Abramos nuestras Biblias en el salmo 141. Por lo que se puede apreciar en la sobre escritura de este salmo, sabemos que su autor es David. En este salmo encontramos a David en una de sus ocupaciones favoritas y por demás beneficiosas. Me refiero a la oración.

Fue David quien se anticipaba a los rayos del alba para tener su encuentro íntimo y personal con Jehová. Salmo 5:3 dice: “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré.” David realmente disfrutaba de la oración. David jamás vio a la oración como una actividad aburrida. En el salmo 141, vemos cuán grandemente David apreciaba y practicaba la oración. Nos deja con cuatro oraciones llenas de inspiración para nuestra vida personal de oración. La primera oración tiene que ver con pedir una rápida respuesta de Dios. Salmo 141:1-2 dice: “Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare. Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde”

No sabemos en qué circunstancia se hallaba David, pero lo que sí sabemos es que era una circunstancia apremiante. David necesitaba una respuesta urgente de Jehová. Por eso dice: Jehová, a ti clamo, Señor, ¡ven pronto! ¡escucha mi voz cuando te invoco! Hay ocasiones cuando no está fuera de lugar apurar al Señor. Él lo sabe y no se ofende por ello. Cuando Pedro estaba hundiéndose en el mar, clamó: Señor, sálvame. Vemos un sentido de urgencia en este pedido. Jesús lo entendió así y actuó inmediatamente. Apurar a Jehová no fue una muestra de irreverencia o irrespeto hacia Jehová. David pide a Jehová que su oración sea considerada como el fragante olor del incienso que ascendía desde el altar del incienso y saturaba de fragancia el templo de Jehová.

David también pide a Jehová que su oración sea considerada como la ofrenda que se le presentaba todas las tardes en el templo. ¿Cómo es tu oración, amigo oyente? ¿Es suave perfume que asciende al trono de Jehová? o es meramente el recitar la lista de pedidos como cuando alguien ordena lo que quiere comprar al dependiente en un almacén. Qué gran desafío para todos nosotros. Nuestras oraciones deben ser fragantes como incienso y agradables como un sacrificio.

La segunda oración tiene que ver con el deseo que tenía David por vivir en santidad. Salmo 141:3-5 dice: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios. No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías con los que hacen iniquidad; y no coma yo de sus deleites. Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza; pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquellos.” David no estaba preocupado solamente en recibir la bendición material de Jehová. David también quería tener el mismo carácter de Jehová. David quería ser puro y perfecto como Jehová. Por eso está pidiendo que Jehová ponga un guardián en su boca, para que no salga nada que lastime a otros o traiga reproche sobre la persona de Jehová. David quería un hablar puro. ¿Cómo es tu hablar mi amiga, mi amigo?

¿Salen de tu boca palabras soeces, insultos, chismes, rumores o mentiras? A lo mejor necesitas un guardia a la puerta de sus labios. Pero a David no le preocupaba solo su hablar sino también su accionar. Por eso es que está pidiendo a Dios que no permita que su corazón anhele hacer lo malo y su vida camine por la senda de maldad. Dice a Dios: No quiero hacer obras impías, no quiero participar, peor deleitarme en las obras malas de los impíos. Podríamos resumir esta oración de David, diciendo que está pidiendo que Dios le ayude a tener el corazón puro y las manos limpias. Qué hermoso pedido de oración.

¿Haz pedido a Dios esto alguna vez? Si lo haz pedido, ¿Estás erradicando de tu vida todas las cosas malas que Dios se ha encargado de mostrar en su vida? David quería tener un corazón puro y manos limpias. Yo también lo quiero. ¿Y tú? Tal era el deseo de David por un corazón puro y manos limpias, que está dispuesto a que cualquier justo le castigue si encontraba algo malo en su vida. Lo consideraría como un favor. Sería a su vida como un suave bálsamo. David no se iba a sentir lastimado por esto. A pesar de los golpes, David se compromete a seguir orando. Cuando un justo nos reprende es como aspirar fragante perfume, pero cuando un impío nos reprende es como aspirar dentro de una cloaca.

La tercera oración es porque Dios haga justicia. Salmo 141:6-7 dice: “Serán despeñados sus jueces, y oirán mis palabras, que son verdaderas. Como quien hiende y rompe la tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca del Seol.” Dios es justo amigo oyente, y en su justicia castiga al malvado cuando rechaza la oferta de perdón de pecados que Dios siempre ha hecho al pecador. Por eso, en su oración el salmista está reconociendo que Dios castigará a los malvados.

La versión Dios Habla Hoy traduce estos versículos de esta manera: “Los jefes de los malvados serán despeñados, y verán que mis palabras eran agradables. Sus huesos serán esparcidos junto al sepulcro, como cuando se abren surcos en la tierra.”

La cuarta y última oración tiene que ver con liberación de los enemigos. Interesante la progresión en estas cuatro oraciones. David ha orado porque Dios reciba su oración con agrado, luego oró para que Dios le ayude a vivir con un corazón puro y las manos limpias. Después oró para que Dios haga justicia con los malvados. No fue sino hasta el final cuando David piensa en su situación personal y trae este asunto delante de la presencia de Dios en oración.

Salmo 141:8-10 dice: “Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos; en ti he confiado; no desampares mi alma. Guárdame de los lazos que me han tendido, y de las trampas de los que hacen iniquidad. Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré adelante.”

Dios es omnipotente. Uno de sus nombres es El Shaddai, que significa Dios Todopoderoso. Por tanto, es a él a quien mira David. ¿Amigo oyente, cuando estás en problemas, en donde pones tu mirada? ¿En lo grave de la situación? ¿En tu propia habilidad para resolver problemas? ¿En los recursos que tienes? ¿En las personas que te pueden ayudar?

Recuerda a David, quien puso su mirada en Dios Todopoderoso. Cuando ponemos nuestra mirada en Dios Todopoderoso, los problemas dejan de ser tan complejos como nos parecían. David por tanto ratifica su confianza plena en Jehová. Armado de esta confianza ruega a Jehová que no desampare su alma o, dicho en otras palabras, que no se olvide de él. Interesante este pedido de David: “Dios, no te olvides de mí.”

Dios jamás olvida a los que son suyos, pero los conflictos de la vida, pueden hacernos confundir un tanto y podemos llegar a pensar que Dios nos ha abandonado o está por abandonarnos. En situaciones así, no hay problema con pedir a Dios que no nos abandone. David lo hizo. Siendo más específico, David pide a Dios que le guarde de los lazos y las trampas que han tendido sus enemigos, los cuales hacen iniquidad.

Los enemigos que a veces nos toca enfrentar son astutos y malvados. Como el cazador a su presa nos buscan con afán para acabar con nosotros. No escatiman medios para atraparnos. Solo Dios con todo su poder nos puede librar de tan poderosos perseguidores. Dios no solo puede protegernos, sino también puede disciplinar a nuestros enemigos, en su tiempo y a su manera. De este modo, los que confiamos en él seremos reivindicados. De esta forma termina este precioso salmo. David oraba con el corazón. En su oración se ocupaba en primer lugar de las cosas de Dios y luego de sus propias cosas. Gran ejemplo para seguir. ¿Lo harás?

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