Cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando la segunda epístola de Pablo a los Tesalonicenses, en la serie titulada: Animo para una iglesia en Apuros. A pesar de los problemas, la iglesia de los Tesalonicenses tenía muchos motivos para que Pablo agradezca a Dios por ellos. Esto será el tema del estudio bíblico de hoy.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en 2 Tesalonicenses 1:3-4. Este pasaje bíblico tiene que ver con el sufrimiento del creyente. Pero no nos confundamos, al hablar de sufrimiento, no me estoy refiriendo a alguna consecuencia dolorosa por algún pecado cometido. Me estoy refiriendo a sufrir injustamente por el solo hecho de seguir al Señor Jesucristo. Si un creyente, por ejemplo, ha contraído una enfermedad venérea como resultado de una vida desordenada en el orden moral, no podría decir: Pobre de mí, estoy sufriendo por la causa de Cristo. De ninguna manera, este creyente no está sufriendo por la causa de Cristo sino como consecuencia de su propio pecado. Pero si otro creyente es objeto de burla, ataque, persecución, por el solo hecho de seguir a Cristo, entonces puede decir: Estoy sufriendo por la causa de Cristo. Esto justamente es lo que estaba pasando con los creyentes tesalonicenses cuando Pablo les escribió la segunda carta. A pesar de ser fieles al Señor y de cuidar su testimonio, los creyentes de Tesalónica estaban sufriendo. Quizá esto le sorprenda amable oyente, porque todos tenemos la tendencia a pensar que si somos fieles al Señor y guardamos su palabra, Dios está en obligación de tratarnos bien, es decir, de evitar que suframos, de evitar que pasemos por necesidad de cualquier índole, de evitar que enfermemos, de evitar que la gente nos mire mal. Pero no es así. En ninguna parte de la Biblia Dios nos ha prometido que si llegamos a ser creyentes no vamos a sufrir jamás. Más bien todo lo contrario. Juan 16:33 dice: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
De modo que amable oyente, no sólo que es posible, sino que es seguro, que va a experimentar sufrimiento a pesar de esta bien con el Señor. Veamos como Pablo se dirige a creyentes que estaban sufriendo por la causa de Cristo. En primer lugar, Pablo informa a los creyentes de Tesalónica que daba gracias a Dios por ellos. 1 Tesalonicenses 1:3 en su primera parte dice: Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno,
Qué gran hombre de Dios que fue Pablo. Como estaba al tanto de todo lo que estaba pasando con los creyentes de Tesalónica, siente que era una obligación para él y para sus colaboradores, agradecer a Dios por los hermanos de Tesalónica. Lo ve como algo digno, según sus propias palabras. Es un hecho amable oyente. Nuestro testimonio como creyentes o motiva a otros a dar gracias a Dios por nosotros, o priva a otros de dar gracias a Dios por nosotros. Al mirar su propia vida, ¿llega a la conclusión que debe haber alguien agradeciendo a Dios por Usted? Si no es así, a lo mejor su testimonio como creyente está algo lejos de lo que Dios espera. En segundo lugar, Pablo menciona los motivos específicos por los cuales sentía que debía dar gracias a Dios por los Tesalonicenses. 2 Tesalonicenses 1:3 en su segunda parte dice: por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás;
Aquí tenemos dos asuntos por los cuales Pablo debía dar gracias a Dios por los creyentes de Tesalónica. El primero es por la fe de los tesalonicenses. Era una fe que estaba en constante crecimiento. Cuando Pablo habla de la fe, se está refiriendo a todo lo que Dios hasta ese momento había revelado, ya sea en lo que existía de la Biblia o ya sea lo que los apóstoles y profetas habían anunciado. En este sentido, la fe para nosotros hoy en día es todo lo que contiene la Biblia. Los creyentes de Tesalónica no se contentaron con lo poco que aprendieron de la palabra de Dios cuando Pablo estuvo entre ellos, sino que procuraban aprender cada día mucho más. ¿Cómo está su fe en este sentido? ¿Ha llegado a conformarse con lo poco o mucho que sabe de la palabra de Dios? Quiera Dios que no. Su fe debe ser como la de los Tesalonicenses, una fe que estaba en constante crecimiento. Lo que hoy conoce y practica de la palabra de Dios deber ser menos de lo que mañana conocerá y practicará de la palabra de Dios. Si no está creciendo en fe, está decreciendo en fe. El segundo asunto por el cual Pablo se siente en obligación de dar gracias a Dios por los Tesalonicenses es porque además de la fe, también el amor de los unos por los otros estaba abundando entre los Tesalonicenses. Esto es fantástico. Me refiero a la relación de la fe con el amor a los demás. Primero viene la fe, y si la fe es genuina, se manifestará en amor al prójimo. Si usted dice que tiene fe, entonces debe estar amando al prójimo, si esto no está pasando, entonces su fe no es la fe de la cual habla la palabra de Dios. No son pocos los creyentes que dicen que tienen fe, hasta se declaran como hombres o mujeres de fe, pero viven odiando a otros, viven enemistados con otros, viven despreciando a otros. Esto es prueba de que su fe no es la fe de la cual habla Dios en su palabra. Algo que me sorprendió de los Tesalonicenses es que todos y cada uno de ellos abundaban en amor para con los demás. Esto es muy notable. Todos tenemos mayor afinidad con determinados hermanos o hermanas en la iglesia y como que manifestamos mayor amor hacia estas personas, pero entre los Tesalonicenses no se veía algo como esto, sino que absolutamente todos y cada uno abundaban en amor para con los demás. Qué hermoso ambiente debe haber habido en esta iglesia. Pablo se sentía tan impresionado por la gran fe y el gran amor que existía entre los creyentes de Tesalónica, que se gloriaba de eso en las iglesias que visitaba. Note lo que dice 2 Tesalonicenses 1:4 en su primera parte: tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios,
Cuando Pablo compartía lo que Dios estaba haciendo entre los Tesalonicenses, en las iglesias de Dios que visitaba, tal vez no podía evitar dibujar una sonrisa en su rostro al referirse a la fe creciente de los Tesalonicenses y al amor que abundaba entre los Tesalonicenses. Se gloriaba de esto. ¡Qué hermoso! Cuan diferente es cuando en una iglesia falta la fe y el amor. Nadie puede gloriarse de las rivalidades, las peleas, las envidias, y las divisiones que resultan de la falta de fe y amor en algunas iglesias. En este punto, Pablo hace referencia a un hecho muy importante. Digo importante porque al oír que los Tesalonicenses crecían en fe y abundaban en amor los unos para con los otros, tal vez alguien podría pensar que los creyentes de Tesalónica estaban rodeados de comodidades. No hay tal amable oyente. Pablo nos presenta como estaba la situación en Tesalónica. Note lo que dice al final de 2 Tesalonicenses 1:4 por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis.
Esta es en realidad la tercera razón por la cual Pablo se sentía en la obligación de agradecer a Dios por los Tesalonicenses. La vida para los creyentes en Tesalónica no era fácil en esos momentos. Estaban soportando persecuciones y tribulaciones a causa de Cristo. Lo más fácil para ellos hubiera sido dejar de seguir siendo fieles a Dios y amoldarse al mundo para evitar la persecución del mundo a causa de su fe en Cristo, tal como hacen muchos creyentes hoy en día. Pero no lo hicieron Pablo dice que tuvieron paciencia y fe en todas sus persecuciones y tribulaciones. La palabra paciencia es la traducción de una palabra que significa capacidad de soportar un gran peso sin desmayar. La persecución y tribulación por causa de Cristo era tenaz, pero los creyentes no sucumbieron bajo este peso, sino que se mantuvieron firmes, esto es paciencia. La vida cristiana es para los valientes, amable oyente. Si usted está viviendo como Dios quiere que viva, el mundo le dará la espalda y se requiere de mucha paciencia para no desmayar. Dios está presto para socorrernos de modo que podamos soportar con gozo en el corazón. Pablo tenía suficientes razones para sentirse en obligación de agradecer a Dios por los Tesalonicenses, por su fe creciente, por la abundancia de su amor de los unos para con los otros y por su paciencia para soportar la persecución y tribulación a causa de Cristo. ¿Será que existen creyentes que estarán agradeciendo a Dios por nuestras vidas al ver las mismas cosas en nosotros? Quiera Dios que sí. Que Dios le bendiga.

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