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Vicio barato de caras consecuencias

El mismo día que el presidente Lincoln fue muerto, decía en su discurso: “Ya no existe la esclavitud, hemos emancipado a cada ciudadano estadounidense. La próxima labor será tan grande como esta o aún mayor: Suprimir la elaboración y venta de licores alcohólicos en norte América.” Pero a algunos comerciantes y fabricantes esta noticia no les cayó muy bien. Esa misma noche, Mr. Booth, paró en una taberna para tomar unos tragos y envalentonarse para la cruel misión que estaba a punto de cometer, aquel famoso asesinato. Esa misma noche, el guarda-espaladas del presidente Lincoln, pidió sólo un minuto para ausentarse. ¿El motivo? Tomarse una copa. Sin conocerse, entraba en aquella taberna al mismo instante que el asesino Booth salía. Cuando llegó era demasiado tarde. La misma taberna, la misma copa, el mismo trago. Un final fatídico. ¿El cómplice?… El alcohol.

Estadísticas del famoso toxicólogo Irwin Sunshine, dicen que la mitad de las víctimas de accidentes de tránsito tienen alcohol en su sangre, y el 60 % de los accidentes que ocurren en casa tienen como causante el alcohol. En los accidentes industriales, el alcohol está presente en el 15% de los casos. Dice Proverbios 23: 29-35 “¿De quién son los lamentos? ¿De quién los pesares? ¿De quién son los pleitos? … ¿De quién los ojos morados? ¡Del que no suelta la botella de vino ni deja de probar licores! No te fijes en lo rojo que es el vino, ni en cómo brilla en la copa, ni en la suavidad con que se desliza; porque acaba mordiendo como serpiente y envenenando como víbora. Tus ojos verán alucinaciones, y tu mente imaginará estupideces. Te parecerá estar durmiendo en alta mar, acostado sobre el mástil mayor. Y dirás: Me han herido, pero no me duele. Me han golpeado, pero no lo siento. ¿Cuándo despertaré de este sueño para ir a buscar otro trago?” Sólo Cristo tiene el poder que ha liberado a miles del flagelo del alcoholismo. ¿No querrás tú también conocerle?

PENSAMIENTO DEL DÍA: EL QUE BUSCA LLENAR SU VACÍO INTERIOR CON OTRA COSA QUE NO SEA DIOS, PIERDE EL TIEMPO.

 

Pablo Martini