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Hijos de luz

A través del texto arriba citado somos motivados a ponernos un vestido de luz y a sacarnos aquello que es tinieblas. La idea que lo antecede refiere a que el tiempo es breve y se acerca el día en que Jesús vendrá.

Vivir de día, es todo lo contrario de vivir en la noche. Lo que caracteriza a la ¨Noche¨, según lo que se viene relatando, es todo lo oscuro, clandestino y oculto. Si hay conductas y hábitos que no son posibles de ser realizados ante la luz, lo sabio es desecharlo y sacarlo de nuestra vida, porque no tiene que ver con nosotros.

Muchas personas rechazan toda propuesta a relacionarse con Dios por miedo a que sus “zonas oscuras”, sus áreas dudosas, sus hábitos ocultos, queden en evidencia. Esto es tan necio como temerle a los rayos X de una radiografía por miedo a que se descubra el tumor que el doctor supone que tengo.

Revestirnos de Cristo es practicar su bondad, su amor y su misericordia. Depende de nuestra determinación para ser semejantes a Él en lo que es del día. Tomar decisiones con nuestro carácter, con las costumbres que tenemos, con el modo de hablar y el modo de compartir con otras personas, es definitorio de nuestra identidad. Jesús es luz y en su camino no hay tinieblas. Aquellos que un día dijimos Sí a Cristo debemos ser puros así como Él es puro en toda nuestra manera de vivir.

La Biblia llama a este estilo de vida una vida justa, que no tiene que ver tanto con el dar a cada uno lo que merece sino darle a Dios lo que merece y Él merece nuestra conducta casta y piadosa en retribución a tanto amor. ¿O no? El encuentro con Él da luz a tu vida, clarifica tus pensamientos y lo más importante, te libra de la condena del pecado. Vivir conforme a eso, implica desechar lo que no es de Él para optar por lo que es de Él. El tiempo es corto y tu decisión inminente. Tener por delante la realidad de su venida, nos incentiva a hacerlo.

Pensamiento del día:

Nacimos de la luz, vivimos en luz, viajamos hacia la Luz.

 

Pablo Martini