Qué gozo es saludarle amable oyente. Le habla David Logacho, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy en el evangelio según Lucas. En esta oportunidad examinaremos los hechos que acontecieron cuando la virgen María fue a visitar a su parienta Elizabet, en las montañas de Judea.

Si tiene una Biblia a al mano, ábrala en Lucas 1 39-56. Cronológicamente hablando, el relato que recoge este pasaje bíblico, aconteció inmediatamente después que el ángel Gabriel anunció a la virgen María que iba a concebir del Espíritu Santo e iba a dar a luz un santo ser que iba a llamarse JESÚS, nombre que significa Jehová salva o Jehová es salvación. Esto fue el tema de nuestro estudio bíblico último. Con esto en mente, permítame leer el pasaje bíblico que vamos a estudiar. Lucas 1:39-56. La Biblia dice: En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;
Luk 1:40  y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.
Luk 1:41  Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,
Luk 1:42  y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
Luk 1:43  ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?
Luk 1:44  Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
Luk 1:45  Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.
Luk 1:46  Entonces María dijo:(I)
Engrandece mi alma al Señor;
Luk 1:47  Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
Luk 1:48  Porque ha mirado la bajeza de su sierva;
Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
Luk 1:49  Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso;
Santo es su nombre,
Luk 1:50  Y su misericordia es de generación en generación
A los que le temen.
Luk 1:51  Hizo proezas con su brazo;
Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Luk 1:52  Quitó de los tronos a los poderosos,
Y exaltó a los humildes.
Luk 1:53  A los hambrientos colmó de bienes,
Y a los ricos envió vacíos.
Luk 1:54  Socorrió a Israel su siervo,
Acordándose de la misericordia
Luk 1:55  De la cual habló a nuestros padres,
Para con Abraham(J) y su descendencia para siempre.
Luk 1:56  Y se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa.
En primer lugar notamos los entretelones del acontecimiento. El texto leído dice que en aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. No debe haber transcurrido mucho tiempo entre la visita del ángel Gabriel a la virgen María para anunciar el nacimiento del niño Jesús, y el viaje de la virgen María hacia la montaña de Judea, a más de 100 Km de distancia, donde vivía su parienta Elisabet con su esposo Zacarías. La virgen María sabía que Elisabet había concebido en su vejez y que estaba en el sexto mes de embarazo, porque el ángel Gabriel se lo contó, pero Elisabet no sabía que el mismo ángel Gabriel había anunciado a la virgen María que siendo virgen iba a concebir al niño Jesús. Lo único que sabía Elisabet era que Juan, el niño que estaba por dar a luz, iba a preparar el camino del Mesías, del Cristo, del Rey de Israel, y que estaba lleno del Espíritu Santo desde que estaba en su vientre. La prisa con la que la virgen María hizo el viaje, no se debe atribuir a la duda en cuanto si lo que le anunció el ángel Gabriel era verdad, sino al gozo de saber que su parienta Elisabet había concebido a pesar de su edad avanzada. No olvide que antes de hacer el viaje, la virgen María creyó todo lo que le dijo el ángel. Una vez que la virgen María entró en la casa de Elisabet, donde estaba también Zacarías, pero mudo, ocurrieron tres eventos notorios, que los vamos a ver por orden. En primer lugar la reacción de Elisabet. El texto leído dice que tan pronto Elisabet oyó el saludo de la virgen María, la criatura saltó en su vientre y fue llena del Espíritu Santo. En este momento, Elisabet debe haber llegado a saber que la virgen María iba a ser la madre del niño Jesús. Esto le condujo a exclamar a voz en cuello: Bendita tú entre las mujeres. Note que no dijo: Bendita tú sobre las mujeres, sino bendita tú entre las mujeres. No está bien atribuir a María lo que únicamente pertenece a Dios, pero tampoco está bien minimizar el lugar que María tiene en el plan de Dios. Lo que impactó a Elisabet en cuanto a la virgen María es su fe. Dijo: Bienaventurada la que creyó. Esta fe manifestada por María hizo posible que se haga realidad todo lo que el ángel Gabriel le anunció. El segundo evento fue la reacción de Juan. El niño que Elisabet llevaba en su vientre se unió al gozo de su mamá y lo manifestó saltando en el vientre de ella, a pesar que sólo tenía seis meses de gestación. No debe haber sido un simple patear como hacen todas las criaturas cuando están en el vientre de sus madres, sino realmente una patada que hizo conmover a Elisabet. Era la forma de alabar a Dios por parte de Juan, por lo que Dios estaba por hacer por medio de la virgen María. El tercer evento fue la reacción de la virgen María. Todo lo que experimentó en la casa de Elisabet, motivó a la virgen María a exclamar un poema que se conoce como el Magnificat. Esto porque la primera línea del poema en idioma Latín es Magnificat anima mea Dominum, que en nuestro idioma se traduce como: Engrandece mi alma al Señor. El deseo más profundo de la virgen María era exaltar al Señor. El poema tiene tres partes. La primera se enfoca sobre ella misma. La segunda se enfoca sobre todos los que tienen temor de Dios y la tercera se enfoca sobre el pueblo de Israel. Son las razones por las cuales María engrandece al Señor. En la primera parte de su poema, María se regocija en el hecho que Dios le ha salvado. Esto implica que María era pecadora como todo ser humano y tuvo que confiar en Dios para ser salva. Pero Dios no sólo le salvó sino que le escogió para que sea la madre de Jesús, el Cristo, el Mesías. A esto se refiere María cuando dice que Dios ha mirado su bajeza de tal manera que las generaciones futuras le dirán bienaventurada. Por tanto, Dios hará grandes cosas con ella. Por el hecho que María creyó a Dios y se rindió a Él, Dios hizo un milagro en ella al usarla como instrumento para traer al Salvador al mundo. En la segunda parte de su poema, María se enfoca sobre todos los que tienen temor de Dios. Todos hemos recibido su misericordia. Dios ha hecho proezas con su brazo poderoso. Los soberbios han sido dispersados, los poderosos han sido humillados y los humildes han sido exaltados. Los pobres han sido colmados de bienes y los ricos han sido despojados. Todo esto es posible por la obra de Dios por medio de aquel que estaba por nacer de la virgen María. En la tercera parte de su poema, María se enfoca sobre el pueblo de Israel. Nuevamente fue por su misericordia que Dios socorrió a Israel, su siervo. A pesar del fracaso y la incredulidad de Israel, Dios no lo desechó. Dios tuvo misericordia de Israel y lo socorrió. La mayor muestra de este socorro fue porque Dios usó al pueblo de Israel para hacer realidad la oferta de salvación no sólo a Israel sino al mundo entero. Esto en esencia constituye el pacto que Dios hizo con Abraham. Note lo que dice Génesis 12: 2-3 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
Gen 12:3  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.(B)
Dios cumplió con su pacto al enviar a su amado Hijo al mundo para que el mundo tenga la oportunidad de hallar perdón de pecados y vida eterna. En Cristo Jesús son benditas todas las familias de la tierra, incluyendo Israel. Es impresionante notar en este poema, el profundo conocimiento del Antiguo Testamento que tenía la virgen María. Sus palabras destilan el suave perfume de la palabra de Dios. El pasaje bíblico termina diciendo que la virgen María se quedó en la casa de Elisabet y Zacarías como por tres meses y después se volvió a su casa en Nazaret. Pare entonces la virgen María ya sabía que en su vientre virginal se estaba gestando el niño Jesús. No debe haber sido fácil para la virgen María retornar a su pueblo en Nazaret porque todos sabrían que estaba embarazada sin haberse casado todavía con su prometido José. Pero en el fondo, María debe haber confiado en que Dios se iba a encargar de todo, como en realidad sucedió, y lo cual será el tema para nuestro próximo estudio bíblico.