Es grato compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenido al estudio bíblico de hoy en la serie Gálatas, la Carta Magna de la Emancipación Espiritual de la Iglesia. En esta ocasión, David Logacho nos hablará del autor humano de la Epístola a los Gálatas.

En nuestro estudio bíblico último hicimos una breve introducción de la Epístola de Pablo a los Gálatas. Señalamos que sin sombra de duda, el apóstol Pablo es el autor de la Epístola. La carta fue dirigida a las iglesias fundadas por el apóstol Pablo en una región conocida con el nombre de Galacia. Los creyentes de estas iglesias provenían de un trasfondo pagano caracterizado por la esclavitud a los ídolos. Pablo fue el instrumento de Dios para anunciar el mensaje del evangelio a esta comunidad pagana. Muchos recibieron a Cristo como Salvador y comenzaron a gozar de la libertad que solo Cristo sabe dar a los que son suyos. A su salida, Pablo dejó atrás un grupo de nuevas iglesias locales decididas a crecer en el conocimiento de su Salvador. Lamentablemente, casi tan pronto como salió Pablo de la región de Galacia, entraron a esas iglesias locales algunos falsos maestros proclamando falsa doctrina y atacando la autenticidad del apostolado de Pablo. A estos falsos maestros se les conoce con el nombre de judaizantes, que es un término muy acertado para ellos. Un judaizante es uno que impulsa la creencia que para ser salvo es necesario confiar en Cristo como Salvador y además someterse a algunas prácticas que son propias de la ley de Moisés, como la circuncisión, el guardar determinados días como días de reposo, el no comer ciertos alimentos que según la ley de Moisés son impuros, etc. El evangelio que proclamó Pablo, el verdadero evangelio, en cambio enseña que para ser salvos lo único que se necesita es depositar la fe en la persona y obra del Señor Jesucristo y absolutamente nada más. El momento que se añade algo más, cualquier cosa que sea, a la sola fe para ser salvo, se ha distorsionado totalmente el genuino mensaje del evangelio de Jesucristo. Puede ser que hoy en día no haya nadie que piense que para ser salvo es necesario recibir a Cristo y además circuncidarse, pero existen muchos que piensan que para ser salvo es necesario recibir a Cristo y además guardar el séptimo día como día de reposo, o además bautizarse en agua, o además afiliarse a alguna denominación, etc. Cada vez que se agrega algún “además” entre comillas a la sola fe, se habrá pervertido el genuino evangelio de Cristo y se habrá caído en el error al que fueron inducidos los gálatas por los judaizantes. Muy bien, cuando Pablo llegó a saber de esta situación escribió una candente misiva en defensa del verdadero evangelio. Esa es la Epístola a los Gálatas. La Epístola tiene seis capítulos que de una manera natural pueden dividirse en tres partes de dos capítulos cada uno. La primera parte tiene un tinte personal, la segunda parte tiene un tinte doctrinal y la tercera parte tiene un tinte práctico. Dicho esto, vayamos al capítulo 1 de Gálatas. La primera parte de este capítulo está dedicada a identificar al autor de la Epístola. Consideremos la identidad del autor, las credenciales del autor y los acompañantes del autor. En relación con la identidad del autor, la primera palabra del primer versículo del primer capítulo dice que es Pablo. Este personaje no siempre se llamó así. Su nombre de pila era Saulo, la forma griega del nombre Hebreo Saúl, originario de una ciudad llamada Tarso. Saulo tuvo participación directa en el asesinato de Esteban, el primer mártir del cristianismo. Note lo que dice Hechos 7:58 hablando del martirio de Esteban: “Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.” El hecho que los testigos del apedreamiento de Esteban hayan puesto sus ropas a los pies de Saulo indica lo comprometido que estaba Saulo en la muerte de Esteban. Preso de un celo ciego por el judaísmo, en el cual se crió como uno de sus más connotados exponentes, Saulo se dedicó a la persecución de los discípulos de Cristo. Un día, mientras mordía el odio contra los discípulos del Señor se acercó al Sumo Sacerdote para pedirle cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres adeptos al Señor los trajese presos a Jerusalén. Con las cartas en la mano arregló viaje a Damasco sin imaginar siquiera lo que iba a suceder en el camino. Dejemos que la Biblia lo relate según lo que tenemos en Hechos 9:3-8 “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco” Esto marcó el comienzo de una nueva vida para Saulo. Hasta el nombre le fue cambiado. Comenzó a llamarse Pablo según lo que aparece en Hechos 13:9. Así es el poder de Cristo Jesús amable oyente. Puede transformar totalmente a la persona más reacia a las cosas espirituales. Puede ser que Usted sea el tipo de persona que siente aversión a todo lo que tenga que ver con Dios con el pecado, con la salvación, con la iglesia, etc. Pues, para Dios no sería nada extraño hacer con Usted lo mismo que hizo con Saulo de Tarso. Pero me gustaría hacer una reflexión en este punto. ¿Para qué esperar que Jesucristo le haga caer a tierra en algún momento, cuanto ahora mismo Usted podría recibirle como su Salvador? Es peligroso esperar que Jesucristo le haga caer a tierra para hacerle entender que Usted necesita de salvación. Un famoso músico, se mantuvo bien parado, en actitud de franca rebeldía a los insistentes llamados del Señor para la salvación. Pues para él llegó el momento de caer a tierra cuando uno de sus hijos perdió la vida en un accidente en la flor de la juventud. Literalmente con el rostro en la tierra, ante la tumba de su hijo, este hombre tuvo que reconocer su necesidad de salvación y la halló en la bendita persona de Cristo. No espere que Jesucristo le haga caer a tierra amigo oyente. La caída puede ser muy dolorosa. Es mejor que hoy mismo, Usted doble sus rodillas delante de Dios y reciba por la fe a Cristo como su Salvador personal. Siendo una nueva criatura por el poder de Dios, Pablo se dedicó a esparcir el evangelio en regiones donde nunca antes se había proclamado el nombre ese glorioso nombre. Eventualmente llegó a la región de Galacia, donde fundó varias iglesias, a las cuales escribió la Epístola que estamos estudiando. Ahora que hemos dado atención a la identidad del autor, ocupémonos en segundo lugar a dar atención a las credenciales del autor. Para ello, permítame leer el versículo 1 del capítulo 1 de Gálatas. Dice así: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” No olvide amigo oyente, que los judaizantes no solo enseñaron un evangelio diferente en las iglesias de Galacia, sino que también atacaron el apostolado de Pablo, diciendo que Pablo no es apóstol legítimo. Por eso es que después de identificarse, Pablo presenta sus credenciales. Dice que es apóstol. La palabra apóstol significa uno que es enviado con una comisión. Durante su ministerio terrenal, Jesucristo tenía muchos discípulos, o aprendices, de entre los cuales seleccionó a 12 y los llamó apóstoles. En el libro de los Hechos capítulo 1, versículo 22, se presentan los requisitos que debían cumplir los discípulos de Jesucristo para poder ser candidatos a reemplazar a Judas Iscariote, quien pervirtió su apostolado traicionando a su Maestro. Pablo no fue ni discípulo ni apóstol durante el ministerio terrenal de Jesucristo, sin embargo, vio al Señor resucitado y fue comisionado por él. Hablando de su experiencia en el camino a Damasco, note lo que dijo Pablo según Hechos 26:16-17 “Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío” Este es el fundamento por el cual Pablo se considera legítimo apóstol. Por si acaso, a alguien le quedara alguna duda sobre el apostolado de Pablo, entre paréntesis dice que él no es apóstol de hombres, esto significa que no ha sido enviado por un grupo de personas, ni siquiera por los doce apóstoles que estaban en Jerusalén al comienzo del Cristianismo. También dice que no es apóstol por hombre, esto significa que no ha sido enviado ni por una sola persona en particular, ni siquiera por Pedro, el más respetado de los apóstoles. Pablo fue en realidad enviado por Jesucristo resucitado y por Dios el Padre, quien resucitó a Jesucristo de entre los muertos. Esto daba un peso especial a Pablo. Son sus credenciales. Hemos considerado la identidad del autor y las credenciales del autor. Nos falta considerar los acompañantes del autor. Lo tenemos en la primera parte del versículo 2 del capítulo 1 de Gálatas donde dice: “y todos los hermanos que están conmigo” Pablo no estaba solo en el lugar donde se escribió la carta a los Gálatas. Había junto a él hermanos que no han sido identificados. Pablo jamás fue un llanero solitario en la obra del Señor. Siempre se rodeó de personas de confianza para compartir con ellos las responsabilidades de esparcir el evangelio por el mundo entero. En nuestro próximo estudio bíblico nos ocuparemos de los demás detalles de la carta escrita por este gran hombre de Dios.