Saludos cordiales amable oyente. Sea bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy en el libro de Santiago. Quiero agradecerle por su apoyo a este Ministerio, no importa si es orando o promocionando o colaborando con sus ofrendas. Su apoyo es vital para la continuación de este Ministerio. Siempre existirá la errónea idea que podemos sobornar a Dios con algo bueno que hacemos para que no nos castigue por algo malo que hemos hecho. Cada vez que un hombre se emborrachaba hasta quedar tirado en el piso, infallablemente concurría a la iglesia el fin de semana y entregaba una jugosa ofrenda. Su idea era que la generosa ofrenda iba a hacer que Dios pase por alto su pecado de borrachera. El cuadro que muchos se han hecho de Dios es que tiene una balanza en su mano. En uno de los platos de la balanza pone las buenas obras y en el otro plato de la balanza pone las malas obras. Cuando hacemos una mala obra, la balanza se inclina hacia el lado de las malas obras, es necesario por tanto nivelar la balanza haciendo alguna buena obra. Mientras la balanza esté inclinada hacia el lado de las buenas obras, estamos bien y podemos permitirnos una que otra obra mala sin poner en peligro que la balanza se incline hacia el lado de las malas obras. Si por desgracia la muerte llegara cuando la balanza está inclinada hacia el lado de las malas obras, esto será trágico porque significará castigo eterno en el infierno. Pero si por fortuna la muerte sorprende con la balanza inclinada hacia el lado de las buenas obras, entonces eso significará recompensa eterna en el cielo. En el estudio bíblico de hoy, Santiago va a destruir este razonamiento antibíblico.

Le invito a abrir su Biblia en el libro de Santiago capítulo 2 versículos 10 a 13. En este pasaje bíblico tenemos la integridad de la ley, la inflexibilidad de la ley y la imparcialidad de la ley. Consideremos en primer lugar la integridad de la ley. Santiago 2:10-11 dice: Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.

Jas 2:11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley.
Los creyentes judíos a quienes estaba escribiendo Santiago pensaban que porque no cometían ciertos pecados considerados graves, ya estaban bien con Dios. Pensaban que Dios pasaría por alto el pecado de hacer acepción de personas en la iglesia por el hecho de que no mataban, no robaban y no adulteraban. Santiago les dice: No, señor, si ustedes hacen acepción de personas en la iglesia, ya son trangresores de la ley, porque aunque guarden toda la ley, pero ofenden en un solo punto de la ley se hacen culpables de toda la ley. En este razonamiento surgen varios pensamientos interesantes. Primero, nadie puede cumplir con toda la ley, por eso la Biblia dice: Cualquiera que guardare toda la ley, es decir está hablando de una situación hipotética o irreal. Ningún ser humano puede guardar toda la ley, sólo Cristo la pudo porque además de hombre él es Dios. Segundo, la ley debe ser vista como una unidad, como algo íntegro. Alguien ha dicho muy bien que la ley es como una cadena de varios eslabones, sin importar cual de esos muchos eslabones se rompe, el resultado siempre será el mismo, la cadena se partirá en dos. Hay muchos hoy en día que piensan que por guardar la mayor parte de la ley van a ser aceptados por Dios, pero Santiago dice: No. La ley es un conjunto unido, quebrantar un solo punto es hacerse culpable de todos. Si la aceptación delante de Dios dependiera del cumplimiento de la ley, no deberíamos fallar ni en un solo punto de la ley. Si alguien falla en un punto, cualquiera que sea, su estado es culpable. No importa si es culpable de mucho o de poco, el resultado es el mismo. Culpable. No hay indicación alguna de que Dios pase por alto a los que son culpables de poco. La idea que hay grados de culpabilidad, o cierta culpa que Dios pasa por alto, es completamente falsa. Santiago cita una ilustración impactante. Dice: Miren, Dios ha dicho que no se debe matar y que no se debe adulterar. Uno de ustedes podría no adulterar, pero podría matar. El resultado final es el mismo, es declarado culpable, transgresor de la ley, no importa si es adúltero o por asesino. Los creyentes judíos del tiempo de Santiago no estaban matando ni adulterando, pero estaban haciendo acepción de personas en la iglesia y como consecuencia, eran convictos de la ley. Era como si hubieran matado o adulterado. Qué interesante. Dios es experto en quitar el manto de falsa santidad que a veces nos colocamos encima. Fallar en lo mínimo de la ley es equivalente a fallar en algo muy serio de la ley. Por eso es que ninguno de nosotros podemos ser salvos por guardad la ley. Todos somos culpables de haber quebrantado la ley en mayor o menor grado. Todos necesitamos ser salvos por un medio distinto a guardar la ley. Ese medio e Cristo Jesús. Por fe podemos confiar en que él pagó por nuestros pecados y podemos de esa manera quedar libres de la condenación del pecado. No hay esperanza para el pecador que confía en guardar la ley, porque Dios demanda cumplir con toda la ley, no solamente con una parte de ella, lo cual imposibilita que alguien sea salvo por guardar la ley. Consideremos ahora la inflexibilidad de la ley. Santiago 2:12 dice: Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.
La ley es inflexible en el sentido que juzga a todos por igual. Nadie puede escapar del justo juicio de la ley. Así hablad, dice Santiago, refiriéndose a no despreciar verbalmente a los hermanos pobres. Luego dice: Así haced, refiriéndose a no hacer distinción de personas en la práctica. Esto es sin duda muy notable, la ley juzga no sólo los actos de discriminación sino también la discriminación verbal. Cuando hablamos mal de un hermano pobre, cuando verbalmente atentamos contra su integridad, es equivalente a hacer acepción de personas en la práctica. Lo que juzga al creyente es la ley de la libertad. La ley de la libertad es aquella que se basa en el amor al Señor y al prójimo. Es la ley de la fe. Romanos 3:27 dice: ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.
La ley de la libertad es también la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. Romanos 8:2 dice: Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
La meta de todo creyente es manifestar el amor al prójimo sin parcialidad o preferencia. De modo que, amable oyente, la ley es inflexible juzgando al creyente. La ley de la libertad exige un trato igual a todos los demás creyentes, sin importar su situación social o económica. Finalmente, tenemos la imparcialidad de la ley. Santiago 2:13 dice: Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.
La ley de la libertad es imparcial en el sentido que no tendrá misericordia para aquel que no tenga misericordia. Santiago dice que habrá un juicio sin lástima para los que hacen distinción de personas. En la parábola del rey y sus deudores, había uno que debía diez mil talentos, como no podía pagar, el rey perdonó tan gran deuda. Pero al mismo tiempo este deudor perdonado de tan gran deuda no quería perdonar a su deudor que le debía muy poco. El rey entonces dijo al mal siervo lo que aparece en Mateo 18:33. La Biblia dice: ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?
La sentencia la tenemos en el versículo 34. La Biblia dice: Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
Igual es con el creyente, si no muestra misericordia, será juzgado sin misericordia. Por supuesto que esto no significa que perderá su salvación, pero ciertamente será disciplinado con severidad. Al final del texto dice: Y la misericordia triunfa sobre el juicio. Esto significa que cuando uno tiene misericordia en el trato con los demás, esa misericordia consigue evitar el juicio. De modo que la ley es una sola unidad, la ley es inflexible y la ley es imparcial. ¿Cómo está su vida? ¿Hay pecados que piensa que son insignificantes y otros que piensa que son graves? Pensar que algunos pecados no son importantes delante de Dios es falso y es engañoso. ¿Cómo está su vida en su relación con los hermanos? ¿Hace acepción de personas debido a su raza, su apariencia física, su posición económica, o su capacidad intelectual? Que con la ayuda del Señor no haga jamás acepción de personas.