¿Se consideran inocentes, espiritualmente hablando, los niños que mueren antes de haber alcanzado un estado de conciencia de su situación espiritual? Si es así, ¿van al cielo cuando mueren?

Antes de nada, permítame señalar que ningún ser humano en el mundo, sin importar su edad, es inocente. La palabra de Dios es clara cuando muestra que todos somos pecadores, condenados por Dios. Efesios 2:3 dice: “entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.”

Allí lo tiene, todos éramos por naturaleza, ponga atención en esto, por naturaleza hijos de ira. Esta es la naturaleza pecaminosa de todo ser humano. Más todavía, la Biblia da clara evidencia en el sentido que antes de nacer ya éramos pecadores. Observe lo que dice Salmo 51:5 “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.”

Según este testimonio, el ser humano es pecador desde el mismo instante que es concebido, aún antes de nacer en este mundo. Salmo 58:3 lo confirma cuando dice: “Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.”

Estas son pruebas suficientes para saber que no existe ser humano, independientemente de su edad que pueda ser considerado inocente delante de Dios.

Las únicas personas que disfrutaron de breves momentos de inocencia delante de Dios fueron Adán y Eva, desde que fueron creados por Dios hasta el momento que cayeron en el pecado. De allí en adelante, todos sus descendientes están contaminados con el pecado desde el mismo momento que son concebidos. Romanos 5:12 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”

La presencia de la muerte en el ser humano, lo cual puede acontecer inclusive a un embrión en la matriz de su madre o a un niño recién nacido o a un adolescente o a un joven o a un adulto o a un viejo, es la prueba de que todo ser humano es pecador delante de Dios.

Por tanto nadie es inocente a los ojos de Dios. También, me gustaría hacer notar algo que seguramente es demasiado obvio para muchos. Me refiero al hecho que el ser humano necesita algo de madurez para reconocer que es un pecador y como tal está separado de Dios. El ser humano es pecador por naturaleza, pero no toma conciencia de ello sino hasta que pasan algunos años después de haber nacido. No se sabe exactamente cuantos años. Eso depende de la madurez de cada persona en particular.

Conozco personas que tomaron conciencia de este hecho a edades tan cortas como cuatro o cinco años, y otros, un tanto mayores, entre siete u ocho años.

La gran pregunta es: ¿Qué pasa con un niño que muere antes de tomar conciencia de que es pecador? ¿Qué pasa con un niño que nace muerto?¿Qué pasa con un embrión que muere en el vientre de su madre, ya sea por un aborto natural o provocado? Sabemos que nadie es inocente. Sabemos que todos son pecadores por naturaleza. Sabemos que todos son culpables. ¿Será que estas personas van a condenación eterna? Antes de arribar a una conclusión, debemos considerar que Dios además de santo, es justo.

Génesis 18:25 dice: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”

Sería injusto que un ser humano sea condenado por la eternidad, sin haber tenido conciencia de que estaba en peligro de ello. Dios no actúa de esta manera, porque Dios es justo. Siendo así, en el Nuevo Testamento se observa algo muy interesante. Hablando a Zaqueo, un hombre adulto, ponga atención a lo que le dijo Jesús, según Lucas 19:9-10 “Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Ahora, Jesús dijo algo muy parecido, no acerca de un adulto sino acerca de unos niños, probablemente antes de que llegaran a esa edad de tomar conciencia de su naturaleza pecaminosa.

Lo que Jesús dijo se encuentra en Mateo 18:10-11 donde leemos: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”

Al hablar de un adulto, Jesús dijo que el Hijo del Hombre había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. En cambio al hablar de un niño, Jesús dijo que el Hijo del hombre había venido, no a buscar y a salvar lo que se había perdido, sino solo a salvar lo que se había perdido.

¿Por que se ha omitido esto de buscar, en el contexto de los niños? ¿No será porque los niños que mueren antes de llegar a tomar conciencia de que son pecadores, son salvos por la sangre derramada de Cristo en la cruz? Bien podría ser. Esto se confirmaría por lo que dice 1 Juan 2:2 donde dice: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

La obra perfecta de Cristo en la cruz, en la cual derramó su sangre, hizo propiciación por los pecados del mundo, o dicho en otras palabras, el sacrificio de Cristo en la cruz, donde él derramó su sangre, satisfizo las demandas de la santidad de Dios castigando el pecado.

Esto abrió la puerta para que el hombre pueda ser perdonado de su pecado y consecuentemente pueda ser salvo. Cuando el ser humano es adulto, debe recibir por la fe a la persona de Cristo como su Salvador para ser salvo. De otra manera no hay salvación sino condenación, pero cuando el ser humano es niño, antes de tomar conciencia de su pecado, la obra de propiciación de Cristo es automáticamente puesta sobre este niño cuando muere.

Por este motivo ese niño es salvo. Esto parece confirmarse en el incidente del Antiguo Testamento cuando murió el hijo recién nacido de David con Betsabé. Una vez que éste murió, David dijo lo siguiente según 2 Samuel 12:23 “Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí”

La frase: Yo voy a él, puede ser interpretada tanto en el sentido que David también moriría algún momento en el futuro, como en el sentido que David sabía que su tierno hijo era salvo y tenía la esperanza de volver a verlo en la eternidad.

Por estas consideraciones, la conclusión es que los niños que mueren en la matriz de su madre o al nacer o antes de tener edad para tomar conciencia de su naturaleza pecaminosa, están con Dios en el cielo. No porque sean inocentes, sino por el sacrificio que Cristo hizo en la cruz por el pecado del mundo.

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