Saludos cordiales amiga, amigo oyente. Es un privilegio para mí darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Antes de enviar a sus discípulos a una campaña de predicación, Jesús les instruyó sobre muchas cosas, entre ellas, en cuanto a la reacción que su mensaje iba a despertar en algunas personas. Sería una reacción de enojo que degenera en persecución. Sin embargo, Jesús advirtió que en medio de la persecución los discípulos podrían contar con la ayuda sobrenatural de Dios el Padre. Sobre esto nos hablará David Logacho en el estudio bíblico de hoy.

Gracias por tu introducción, David. Es un gozo estar junto a usted amable oyente. Con la ayuda del Señor vamos a continuar estudiando el Evangelio según Mateo. Estamos analizando las instrucciones que Jesús dio a sus discípulos antes de enviarlos a una misión de predicación. Una parte de las instrucciones tiene que ver con la persecución que sufrirían en el ejercicio de sus funciones. Es posible que esta declaración de Jesús haya despertado alguna inquietud en sus discípulos en cuanto a la magnitud de las persecuciones. ¿Cuan graves serían? Jesús se anticipa a estas inquietudes y les dice lo que tenemos en Mateo 10:24-25. Permítame leérselo. La Biblia dice: El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?
Jesús está manifestando que así como el discípulo no es más importante que el maestro y el siervo o esclavo no es más importante que el amo o el señor, porque lo más que puede aspirar el discípulo es ser como su maestro y lo más que puede aspirar el siervo o esclavo es ser como su amo o su señor, así también, si al padre de familia, los enemigos le llamaron Beelzebú, ¿cuánto más terrible será el desprecio y el odio a los miembros de su casa? Beelzebú significa: señor de las moscas, y era una antigua deidad pagana de los ecronitas. Los judíos usaban esta palabra para referirse a Satanás. Si algunos judíos llamaron Satanás a Jesús, cuanto más ofensivos no serán los epítetos para sus discípulos. Esto daba la medida de oposición y rechazo que iban a sufrir los apóstoles en el desarrollo de sus funciones. A veces los discípulos de Cristo pensamos que tenemos derecho al respeto y la admiración del mundo incrédulo. Pero no hay tal, si el mundo odió tanto a nuestro Señor Jesucristo, no debemos esperar que a nosotros sus seguidores nos trate bien. Pero en medio de esto, estará la poderosa mano de Dios para sostener a los apóstoles. Esto es lo que se nota en Mateo 10:26-31. La Biblia dice: Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
La persecución contra los apóstoles será tenaz, pero aún el enemigo más fuerte no podría acabar con ellos. Por eso Jesús les instruye a no tener ningún temor. Luego Jesús echa mano de una especie de dicho que debe haber sido muy conocido para los apóstoles. Nada hay encubierto que no haya de ser manifestado, ni oculto que no haya de saberse. Jesús aplica este dicho en el sentido que los apóstoles, quienes escucharon el mensaje de Jesús en privado, o en tinieblas, debían proclamarlo en público, a plena luz. El mensaje que escucharon de Jesús en privado, como quien les hablaba al oído, debían proclamarlo en alta voz, desde las azoteas. Todo esto debían realizarlo sin temor alguno a los que sólo tienen poder para matar el cuerpo, pero no tienen poder para matar el alma, sino temiendo a Dios, quien puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Jesús no está afirmando que cuando el alma y el cuerpo de una persona llegan al infierno tendrá lugar la aniquilación. Lo que está afirmando es que Dios es tan poderoso que puede arrojar el alma y el cuerpo de una persona al infierno, donde estarán separados de él por la eternidad. Si tememos a Dios no debemos tener temor de los hombres. Se dice que en lápida de un gran hombre de Dios del pasado, quien se llamaba Juan Knox, se escribió lo siguiente: Aquí yacen los restos de un hombre que temió tanto a Dios que no temió a ningún hombre. De esto es de lo que está hablando Jesús. Bien se ha dicho que mientras estemos haciendo la obra de Dios, en la voluntad de Dios, los creyentes somos invencibles. Nada ni nadie nos podrá detener. Para incentivar la confianza en sus apóstoles, Jesús presenta una ilustración hermosa. Se trata de los pajarillos. Estas son aves tan insignificantes que un par de ellas valía solamente un cuarto. Un cuarto era una pequeña moneda de cobre. Se estima que valía la decimosexta parte de un denario, la unidad básica del sistema monetario romano. Un denario era el jornal diario de un obrero. Es decir que los pajarillos eran de valor insignificante. Pero note lo maravilloso de Dios. A pesar del insignificante valor de los pajarillos, ni uno de ellos cae a tierra, o muere, sin que lo sepa y lo permita Dios el Padre. Dios es tan poderoso y soberano que inclusive está al tanto de cuantos cabellos tenemos en la cabeza. Esto implica que ni uno solo de nuestros cabellos cae a tierra sin que lo sepa y lo permita nuestro Padre celestial. Sólo así, Dios puede estar al tanto de cuantos cabellos tiene la cabeza de una persona en determinado momento. Con un Dios que tiene bajo su control detalles tan insignificantes como cuidar a los pajarillos y saber cuántos cabellos tiene la cabeza de una persona, es imposible que descuide algo mucho más grande, comparativamente hablando, como eran los apóstoles de Jesús y en general todos los hijos de Dios. Por eso Jesús dice a sus apóstoles: No temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Siendo así, los apóstoles deben haber emprendido su misión de predicación en la total confianza de que Dios les va a proteger de la tenaz persecución. Lo mismo podemos hacer nosotros amable oyente. Mientras estemos obedeciendo a Dios podemos gozar de la protección absoluta de Dios. Nada ni nadie podrá hacernos mal. Muy diferente es cuando desobedecemos a Dios y hacemos nuestra propia voluntad. En estas condiciones no podemos contar con la protección incondicional de Dios. Inmediatamente después, Jesús hace una solemne advertencia en relación con lo que va a suceder con aquellos que reciban o rechacen el mensaje de los apóstoles. Voy a leer en Mateo 10:32-33. La Biblia dice: A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Habiendo oído el mensaje de los apóstoles, la audiencia será puesta ante una encrucijada, ante una decisión crucial. Solamente existen dos opciones. La primera es confesar a Jesús delante de los hombres y la segunda es negar a Jesús delante de los hombres. Confesar a Jesús delante de los hombres, significa total adhesión a él en cuanto a considerarlo como único y suficiente Salvador y Señor. Negar a Jesús delante de los hombres, significa rechazar a Jesús como único y suficiente Salvador y Señor. La decisión que se tome en cuanto a esto tiene implicaciones eternas. Jesús dijo que confesará delante de su Padre que está en los cielos, a todo aquel que le confiesen delante de los hombres. Esto en esencia significa vida eterna. Pero por otro lado, Jesús dijo que negará delante de su Padre que está en los cielos a todo aquel que le niegue delante de los hombres. Esto en esencia significa condenación eterna. Cuan importante es entonces confesar a Jesús como único y suficiente Salvador delante de los hombres. De esto depende obtener la vida eterna. ¿Lo ha hecho ya, amable oyente? Si su respuesta es afirmativa, agradezca a Dios, por la vida eterna que ya es suya. Pero si todavía no lo ha hecho, ¿no le gustaría hacerlo este mismo momento? ¿No le gustaría confesar delante de los hombres que Jesús es su único y suficiente Salvador? Para eso, necesita saber que Usted es pecador. No porque yo lo diga, sino porque Dios lo dice en su palabra. Romanos 3:23 afirma que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Además necesita saber que por ser pecador, está en peligro de recibir su justa condenación, es decir castigo eterno en el infierno. Romanos 6:23 dice: Porque la paga del pecado es muerte. También debe saber que Dios le ama tanto que dio a su Hijo unigénito para que tomando forma humana venga a este mundo para recibir el castigo que Usted como pecador merece. Romanos 5:8 dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros. Así es amable oyente, Cristo tomó su lugar, para morir en lugar de Usted, de modo que Usted quede libre de pagar lo que debe por ser pecador. Cristo hizo todo lo que se debe hacer para que Usted pueda ser perdonado por ser pecador. Lo único que necesita hacer en consecuencia es recibir por la fe a Cristo como su único y personal Salvador. Juan 1:12 dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Cuando tome esta decisión, compártala con otros, de manera que confiese a Jesús como su Salvador delante de los hombres. Dios por su lado, le otorgará la vida eterna. Mi oración es que este mismo instante tome esta decisión importante.

Si te gustó comparte con tus amigos
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email