Doy gracias a Dios por la oportunidad de compartir este tiempo con usted amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Efesios, en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. En nuestro estudio bíblico último, vimos lo que nos une a todos los creyentes en Cristo. Esta unidad es una realidad a pesar de las diferencias que puedan haber entre los creyentes. En el cuerpo de Cristo que es la iglesia se manifiesta lo que alguien ha llamado unidad en diversidad. La diversidad tiene que ver principalmente con las diferentes capacidades para realizar ministerios dentro de la iglesia. Esta capacidad para realizar diferentes ministerios en la iglesia, bíblicamente se llama don. Esta palabra es la traducción de la palabra griega “carisma”; la cual está relacionada con otra palabra muy similar que literalmente significa gracia. Podemos decir entonces que el don es el resultado de una gracia. Veamos entonces algunos aspectos que tienen que ver con esta gracia.

Que privilegiados que somos al poder abrir la palabra de Dios. Busquemos el pasaje bíblico en Efesios 4 del 7 al 11. Lo que primero vamos a notar es el destinatario de la gracia. Efesios 4:7 en su primera parte dice: Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia
En esto podemos ver el aspecto individual del trato de Dios con la iglesia. Los destinatarios de la gracia somos cada uno de nosotros los creyentes. Ninguno es dejado de lado por parte de Aquel que es Dios y Padre de todos, sino que cada uno es partícipe del regalo de gracia en Cristo. En segundo término tenemos la dosis de la gracia. Efesios 4:7 continúa diciendo: conforme a la medida del don de Cristo.
No todos los creyentes hemos recibido la misma dosis de esta gracia en Cristo. Cada creyente ha recibido la gracia en Cristo conforme a la medida del don de Cristo. Esto significa que cada creyente tiene uno o más dones espirituales únicos que Dios da en forma individual a cada creyente de acuerdo con su voluntad y conforme a su plan soberano. En tercer término tenemos el dador de la gracia. Para identificar al dador de la gracia, el apóstol Pablo toma una cita del Antiguo Testamento y luego lo explica. En Efesios 4:8 leemos: Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
Y dio dones a los hombres.
Esta es una cita del Salmo 68:18, un salmo Mesiánico que habla de la marcha victoriosa que emprende el Cristo resucitado luego de vencer a sus enemigos, el pecado, la muerte, el diablo. En esta marcha triunfal el vencedor expone los despojos que ha conquistado y los reparte a sus soldados. En Efesios 4:9-10, el apóstol Pablo aplica y explica esta cita del Antiguo Testamento, en lo cual se identifica al dador de la gracia. La Biblia dice: Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
Eph 4:10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
En su aplicación, Pablo identifica al Cristo resucitado y glorificado como el dador de la gracia. Explicando todo esto, Pablo menciona que antes de ascender, Cristo bajó a las partes más bajas de la tierra. Esta frase tiene una variedad de interpretaciones, pero a nuestro modesto criterio, simplemente se enfoca sobre la encarnación del Hijo de Dios, quien por sí mismo descendió a morar en una esfera de existencia inferior en comparación con el lugar donde él existe eternamente, es decir el cielo. El que descendió es el mismo que subió. Se refiere a su máxima humillación y a su máxima exaltación. Subió tan alto como queramos imaginar, por encima de todos los cielos, desde donde llena todo. En cuarto y último término tenemos la descripción de la gracia. Efesios 4:11 dice: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
Veamos en mayor detalle esta descripción. La idea del texto es que Cristo dio a la iglesia hombres dotados para capacitar a los discípulos de Cristo para mantener la unidad de la iglesia de Cristo. Estos hombres dotados son los dones para la iglesia de Cristo y para cada uno de nosotros. Tenemos a continuación la lista de esos hombres dotados: Primeramente apóstoles. Esta palabra significa uno que es enviado con una comisión. Los apóstoles tenían como responsabilidad testificar que habían visto con sus propios ojos al Señor Jesús en su vida, su muerte y su resurrección. En este sentido no existen apóstoles de Jesucristo en la actualidad, porque nadie puede afirmar que ha visto personalmente a Cristo en su vida, luego le ha visto morir y después le ha visto resucitado. Los apóstoles pusieron el fundamento de la iglesia y una vez puesto este fundamento ya no se necesitó más de ellos. Dios autenticó su ministerio por medio de darles la capacidad de hacer señales, milagros y prodigios. Luego están los profetas. Un profeta del Nuevo Testamento es alguien que proclama la verdad que Dios le ha comunicado por revelación. Los creyentes en el primer siglo no tenían la Biblia como nosotros la tenemos hoy en día. Tenían el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento estaba en proceso de completarse. El Nuevo Testamento se completó a finales del primer siglo cuando se terminó de escribir el libro de Apocalipsis. Siendo así, ¿Cómo podían los primeros creyentes conocer la voluntad de Dios tanto para ellos en particular como para la iglesia de Cristo en general? Pues fue a través de los profetas. La función del profeta es edificación, exhortación y consolación según 1 Corintios 14:3. Una vez que el Nuevo Testamento se completó, ya no hacía falta la obra o ministerio de los profetas en el sentido de recibir y proclamar nuevas revelaciones de Dios. Todo lo que Dios ha querido comunicar al hombre se encuentra en la Biblia y la misma Biblia condena cualquier intento de añadir o quitar algo de ella. Junto con los apóstoles de Jesucristo, los profetas tuvieron un ministerio fundacional dentro de la iglesia de Cristo y por tanto, cuando el fundamento quedó en su lugar, su misión terminó y los profetas en sentido estricto de recibir revelación de Dios y comunicar a la gente, también dejaron de existir. ¿Cómo entonces podemos hoy conocer la voluntad de Dios? No a través de profetas sino a través de lo que los profetas del Antiguo y Nuevo Testamento anunciaron, lo cual en esencia constituye la Palabra de Dios. Luego tenemos los evangelistas. Estos eran los portadores de las Buenas Nuevas de salvación. Iban de lugar en lugar predicando el evangelio. Todos nosotros debemos hacer la obra de evangelista, según 2 Timoteo 4:5, a pesar que no todos tenemos el don de evangelismo. Los apóstoles y profetas pusieron el fundamento de la iglesia de Cristo y los evangelistas edifican sobre ese fundamento ganando almas para Cristo. Por último tenemos a los pastores y maestros. Parece que se trata de una misma persona quien es pastor y maestro. El trabajo del pastor es apacentar. El rebaño que es pastoreado es la congregación de una iglesia local. Su responsabilidad es proteger y alimentar el rebaño. El alimento es la Palabra de Dios. Como maestro, enseña al rebaño las verdades preciosas de la Palabra de Dios. Una diferencia notable entre evangelista y pastor maestro, es que el evangelista ejecuta un ministerio itinerante, mientras que el pastor-maestro ejecuta su ministerio en una sola iglesia local. Se ha dicho que es posible que exista una relación entre apóstol, profeta, evangelista y pastor-maestro. La relación es que el apóstol, cuyo ministerio fue crucial en la fundación de la iglesia de Cristo, ha sido reemplazado por el evangelista en la etapa post-fundacional de la iglesia de Cristo. De igual manera, el profeta, quien junto con el apóstol fue crucial en la fundación de la iglesia de Cristo, ha sido reemplazado por el pastor-maestro en la etapa post-fundacional de la iglesia de Cristo. De esta manera, el apóstol Pablo ha descrito la diversidad dentro de la iglesia de Cristo. No todos son apóstoles, no todos son profetas, no todos son evangelistas, no todos son pastor-maestro, pero todos están unidos en la iglesia de Cristo. Es la unidad en diversidad. No hay motivo alguno para que haya envidia, rivalidad, competencia entre los distintos miembros del cuerpo de Cristo. Solamente así podremos llevar a la práctica el mandamiento de Dios por medio de Pablo en el sentido de ser solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.