Qué grato es estar nuevamente junto a usted amable oyente. El Ministerio Internacional “La Biblia Dice…” le da la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con el estudio del Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, en esta ocasión, David Logacho nos mostrará algunas características del ministerio de Jesús en Galilea.

Qué bendición es para mí compartir este tiempo con usted amable oyente. En nuestro estudio del libro de Mateo, vimos a Jesús en la región de Galilea contigua a Capernaum, predicando un mensaje sencillo pero efectivo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. De esta manera comenzó el ministerio público de Jesús en Galilea. En el pasaje bíblico que nos corresponde estudiar el día de hoy encontraremos algunas características de su ministerio en Galilea. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 4:18-25.

I. La primera característica del ministerio de Jesús en Galilea es que involucró a personas. Note lo que dice Mateo 4:18-22: Mat 4:18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
Mat 4:19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
Mat 4:20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
Mat 4:21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
Mat 4:22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.

A. El llamamiento de Simón y Andrés. Así que, Jesús caminaba por la playa, junto al mar de Galilea, y vio a dos hermanos, Simón y Andrés, quienes con seguridad estaban muy ocupados en sus labores de pesca. Después de todo, era su única fuente de sustento. A decir verdad, se trata en realidad de la segunda vez que Jesús tomaba contacto con Andrés y Juan, porque con anterioridad ya había estado con ellos, cerca de Betábara, al otro lado del Jordán, ya que Andrés, y tal vez también Pedro, antes de ser discípulos de Jesús, eran discípulos de Juan el Bautista. La historia aparece hermosamente relatada en Juan 1:35-42, que sería bueno que por su cuenta lo lea para que se empape de los detalles. Mirando a los dos hermanos, Jesús simplemente les dijo: Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres. Jesús está diciendo: Síganme, y si lo hacen, yo los transformaré, no en pescadores de peces sino en pescadores de hombres. ¿Cuál fue la respuesta de Simón y Andrés? Dice el texto que al instante dejaron los instrumentos de su trabajo, las redes, y siguieron a Jesús. Esto fue un extraordinario paso de fe. Dejaron lo que hasta ese momento era la pasión de su vida y siguieron a Jesús. Jamás se arrepintieron de la decisión que estaban tomando. Interesante que Jesús llama a personas ocupadas, no a personas que no están haciendo nada. Puede ser que usted amiga, amigo oyente sea una persona muy ocupada. Usted sabe, su trabajo, su negocio, la única fuente de su sustento, y le parece que sería imposible separarse de todo eso para seguir a Jesús, y por eso hasta ahora se ha resistido a responder al llamado del Señor. Si ese es su caso, aprenda de Simón y Andrés y comprobará que no hay nada mejor que seguir a Jesús. Él es el mejor jefe que pueda haber. Yo sé por qué lo digo.
B. El llamado de Jacobo y Juan. Jesús está en la tarea de involucrar personas a su ministerio. A pesar de todo lo que Jesús es, no se atrevió a hacer solo el ministerio. Jesús vio la importancia de enrolar a personas, discipularlas y compartir con ellas el ministerio. Gran lección para los que estamos sirviendo al Señor en la actualidad. ¿Tiene usted discípulos que le sigan, de tal manera que ellos puedan continuar con la obra una vez que usted por cualquier razón ya no pueda seguir con la obra? Pues esta vez se trata de los hijos de un pescador que se llamaba Zebedeo. Sus hijos eran Jacobo y Juan. Jacobo fue el primer mártir de entre los apóstoles. Es el precio que le tocó pagar por seguir a Jesús. Los tres, padre y dos hijos, estaban en una barca muy ocupados en remendar las redes para atrapar peces. Al mirarlos, Jesús simplemente los llamó. Jacobo y Juan no preguntaron nada y no cuestionaron nada. Simplemente reconocieron quien es el que llamaba y eso fue suficiente. Al instante dejaron algo tan precioso y valioso para ellos. Su trabajo, su profesión y sobre todo a su padre. El llamado de Jesús fue tan poderoso que todo lo demás llegó a ser insignificante. ¡O cuanto nos falta tener esta misma pasión por nuestro Salvador! Así que un líder sabio que está al frente de una iglesia o un ministerio debe ocuparse en involucrar a otros para discipularles y compartir con ellos el ministerio.

II. La segunda característica del ministerio de Jesús en Galilea es que incorporó tres elementos fundamentales. Enseñanza, predicación y sanidades. Note lo que leo en Mateo 4:23-24: Mat 4:23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Mat 4:24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.

A. Jesús iba a las sinagogas de los judíos en Galilea. No esperaba que los judíos venga donde él estaba.
B. Jesús enseñaba. Esto tiene que ver con exponer y explicar lo que Dios ha dejado en su palabra. Jesús predicaba el evangelio del reino. Esto tiene que ver con la proclamación de buenas noticias. Evangelio significa justamente eso. Las buenas noticias del reino, significan que el Rey que debía presidir el reino estaba presente y por tanto el reino de los cielos, tan prometido y esperado por los judíos, estaba a la puerta. Sólo faltaba que los judíos se arrepientan de su pecado, se vuelvan de esa vida de pecado y reconozcan a Jesús como el Cristo, o el Mesías, o el Rey que tenía todo el derecho para ocupar el trono de David. Lamentablemente, y aunque así estaba predeterminado por Dios en su palabra, los judíos rechazaron a Jesús como su Mesías o el Cristo y acabaron por colgarlo en la cruz del Calvario como si fuera un vulgar criminal. Esto hizo que el reino de los cielos sea pospuesto hasta la segunda venida de Jesús. Mientras ello ocurre, Dios está levantando un pueblo para su gloria de entre todas las naciones del mundo.
C. Jesús hacía sanidades. Jesús sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Las sanidades que realizaba Jesús eran por un lado, de toda enfermedad y toda dolencia, no solamente pequeñas molestias, que no se puede precisar si siguen presentes o se han ido. Además eran sanidades instantáneas. El enfermo quedaba sano al instante, no un poquito mejor o algo aliviado. Por último, las sanidades que realizaba Jesús se sustentaba en su poder, no en la fe de los enfermos. Jesús sanaba a los que él quería. Las sanidades, al igual que las señales, prodigios y milagros que realizaba Jesús no tenían como principal propósito el beneficiar a la gente que fue objeto del poder sobrenatural de Jesús, sino que tuvieron como propósito confirmar que Jesús era el Mesías o el Cristo. Fueron las credenciales que lo autenticaban como tal. Note lo que profetizó Isaías acerca de lo que iba a estar haciendo el Mesías. Así lo registra Lucas en su Evangelio capitulo 4 versículos 18 y 19 donde dice: Luc 4:18 Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
Luc 4:19 A predicar el año agradable del Señor.
En una manera general, las sanidades prodigios y milagros en la Biblia siempre han tenido el propósito de autenticar mensaje y mensajero. Dicho esto vayamos a la última característica del ministerio de Jesús en Galilea.

III. La tercera característica del ministerio de Jesús en Galilea es que despertó el interés de muchas personas. Ponga atención a lo que dice Mateo 4:25: Mat 4:25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.
La fama de Jesús se estaba regando como pólvora. Los milagros que hacía, entre ellos las sanidades, deben haber sido lo que captó el interés de la gente. Dice el texto que mucha gente seguía a Jesús. Mateo inclusive identifica algunos lugares de los cuales provenía esta gente. A lo mejor la mayoría eran de Galilea, la región donde estaba predicando Jesús, pero había también gente de Decápolis. Este era un distrito originariamente compuesto de diez ciudades, al sur del mar de Galilea, en su mayor parte al este del río Jordán. Estas ciudades tenían una población típicamente gentil y con estructuras típicamente greco-romanas como templos paganos, hipódromos, coliseos y cosas por el estilo. También había gente de Jerusalén. Esto es notable porque Jerusalén era la ciudad más importante en Israel en todo sentido. Allí estaba el famoso templo, allí estaban los sacerdotes y levitas, los fariseos, los saduceos, los escribas y la realeza de su tiempo. Pero aún así, algunos se dieron el trabajo de viajar un buen número de kilómetros para ir a Galilea y mirar con sus propios ojos a Jesús. Había también gente de Judea, la región al Sur de Samaria. Por último había gente del otro lado del Jordán, tal vez una alusión a la región conocida como Perea, al este del río Jordán. Mirando detenidamente, la única región de donde no había gente siguiendo a Jesús a estas alturas de su ministerio en Galilea, era la región conocida como Samaria, y eso probablemente se deba a la rivalidad exacerbada contra los judíos. Esto parece bueno para Jesús, pero lamentablemente muy pocos de los seguidores de Jesús lo hacían por su persona. La mayoría eran curiosos quienes una vez satisfecha su curiosidad se alejaron rápidamente de Jesús. De todas maneras, Jesús aprovechó la ocasión para enseñar lecciones espirituales de valor eterno. Sobre esto hablaremos en nuestro próximo estudio. Espero que me acompañe.

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