modelo para la familia auténticamente cristiana. El divorcio debe ser evitado de cualquier manera posible. Quizá Usted esté en medio de una situación que en cuanto a gravedad es comparable al caso de Oseas y Gomer. A lo mejor Usted ha pensado que el divorcio es la única opción que le queda. En el amor del Señor, le ruego que reconsidere su posición. Dios aborrece el divorcio. El divorcio es una solución en extremo egoísta. Quizá resuelva algo de su problema de estar harto o harta de la situación que está viviendo. ¿Pero su cónyuge? ¿Sus hijos? Ellos serán los que tengan que pagar las consecuencias de su decisión tal vez apresurada. Aprenda de la historia de Oseas y Gomer. Todavía hay oportunidad para que no termine su matrimonio. Pida a Dios que le dé valor para humillarse y reconocer que Usted está equivocado o equivocada. Pida perdón a su cónyuge y por fe decida empezar de nuevo. Que Dios le guíe a hacer lo que es correcto.

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