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Miedo al ridículo

El miedo a hacer el ridículo es una patología de la conducta humana que experimentamos a medida que crecemos. Este temor se mantiene de forma más o menos presente y se acentúa. Principalmente durante los momentos previos a una reunión social o un acto en el que piensas que vas a estar sometido a la observación de otros con los que no tienes suficiente confianza: una conferencia, un examen oral, una recepción, una boda, etc., pueden ser situaciones en las que se teme hacer el ridículo, especialmente si tienen algo de nuevo, ya que entonces, estas personas se encuentran incapaces de prever lo que puede suceder y no se pueden tranquilizar pensando que anteriormente tampoco salieron airosos de situaciones similares....

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Mejor es dar

Muchas veces Dios nos quita cosas para luego devolverlas. Y no es que Dios sea sádico o juegue con nuestras emociones, lo hace para que actualicemos nuestra escala de valores y para que identifiquemos qué cosas nos están atando con lo temporal o qué cosas están compitiendo con su señorío. Así fue el caso con Abraham, a quién le dio el hijo de la promesa nada más y nada menos que a los cien años de edad y con una esposa estéril, para pedírselo luego a los 17 años, para que lo entregue en sacrificio en el monte Moriah, en donde , en sentido figurado, lo entregó. ¿Sería que Abraham estaba comenzando a amar más a la promesa de Dios...

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Mal genio

El mal genio es una debilidad que conduce al empleo de la violencia. La conclusión lógica es que si vivimos en una sociedad violenta debe ser porque estamos de mal genio, ¿verdad? La ira del hombre es una manifestación peligrosa de su estado emocional que puede dominar al que está enfurecido y puede afectar a todos los que le rodean. Existen niños que manifiestan ira gritándole a sus compañeros, o aún a sus padres. Los padres pierden el control con sus hijos, el esposo tiene actitudes violentas con su cónyuge. El empleado se queja de los maltratos de sus jefes, los políticos gritan en los parlamentos. ¿Por qué nos volvimos tan violentos? Las cárceles están repletas de personas que, en...

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Lección reprobada, lección recursada

Cuando intentamos saltear lecciones para nuestra vida de parte de Dios, nos encontramos sin los recursos necesarios para enfrentar los proyectos de vida que nos hemos propuestos. Además, esa lección obviada se nos presentará nuevamente de frente en alguna vuelta de la vida. Hasta que no aceptemos el trato de Dios hacia nosotros como indispensable, aunque a nosotros nos parezca incongruente, seguiremos chocando de frente con la misma premisa de Dios, porque Dios no cambia su mensaje ni lo amolda según mi parecer. Es que la vida nos enseña, con el paso del tiempo, cosas que en aquel entonces no comprendíamos. Ahora sí. Son lecciones de vida que deben ser aprendidas a medida que atravesamos pruebas. Marta me sabe decir:...

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Las campanas de Dios

David fue una persona en la cueva otra en el palacio. Fue uno perseguido y otro aclamado, fue uno en el campo de batalla y otro en la azotea de su casa Real. Las reflexiones que escribió mientras pernoctaba en cuevas repletas de ladrones del desierto son monumentos de piedad. Pero una vez instalado en el palacio, cuando rey, sus problemas familiares le abrumaban. Mientras luchaba por su vida y la de sus soldados en los campos de batalla, su fe se aferró tan fuerte a su Dios como su puño a su espada. Cuando delegó a su ejército la tarea de liderar y se quedó descansando en la casa Real, en el tiempo en que todos los reyes salían...

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La vergüenza

Preferimos no hablar de aquellas cosas que nos dan vergüenza, sin embargo es necesario nombrarlas, describirlas, registrarlas para comprender qué nos pasa con eso y desde ahí poder superarlo. La vergüenza es un sentimiento que aparece en todos nosotros (porque a “todos” nos pasa), cuando alguna circunstancia exterior pone en evidencia un punto débil de nosotros, o podríamos decir de nuestro modo de percibirnos. Nuestro “orden armónico” se rompe, y nos trae un sentimiento de ilegitimidad, de disminución, de descalificación, de incomodidad con nosotros y con el entorno, provocando, por así decirlo, que tomemos distancia de aquellos aspectos de los cuales nos avergonzamos y de las personas con quienes sufrimos la vergüenza. Esto no es gratis para nuestro modo de...

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¿Lo que quiero o lo que debo?

Es típica la actitud del niño que debe cumplir una tarea asignada por su madre, pero la posterga a lo largo de todo el día porque quiere hacer “otras cosas”. Lo triste es que esta actitud infantil, en muchos casos, nos acompaña el resto de la vida. Ya de adultos, persistimos con los mismos caprichos, recibiendo la consecuente disciplina. Queremos hacer cosas que no son prioridad. Nos abocamos a proyectos que no son sustentables, pretendemos avanzar en la concreción de nuestros castillos de naipes construidos sobre arena, y cuando todo sale mal, culpamos a Dios, las personas, el gobierno y la vida misma, menos a nuestra terca y caprichosa ceguera. Cuando hagas las cosas que debes hacer cuando tienes que...

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Huyendo de Dios

Desde chicos hemos experimentado el deseo de huir de algo o de alguien. Y no es cobardía, más bien es prudencia. Varias veces a la semana terminábamos detrás de los pantalones de papá o la falda de mamá mudos de miedo. Forma parte de ese instinto de conservación de toda especie viva, incluida la raza humana. Huíamos de un desconocido, huíamos de un fuerte ruido extraño. Huimos cuando nos sentimos desamparados por nuestros padres el primer día de clases en medio de una habitación desconocida y pintada de muchos colores, rodeados de otros niños con la misma cara de pánico que nosotros y una extraña mujer vestida con una ropa a cuadritos que con el tiempo nos enteramos que era...

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Espíritu de superación

Tres personajes, un mismo factor común. Veamos. Bartimeo, ciego de nacimiento. Se enteró que Jesús pasaba cerca de su comarca y no desaprovechó la oportunidad. Se acomodó en un lugar conveniente cerca del camino y cuando notó que se acercaba el nazareno comenzó a gritar con tanta fuerza que tenían que callarlo para que no moleste. Una mujer con hemorragias desde hacía doce años. No sabemos su nombre, pero perseguía a Jesús por atrás, escondida entre la multitud mientras se abría paso a través de ella y se auto convencía: “Si tan solo alcanzare a tocar el borde de su manto. Si tan solo lo tocare sé que seré sana”. El tercero, retrocediendo en la historia, Jacob, un luchador innato....

Tres personajes, un mismo fact...

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Enredados

La historia del tercer hijo del gran Rey David, Absalón, nos deja varias lecciones de vida dignas de “no” imitar. Este presuntuoso joven manifestaba cierta adicción a las apariencias, similar a la adicción que millones de jóvenes experimentan hoy en día. Su cabello era motivo de especial orgullo. Pasaba horas frente al espejo (si es que los había en aquel tiempo. Creo que sí, aunque no como los de ahora) cepillando y adornando su cabello. ¡Y no era cualquier cabello! Aunque nos cueste creerlo se lo cortaba y pesaba cada año. ¡Dos kilos de pelo cortado! Abundante cabellera, ¿verdad? Continúa el relato del capítulo 12 del Segundo libro de Samuel diciendo que, desde la punta de su cabeza hasta la...

La historia del tercer hijo de...

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