Es un gozo saludarle amable oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Colosenses en la serie titulada: La supremacía de Cristo. La oración es uno de los bienes más preciados de todos los que somos hijos de Dios. Es extraño sin embargo, que siendo un bien tan precioso sea tan descuidado por los que lo poseen. Este raro fenómeno se nota mayormente en la poca participación de los creyentes en las reuniones de oración de las iglesias evangélicas. En los cultos de los domingos a la mañana hay cinco creyentes para cada banca, pero en las reuniones de oración en la misma iglesia, hay cinco bancas para cada creyente. Usted sabe que no estoy exagerando. Un escritor dice que la popularidad de una iglesia se mide por la asistencia de los domingos a la mañana, la popularidad del predicador se mide por la asistencia de los domingos a la noche, pero la popularidad del Señor se mide por la asistencia a las reuniones de oración. Esta es la triste realidad amable oyente. La oración tanto en público como en privado no es una actividad bienvenida por nuestra carne contaminada con el pecado. Es necesario por tanto que constantemente nos motivemos a orar más. Una de las maneras de auto motivarnos es mirando los ejemplos de grandes hombres de Dios que en verdad dieron a la oración la importancia que debe tener. En los anales de la historia, quizá no hay ejemplo tan apropiado de vida de oración como la del apóstol Pablo, el autor de la carta a los Colosenses. En todos sus escritos vemos la alta estima hacia la oración y la consecuente práctica de oración. Muchos de nosotros tenemos en alta estima a la oración, pero oramos poco y de esa manera demostramos que no somos sinceros al afirmar que apreciamos tanto la oración. Pablo no era una persona así. Pablo estimaba a la oración y en respuesta pasaba largas horas en oración. En el pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio bíblico de hoy veremos al apóstol Pablo en su actividad favorita, la oración. Veamos que podemos aprender de él.

Le invito a abrir su Biblia en el libro de Colosenses, capítulo 1 versículos 3 a 8. En este pasaje bíblico tenemos la costumbre de oración del apóstol y el contenido de la oración del apóstol. Analicemos primero la costumbre de oración del apóstol. Colosenses 1:3 dice: Siempre orando por vosotros,  damos gracias a Dios,  Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Pablo testifica en primer lugar que su oración estaba enfocada sobre las personas, no sobre las cosas, ni sobre sus propias necesidades. Recordemos que mientras Pablo escribía estas palabras estaba preso en Roma, sin embargo de ello, no está pidiendo a Dios en oración ser liberado. No, de ninguna manera. Su oración se enfoca sobre los creyentes de Colosas, a quienes ni siquiera conocía personalmente, pero sabía que estaban allí y necesitaban de sus oraciones. Que gran lección para nosotros, porque cuando nosotros oramos, principalmente enfocamos nuestra oración sobre nosotros mismos en primer lugar. Dios ayúdame en esto o líbrame de aquello, o bendíceme de esta manera. Después, si nos queda tiempo oramos por los demás, eso si los conocemos personalmente. Si no les conocemos en persona, jamás oramos por ellos. Un hermano en la fe solía orar con un mapa de su país en su mano. Había dividido a su país en siete regiones y cada día de la semana oraba por creyentes en determinada región. No conocía a todos los que había en esa zona de su país, pero sabía que allí había creyentes, e intercedía al Señor por ellos. Ojalá que nuestras oraciones se enfocaran más en los demás y menos en nosotros mismos. Luego Pablo dice que en oración agradece a Dios por ellos. Note que la oración se dirige a Dios directamente, no a un ser humano que ya ha muerto y que le llaman santo, o a cualquier otro intermediario, por más importante que fuera. Los creyentes tenemos el privilegio sin igual de hablar directamente con Dios. Este privilegio no ha sido ganado por nosotros sobre la base de algún mérito nuestro, sino que es una obra de gracia de Dios, un favor inmerecido que él nos ha hecho. Para poder acercarnos a Dios tenemos que estar en su Hijo, el Señor Jesucristo. Dios es el Padre de Jesucristo, si nosotros estamos en el Hijo, Dios nos ve como a su propio Hijo y por eso escucha nuestra oración y nos contesta. Una vez que hemos considerado la costumbre de oración del apóstol, veamos el contenido de la oración del apóstol. Habíamos señalado que Pablo está agradeciendo a Dios. La pregunta natural es: ¿Por qué está agradeciendo Pablo a Dios cuando ora por los creyentes de Colosas? La respuesta la tenemos en los versículos 4 a 8. La primera razón es porque los Colosenses tenían fe en Cristo Jesús. Colosenses 1:4 en su primera parte dice: habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús,
Pablo supo por medio de Epafras, quien lo visitó en Roma, que los creyentes de Colosas tenían fe en Cristo Jesús. Esto era motivo más que suficiente para agradecer a Dios. Notemos que la fe necesita de un objeto. El objeto de la fe no es una religión determinada o un rito determinado. El objeto de la fe es una persona. La persona de Cristo Jesús. Los creyentes de Colosas fueron salvos no porque creían en algo nebuloso, indeterminado. La salvación no es sólo cuestión de creer en cualquier cosa. La salvación es cuestión de creer o confiar en la persona de Cristo. La fe de los creyentes no es una fe ciega. Es una fe basada en evidencias reales y palpables. Cristo murió por mí. Yo creo en él y lo recibo como mi Salvador y por eso soy salvo. La segunda razón es porque los creyentes de Colosas manifestaron externamente su fe en Cristo por medio de amar a los hermanos. Colosense 1:4 en su segunda parte dice: y del amor que tenéis a todos los santos,
Fe y amor van íntimamente ligados. Una persona puede decir que tiene fe en Cristo, pero si vive odiando a los hermanos, es prueba que en realidad no tiene fe en Cristo. Los creyentes de Colosas creyeron a Cristo y su fe se hizo visible por medio del amor que tenían a todos los santos. Note la palabra “todos” El amor que proviene de fe no es un amor selectivo. Ama a todos, sin importar las características de la persona amada. No seamos selectivos en nuestro amor a los santos. A este amo porque me cae bien, a este otro no le amo porque no me cae bien. Este amor no es el amor del cual nos habla Dios en su Palabra. El amor que proviene de fe ama a todos, sin distinción de ninguna clase. La tercera razón por la cual Pablo da gracias a Dios es porque los creyentes de Colosas tenían su esperanza puesta en los cielos. Colosenses 1:5 dice: a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos,  de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio,
El evangelio significa: Buenas Nuevas. Estas buenas nuevas tienen que ver con la liberación del castigo por el pecado, la liberación del poder del pecado y la liberación de la presencia del pecado. En el pasado, los creyentes fuimos ya librados del castigo por el pecado. En el presente, los creyentes estamos siendo librados del poder del pecado y en lo futuro los creyentes vamos a ser librados de la presencia del pecado, esto será en el cielo, una gloriosa esperanza sin lugar a dudas. Como no agradecer a Dios por ello. Notemos que la esperanza del creyente está en el cielo, no en la tierra. ¿Qué es lo que hace suspirar su corazón? Pues aquello es su esperanza. Ojalá que no sea un auto nuevo o una casa nueva o un trabajo nuevo. Ojalá que sea ese lugar maravilloso llamado cielo, donde moraremos por la eternidad con aquel que nos amó tanto, el Señor Jesús. Allí tiene que estar su esperanza. La cuarta razón por la que Pablo agradece a Dios al orar por los Colosenses es que el evangelio había llegado a ellos y producía su fruto y crecía. Colosenses 1:6-7 dice: que ha llegado hasta vosotros,  así como a todo el mundo,  y lleva fruto y crece también en vosotros,  desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,
Col 1:7  como lo habéis aprendido de Epafras,  nuestro consiervo amado,  que es un fiel ministro de Cristo para vosotros,
Pablo no fue quien llevó el evangelio a Colosas, pero el evangelio llegó allá y así también llega a los rincones más apartados del mundo. Cuando llega a algún lugar produce fruto de vidas transformadas y crece en el sentido de ir a otros lugares. A Colosas llegó por medio de Epafras, quien es fiel siervo o ministro de Cristo. La quinta y última razón por la cual Pablo agradece a Dios en su oración es porque los creyentes de Colosas habían mostrado su amor en el Espíritu. Colosenses 1:8 dice: quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.
Epafras comunicó a Pablo que los creyentes en Colosas tenían amor en el Espíritu. ¿Qué quería decir con esto? Pues que el amor de los Colosenses no era algo emocional solamente, era un genuino amor por el Señor y por su pueblo, que solamente el Espíritu Santo puede producir en una persona. Vemos que los motivos para agradecer al Señor son de peso. Quizá nosotros conocemos a personas como los Colosenses. ¿Estamos agradeciendo a Dios por ellos? ¿Estamos animándoles a seguir adelante en los caminos del Señor? Que Dios nos motive a orar como Pablo, enfocando más en otros y enfocando menos en nosotros mismos.

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