Saludos cordiales amable oyente. Es una bendición para mí saber que usted me está escuchando. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Muchas gracias por orar a favor de este ministerio. Gracias también por su ofrenda. En nuestro estudio bíblico anterior, vimos que el origen de las peleas está en el corazón del hombre. Las guerras y los pleitos parten de nuestras pasiones que combaten en nuestros miembros. Los deseos inmoderados por obtener cosas para nuestro propio deleite nos conduce a la enemistad y a la confrontación con otros. Con tal de obtener lo que deseamos, no nos preocupamos en absoluto de los medios que utilizamos para conseguirlo. Esta mentalidad muy pronto nos conducirá a la mundanalidad, es decir a una amistad con el mundo. Santiago confronta fuertemente esta amistad con el mundo. Esto será el tema de nuestro estudio bíblico de hoy.

Abramos nuestras Biblias en el libro de Santiago capítulo 4 versículos 4 y 5. En este pasaje bíblico tenemos la admiración de Santiago, la amonestación de Santiago, la advertencia de Santiago y el argumento de Santiago. Existe una amistad que automáticamente causa una enemistad con Dios. Es la amistad con el mundo. Sobre este tema, lo primero que notamos es la admiración de Santiago. Santiago 4:4 comienza diciendo: Oh almas adúlteras. Santiago se dirige a creyentes que habían puesto en el primer lugar de sus vidas al deseo de obtener cosas y estaban actuando con esa motivación. Esta actitud les había conducido a constantes peleas entre ellos. El poner cualquier cosa en el primer lugar de nuestras vidas es equivalente a ser infiel con el Señor a quien pertenecemos y de quien somos. El Señor pagó con su propia vida el precio requerido para comprarnos y hacernos suyos. Su acto supremo de amor y nuestra aceptación de su sacrificio nos ligó íntimamente, tan íntimamente que el Nuevo Testamento presenta a Cristo como el esposo y a nosotros, la iglesia, como la esposa. 2 Corintios 11:2 dice: Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

Esta es la hermosa realidad de la relación entre nosotros y Cristo. Mientras persistamos en nuestra devoción a Cristo, disfrutaremos de una hermosa y significativa relación con él, pero cuando ponemos en el primer lugar de nuestras vidas cualquier cosa que no sea él, fallamos a nuestros votos de fidelidad hacia él, es decir llegamos a ser infieles con él, tanto como una esposa es infiel a su esposo cuando se entrega a otro hombre, por tanto, con justa razón Santiago califica de adúlteros a todos aquellos que han quitado a Cristo del lugar máximo de devoción en sus vidas y se han entregado a personas o cosas de este mundo. ¿Quién ocupa el lugar de máxima devoción en su vida, amable oyente? Ojalá sea Jesucristo, mas no el esposo o los hijos o cosas de este mundo. Luego tenemos la amonestación de Santiago. Dirigiéndose a las almas adúlteras les dice en Santiago 4:4: ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Santiago no está declarando un nuevo principio aquí. Esto es algo que los creyentes ya lo sabían, pero al igual que muchos de nosotros, lo habían olvidado, o quizá mejor, lo habían descuidado. La palabra amistad es la traducción de la palabra griega filia, que significa una relación de mutua intimidad. El asunto funciona así. El hombre desea profundamente algo para gastar en su propio deleite. Ora a Dios pidiendo aquello. Dios por supuesto jamás va a contestar una oración con un motivo incorrecto. Como el hombre no encuentra un aliado en Dios, se vuelve al mundo para conseguir lo que busca de cualquier manera, aun si para eso tiene que luchar y pelear. Mucha gente dice: Si las puertas del cielo no se abren, hay que tocar las puertas del infierno. Cuando esto pasa, Satanás y sus demonios la abrirán las puertas con gusto. La palabra mundo no se refiere al planeta tierra ni a la naturaleza que nos rodea, sino al sistema que domina en la tierra, el cual es controlado y energizado por Satanás y sus demonios y está en oposición a Dios y sus propósitos. Puede ser el mundo del arte, de la cultura, de la educación, de la ciencia, de la política y aun de la religión, es decir una esfera en la cual el nombre de Cristo no es bienvenido o quizá hasta prohibido, excepto por supuesto como una mera formalidad. Tener amistad con el mundo, en otras palabras significa encontrar la satisfacción personal en las cosas del mundo. Un connotado maestro bíblico ha definido la amistad con el mundo como la confianza y dependencia en el sistema del mundo para satisfacer las necesidades, en vez de confiar en Dios. La amistad con el mundo, automáticamente desencadena la enemistad contra Dios. Nadie puede tener amistad con el mundo y a la vez amistad con Dios. Abraham, en amigo de Dios no fue a la vez amigo del mundo. Cuando el mundo se presentó ante sus ojos con todo su encanto y su embrujo, Abraham decidió caminar por el polvoriento desierto hacia Canaán para hacer la voluntad de Dios. Lot, su sobrino, en cambio, fue amigo del mundo. Escogió la planicie verde a las riberas del Jordán aunque en aquella zona se encontraba Sodoma, el centro de corrupción del mundo de su época. Plantó sus tiendas hasta Sodoma, finalmente terminó en Sodoma. Su amistad con el mundo le valió la enemistad contra Dios. Así que, amable oyente, no puede tener un pie en el mundo y el otro en Jesucristo. O está con Cristo o está con el mundo. Mateo 12:30 lo pone con caracteres de fuego cuando dice: El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Hemos visto la admiración de Santiago y la amonestación de Santiago. Consideremos ahora la advertencia de Santiago. Santiago 4:4 termina diciendo: Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Fundamentado en el hecho que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios, Santiago hace una advertencia que debe calar lo más profundo en nuestros corazones: Cualquiera que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. No necesariamente hay que ser amigo del mundo para constituirse enemigo de Dios. Basta con querer ser amigo del mundo para constituirse enemigo de Dios. Por eso es que la mundanalidad o la amistad con el mundo no es tanto una acción como una actitud. A veces pensamos que el mundano es solamente el que posee cosas del mundo y acaricia lo que el mundo le ha dado. No, amable oyente. Puede ser que usted no tenga nada del mundo, pero se muere de ganas por tenerlas, entonces usted ya es mundano, porque su actitud es mundana por el solo hecho de querer ser amigo del mundo. Dios no juzga solamente las acciones externas de las personas sino las motivaciones internas del corazón. Otra cosa digna de notarse en la advertencia de Santiago es que el querer ser amigo del mundo automáticamente implica una declaración de guerra a Dios. Muchos creyentes dicen: Bueno, yo vivo mi vida, no estoy en contra de Dios, simplemente no quiero saber nada de él. Pretenden ocupar un terreno neutral. Ni a favor de Dios ni en contra de Dios, sólo lo que a mí me interesa. Esto es un engaño. El solo hecho de sonreír al mundo ya es equivalente a enemistarse con Dios. Cuan cuidadosos tenemos que ser, amable oyente, para no permitir que en nuestro corazón se anide y desarrolle una amistad con el mundo. Finalmente tenemos el argumento de Santiago. ¿Por qué cualquiera que quiera ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios? La razón la encontramos en Santiago 4:5 La Biblia dice: ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?
Tener amistad con el mundo es un acto de infidelidad a Dios porque pertenecemos a Dios. Él nos ha dado su Santo Espíritu para que more en nuestros cuerpos y nos santifique o nos aparte para él. El Espíritu Santo nos anhela celosamente, esto significa que nos quiere santos y puros para Dios. Nuestra amistad con el mundo atenta contra este anhelo ferviente del Espíritu. Cuidado amable oyente con defraudar al Espíritu Santo coqueteando con el mundo, hallando nuestra satisfacción en el mundo. ¿Cómo está su vida? ¿Quién ocupa el máximo lugar de devoción en su vida? ¿Es Jesucristo o quizá algo o alguien? De pronto su esposa o su novia o sus hijos o su educación o su trabajo o su negocio o sus posesiones. Si hay algo o alguien en su vida que sea más importante que Dios, entonces usted es amigo del mundo y por tanto se ha constituido enemigo de Dios. Si ese es su caso, hoy mismo reconozca su pecado confiéselo al Señor y vuelva a poner a Cristo en el primer lugar de su vida.