En primer lugar, ore a Dios fervientemente por esta persona. La oración eficaz del justo puede mucho, dice Santiago 5:16. Jamás desprecie la oración. Al orar, cite por nombre a esta persona atea. Pida que Dios quite la venda espiritual que esta persona tiene en sus ojos espirituales, por lo cual no puede tomar conciencia de su trágica condición espiritual. La voluntad de Dios es que todos se salven, pero a la vez, Dios no obliga a nadie a que se salve. Dios no quiere poblar el cielo con personas que no quieren estar allí. Note lo que dice 2 Pedro 3:9  El Señor no retarda su promesa,  según algunos la tienen por tardanza,  sino que es paciente para con nosotros,  no queriendo que ninguno perezca,  sino que todos procedan al arrepentimiento.

Fundamentado en este texto, pida a Dios en oración, que por su gracia permita que esta persona atea tome conciencia de su necesidad de un Salvador. En segundo lugar, además de orar, comparta el mensaje del evangelio con esa persona. Observe lo que dice Romanos 10:17 Así que la fe es por el oír,  y el oír,  por la palabra de Dios.

Para que este hombre que se confiesa ateo, comience a tomar conciencia de su triste condición espiritual va a necesitar de fe. Esta fe no aparece de por sí. Según el texto leído, esta fe resulta de oír con atención la palabra de Dios, lo cual no es otra cosa que el evangelio, las buenas nuevas de salvación. Hágalo de una forma amable, con gracia, con amor, sin dar lugar a la discusión.  Debe tomar en cuenta que mientras una persona incrédula, sea o no atea, no reconozca que existe un Dios personal y moral que se ha comunicado con el hombre por medio de la Biblia, y que todo ser humano es responsable ante Él por sus actos, esta persona jamás va a poder recibir al Señor Jesucristo como Salvador. Dios utiliza lo creado para testificar su existencia. Note lo que dice Romanos 1:18-20 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;  porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,  pues Dios se lo manifestó.  Porque las cosas invisibles de él,  su eterno poder y deidad,  se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,  siendo entendidas por medio de las cosas hechas,  de modo que no tienen excusa.

Ningún ateo, por tanto, puede decir: Yo no llegué a creer en que Dios existe porque Él jamás me dio pruebas de su existencia. Sólo hace falta mirar la naturaleza, o el cielo estrellado para saber que detrás de todo lo que existe está un Creador. Ese Creador es el que también envió a su Hijo unigénito para que muera en la cruz para pagar el castigo que todo pecador merece, de modo que todo aquel que en él cree sea eternamente salvo. En tercer y último lugar, además de orar y hacer oír el mensaje de salvación, muestre con su ejemplo, con su conducta, con su estilo de vida, lo que el Señor Jesucristo ha hecho en su vida. Su testimonio apoya o se opone a que esta persona incrédula eventualmente venga a los pies de Cristo. El mal testimonio de personas que se supone creyentes, ha sido un gran obstáculo para que algunas personas que se consideran ateas lleguen a conocer a Dios.