Estamos estudiando el salmo 139. Su autor es David. En este salmo, David se ocupa en mostrarnos algunos de los atributos de Dios. En la primera parte, versículos 1 a 6, David nos mostró que Dios es omnisciente. Esto significa que Dios conoce absolutamente todo acerca de todos. Dios no solo sabe las acciones de los hombres sino también las actitudes del corazón de los hombres. Si Dios es omnisciente es absurdo pretender engañarle.

En la segunda parte, versículos 7 a 12, David nos mostró que Dios es omnipresente. Esto significa que Dios está en todas partes al mismo tiempo. No existe lugar en el universo donde Dios no esté presente personalmente en todo instante. Si Dios es omnipresente, es absurdo pretender escapar de él.

En esta ocasión, en la tercera parte, versículos 13-18, David nos mostrará que Dios es omnipotente. Esta palabra, tiene su origen en el idioma Latín. Viene de “omni” que significa: todo y “potens” que significa: poderoso. Omnipotente entonces describe alguien que puede hacer todo. La omnipotencia es un atributo exclusivo de Dios. En este punto, es necesario puntualizar que cuando se afirma que Dios puede hacer todo, estamos excluyendo cosas que no están de acuerdo con su carácter. Por ejemplo, Dios no puede mentir, porque la mentira no está de acuerdo con su carácter.

La omnipotencia de Dios entonces nos comunica la idea que Dios puede hacer todas las cosas que son conforme a su carácter. Para mostrar la omnipotencia de Dios, el salmista ha escogido una obra maravillosa de Dios. Es la obra de la concepción, gestación y nacimiento. Los científicos han orientado mucho de su investigación a este fascinante campo. Mucho se ha descubierto, pero la mayoría está todavía escondida en la mente de Dios.

En primer lugar, David nos presenta lo maravilla de la obra de Dios en la concepción. Salmo 139:13-14 dice: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.” La unión de un espermatozoide con un óvulo en lo que se llama la concepción, esto desata una de las obras más grandiosas de Dios.

Dirigiéndose a Dios el salmista dice: “Tú formaste mis entrañas.” David atribuye a Dios la obra maestra de la formación de todos los órganos indispensables para el funcionamiento del cuerpo humano. Dios se encargó de que ese pequeño embrión tenga cerebro, corazón, pulmones, hígado, riñones, estómago, baso, intestinos, etc. A la par, Dios se encargó de que esos órganos sean protegidos por un esqueleto, por músculos, por tendones, por piel. Es Dios haciendo su obra maestra. Todo se realizaba donde el ojo humano no puede penetrar a simple vista. En el tibio y agradable hogar del vientre materno.

Al considerar esta obra maravillosa, sobrecogido de admiración el salmista alaba a Dios y dice: “Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho. De ello estoy bien convencido.” Una vez que el salmista nos ha mostrado la maravillosa obra de Dios en la concepción, prosigue mostrándonos la majestuosa obra de Dios en la gestación. Salmo 139:15-16 dice: “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.”

Esto describe el período de gestación del embrión. Aunque todo el proceso tiene lugar en el vientre materno, sin embargo, Dios está en control absoluto de lo que allí está pasando. Dios es omnipresente. Está en todas partes a la vez. Está también en el vientre de una madre. Por eso el salmista dice: No fue encubierto de ti mi cuerpo, aunque fui formado en el oculto e inaccesible vientre de mi madre.

A pesar de estar en un lugar comparable a lo más profundo de la tierra, sin embargo, Dios, a través de su poder absoluto estaba completando su obra de arte así como un hábil artesano da forma final a su obra maestra. Este proceso toma nueve meses en los casos normales, aunque a veces puede acortarse por circunstancias especiales. Mientras el embrión está en esta fase de desarrollo, es un ser vivo, amigo oyente. Desde el mismo instante que es concebido, el embrión goza de vida. Esto es necesario tomar en cuenta a la hora de considerar algo que para el mundo va transformándose en práctica normal. Me refiero al aborto. El mundo dice que la madre, tiene la última palabra en permitir que un embarazo llegue a feliz término o que se interrumpa mediante un aborto. Pero nota que el embrión es un ser humano. No es un objeto sin vida. No es como una uña que ha crecido demasiado y puede ser extirpada con un cortaúñas. Un aborto en cualquier instante del período de gestación es como un asesinato, con la circunstancia agravante que el asesino es la propia madre.

Solo en los Estados Unidos, están muriendo anualmente más personas que las que han muerto en todas las guerras mundiales juntas, en manos de sus propias madres, mediante el aborto. No manches tus manos con la sangre inocente de tu propio hijo o hija, amiga oyente. Los ojos de Dios estaban atentos sobre David cuando era embrión. Además, Dios tenía un libro en el cual estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Esto es grandioso! Yo me imagino a Dios como un ingeniero leyendo un plano y poco a poco edificando la obra conforme a ese plano. Allí en el plano constan todos los detalles de la construcción. En el plano de Dios constan todos los detalles de cómo será esa persona en formación. En el plano de Dios está la estatura, el color de la piel, el color de los ojos, el color del cabello, la forma de la nariz, la forma de la cara, el carácter, etc., etc. Y Dios fue dando forma al embrión conforme a ese plano. ¡Maravilloso! ¿No te parece? Dios se ha dado ese trabajo en cada ser humano que ha habitado este planeta.

Mucha gente en este mundo está inconforme con sus rasgos físicos. Si tiene la piel blanca, le gustaría que hubiera sido obscura. Si tiene el cabello negro, le gustaría que hubiera sido rubio. Si es pequeño de estatura, le hubiera gustado ser más alto. Si es de contextura gruesa, le hubiera gustado ser de contextura delgada. Pero recuerda que fue Dios quien nos formó conforme a un diseño previo realizado por él mismo. Dios no puede equivocarse. Dios no hace las cosas sin un buen propósito. Si nos ha hecho de la manera que somos es porque eso es lo ideal para el propósito que él tiene y nuestra parte es sencillamente agradecer a Dios por la forma como nos ha hecho.

David nos ha hablado de la maravilla de la obra de Dios en la concepción y la majestad de la obra de Dios en la gestación. Solamente falta el milagro de la obra de Dios en el nacimiento, y esto es lo que aparece en los versículos 17-18 donde dice: “¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.”

El salmista está asombrado ante el grandioso poder de Dios desplegado en la concepción, la gestación y el nacimiento. Pensar en lo que Dios ha hecho era algo precioso para el salmista y lo es también para mí y debe serlo también para ti. Ponerse a pensar en lo que Dios es capaz de hacer y ha hecho, es para ocupar todo el tiempo de la vida. Sería como intentar contar los granos de arena en todas las playas del mundo. El salmista ha despertado a la vida en este mundo. Ha nacido. Pero eso no cambia la realidad que Dios está cerca de él, así como estuvo con él en el vientre de su madre.

Hemos visto en acción a un Dios todopoderoso. Si él es capaz de hacer todo esto, ¿cómo no va a poder hacerse cargo de ese problema que me trae tanta aflicción? Solo debo esperar con paciencia que él culmine su obra, así como el nacimiento es la culminación de la obra que comenzó con la concepción.

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